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Ernesto Talvi
El director de Ceres conmovió esta semana la campaña política desde su atalaya académica. Medido como es para que no se confunda las ideas que pone en el tapete para el debate democrático con eventuales injerencias políticas, Talvi advirtió sobre los riesgos del populismo en una sociedad trastocada. No dice que Mujica es populista, pero señala que su perfil, incrustado en las actuales demandas sociales configuran la tentación del populismo, que ha hecho estragos en otras regiones latinoamericanas. Pero da otra vuelta de tuerca: señala el riesgo de un programa estatista como el del Frente Amplio, que tendrá a Mujica como su ejecutor.
Alejandro Nogueira
- Esta semana usted puso sobre el tapete la cuestión de los populismos y, aunque no lo nombró, claramente se refería a José Mujica. ¿Cree que su éxito se basa en lograr el apoyo electoral de los excluidos, que cada vez son más?
- En los últimos 25 años, dos fenómenos han transformado dramáticamente la sociedad uruguaya. Primero, como resultado del fracaso del sistema educativo en los contextos socioculturales más desfavorables, 45 de cada 100 estudiantes de 15 años no poseen las destrezas mínimas para insertarse productivamente en la vida ciudadana y en la actividad laboral. Estos jóvenes son los que llamamos "excluidos" potenciales. Personas que muy difícilmente puedan, en base a su esfuerzo, tener aspiraciones de ascenso económico y social y que inevitablemente van rompiendo los lazos que los atan con la sociedad que los ha dejado a la vera del camino. En segundo lugar, la falta de oportunidades ha llevado a un proceso sostenido de emigración de personas jóvenes y calificadas.
Estas dos fuerzas han cambiado por completo la fisonomía de nuestra sociedad. En 1985 el 82% de los uruguayos eran de clase media y se identificaban con valores tales como que, la posición en la vida se construye en base al esfuerzo personal: la educación, el trabajo, y el ahorro. Por entonces el 16% eran excluidos y hoy se han duplicado, y representan un 32%.
Este cambio en la sociedad ha creado un numeroso electorado mucho más permeable a opciones de sesgo populista, debido a que la posibilidad de salir de la condición de excluido queda muy atada al asistencialismo estatal. Claramente el senador Mujica ha visto este fenómeno social con claridad y tiene las cualidades personales para empatizar con este electorado. La sociedad que subyace y que está más predispuesta a inclinarse por opciones de sesgo populista.
- Sin embargo ese 67% de la clase media es muy heterogéneo y hay allí importantes sectores que comulgan con sentimientos similares, que también tienen menor acceso a oportunidades, cierto relegamiento social, y grandes carencias educativas. Usted dijo que si un tercio de esa clase media apoya a Mujica está todo el pescado vendido.
- Si un candidato captara la mayor parte del voto de los grupos excluidos -es un ejercicio hipotético- le alcanzaría con un tercio del voto de la clase media para conseguir una coalición que le asegure el triunfo electoral.
- ¿Usted considera que Mujica es populista?
- Mi impresión es que es muy difícil decirlo a esta altura, todavía no es claro. El discurso de Mujica es sumamente ambiguo, de manera que todo es posible, una cosa o la otra.
Mujica va a estar acotado por un partido en el que desconocemos cómo va a quedar la correlación de fuerzas entre los grupos de centro izquierda, los más ideologizados y los que tienen un sesgo más populista. Cómo va a ser un nuevo gobierno del Frente Amplio, si será de izquierda moderada como el actual, es muy difícil de prever.
Si usted me está preguntando si el senador Mujica empatiza con el electorado que llamamos excluido, mi respuesta es que sí. Si además me pregunta si este electorado empatiza con el senador Mujica y se siente hasta cierto punto representado por él, también le digo que sí, y así lo indican las encuestas. No hay nada de malo en eso. Empatizar con este electorado y tener propuestas de inclusión social no lo transforman automáticamente en un candidato populista. El peligro es confundir la inclusión social con populismo o lo que nos gusta llamar parafraseando a Jean Francois Revel, "la tentación populista".
- ¿Qué es entonces para usted el populismo?
