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MARIANO GRONDONA
Los dos modelos políticos y económicos que hoy sobresalen en América Latina son la Venezuela de Chávez y el Brasil de Lula. Pero, como sobresalen por opuestas razones, uno funciona como "antimodelo" del otro. El modelo de Chávez es estatista y personalista. El modelo de Lula es socialdemocrático e institucional. La cautelosa diplomacia recíproca que están desarrollando los dos presidentes no consigue disimular el fuerte contraste entre sus visiones de fondo.
En el campo económico, Chávez ha venido acelerando la estatización de compañías privadas nacionales y extranjeras, entre las cuales incluyó a la argentina Techint.
Un micrófono indiscreto que debía estar cerrado pero estaba abierto dejó escapar que Chávez prometió personalmente a Lula que las empresas privadas brasileñas serán respetadas, lo cual produjo indignación en la Argentina porque, a la luz de la expropiación de Techint, su confidencia suponía, no sólo una discriminación contra las empresas argentinas sino también cierta complicidad entre Chávez y los Kirchner, que ahora están sospechados de actuar como seguidores del presidente venezolano.
Los Kirchner, mientras tanto, aseguran que intercedieron ante Chávez por Techint en una reunión íntima y reservada, pero afirman al mismo tiempo que la intromisión de Chávez en Techint es incuestionable porque es una decisión soberana del Estado venezolano.
Ahora los diarios argentinos se preguntan si en el curso de la reunión de Chávez con los Kirchner que tuvo lugar en la ciudad patagónica de El Calafate donde éstos tienen su residencia, aquél les adelantó confidencialmente a sus anfitriones lo que se proponía hacer con Techint, sin recibir de ellos objeción alguna.
De ahí que, en medio de la campaña electoral por renovar bancas en el Parlamento argentino que culmina el próximo 28 de junio, la oposición, que está denunciando a los Kirchner como discípulos de Chávez, ahora se pregunta si, en coincidencia con el modelo chavista, la presidenta argentina y sus esposo no están planeando lanzar su propia ola de estatizaciones después del 28 de junio.
Contra la estrategia económica estatista de Chávez, el Brasil de Lula figura como un país abierto al mundo que continúa recibiendo ingentes capitales y créditos internacionales. Pero el contraste entre Chávez y Lula no se limita a lo económico y llega a lo institucional.
Chávez pretende una secuencia ilimitada de reelecciones, acentuando de este modo el carácter personalista de su gobierno, mientras Lula está tratando de resistir las presiones que ahora se ejercen sobre él para que, en función de su gran popularidad, aspire a un tercer período presidencial consecutivo.
Pero el fundador del actual sistema político brasileño Fernando Henrique Cardoso, quien fue por dos veces presidente antes de Lula, pronunció en su momento esta frase de alcance fundacional: "tres períodos consecutivos, es monarquía". Si Lula, en cierto modo un discípulo de Cardoso, cumple con el espíritu de esta frase, Brasil confirmará un sistema presidencial alejado del personalismo, con lo cual sus diferencias con la Venezuela de Chávez no harán otra cosa que aumentar.
Después de haber intentado sin éxito un golpe militar en 1992, el coronel Hugo Chávez accedió electoralmente a la presidencia de Venezuela en 1999 y ha pretendido desde entonces una suerte de presidencia vitalicia mediante sucesivas reelecciones con una plataforma política que proclama su fe en "el socialismo del siglo XXI", frase que apenas esconde su intención de estatizar completamente la economía.
Viniendo como viene de un pasado sindical y de una afiliación comunista, el presidente Lula se está ajustando en cambio al modelo opuesto de una presidencia democrática que respeta las relaciones entre el Estado y el mercado propias de las democracias avanzadas de nuestro tiempo.
Para completar este contraste cabe agregar que, al adherir al desafiante Irán del presidente Ahmadineyad, al que ha prometido proveer de uranio para las bombas nucleares con la cuales éste promete "borrar del mapa" a Israel, Chávez se ha internado en el campo minado de una posible conflagración militar entre Irán, Israel y los Estados Unidos, una aventura en la cual al prudente Lula da Silva ni se le ocurriría ingresar.
Enemigo a muerte de Occidente y pretencioso de la presidencia vitalicia el uno, amigo de aquellos a quienes Chávez detesta y proclive a una presidencia republicana acotada en el tiempo el otro, Chávez y Lula despliegan, más allá de su aparente cortesía recíproca, dos proyectos sencillamente incompatibles del futuro latinoamericano.
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