- Una de las características más salientes del populismo es el redistribucionismo asistencial sin contrapartida, que genera una dependencia de quien recibe la asistencia estatal. Además, típicamente esa asistencia se canaliza por vías que esquivan los mecanismos de mediación institucional.
Allí donde se ha aplicado el populismo, se han deteriorado seriamente la organización económica, las reglas de juego, la previsibilidad, la estabilidad, las oportunidades y el futuro, que son tan importantes para la clase media.
- Usted plantea que hay que cambiar el sistema educativo, generar oportunidades y tener políticas focalizadas para los sectores excluidos.
- En primer lugar debemos atender a los ya excluidos y desarrollar programas focalizados de forma de buscar su reinserción en la sociedad. También debemos atacar el problema de la falta de oportunidades derribando las barreras que nos separan de los países más prósperos de forma de brindarle más y mejores oportunidades a la clase media, aprendiendo las lecciones de quienes supieron encontrar el camino y adaptándolas a nuestra realidad.
Finalmente, debemos realizar una reforma focalizada del sistema educativo para mejorar la calidad de la educación especialmente en los contextos socio-culturales más desfavorables.
Debe tenerse claro que estas políticas se complementan una a la otra, pero si a la vez se destruyen la previsibilidad y oportunidades con modelos de desarrollo equivocados, lo único que haremos es alimentar la próxima generación de emigrantes.
- ¿Funciona esto en un gobierno estatista y populista?
- Hay que atacar los dos problemas en conjunto. Pero los modelos no pueden cercenarle al país la posibilidad de generar oportunidades a esa gente que estamos formando. No se puede, a la vez plantear una cruzada a favor de mejorar la calidad de la educación y hacer planteos que no apunten a que el país pueda acercarse gradualmente a los países que hoy son más prósperos en el plantea.
Con un régimen populista y estatista esto no podría ocurrir. Con un régimen de sesgo estatista como claramente tiene el nuevo programa que aprobó el Frente Amplio no puede haber un país próspero.
Hay que combinar cierta dosis de racionalidad económica con la sensibilidad social. Racionalidad económica implica políticas que aseguren una economía próspera, dinámica, abierta, con posibilidades de crecer y de ofrecerle un futuro atractivo a nuestra clase media, que es lo que esta clase demanda: que su esfuerzo se vea retribuido. Y a la vez hay que resolver los problemas de exclusión social que son una realidad que no podemos evadir y que el puro crecimiento tampoco va a resolver. De lo contrario, la dinámica que hemos estado insertos, no se va a detener.
Ernesto Talvi piensa que el próximo gobierno sólo deberá hacer "correctivos" en el área fiscal, es decir, bajar la tasa del gasto y acompasarla a la marcha de la economía. En 2009 el gobierno siguió gastando tal como lo planificó en tiempos de bonanza (y en un año electoral) y el que venga, crezca o no de nuevo la economía (nadie lo sabe aún a ciencia cierta, más allá de los "brotes primaverales" que él señala), deberá dar una señal de confianza en el manejo económico, sin poner más impuestos, que la sociedad no resiste, y sin afectar el gasto social.
Pero el director de Ceres trajo a la agenda un tema más peliagudo. El de las "cantimploras", es decir, el de la disponibilidad de liquidez en un escenario incierto.
Mientras el gobierno hace del tema de su "liberación" del FMI una cuestión electoral (como bien enfatizó Danilo Astori en su carta al Senado), Talvi señala que hay, ante un FMI distinto al de otrora y con un G20 que no quiere que los países emergentes paguen los platos rotos de una crisis que no generaron, Uruguay debiera "inmunizarse" en su liquidez apelando a las nuevas líneas de crédito que el Fondo tiene para países serios (como Uruguay) y que no tienen las condicionalidades que antes aplicaba.
El país tiene la posibilidad de acceder a la nueva línea de crédito flexible hasta por US$ 4.500 millones (cinco veces su cuota al organismo). No es que la necesite, dice Talvi, pero señala también que hay que "cruzar un desierto" y se ignora su longitud. Hay una cantimplora de agua. Si se piensa que el desierto es corto, se tomará. Pero si es largo, el viajero morirá de sed antes de llegar. Y si se raciona, lo peor que puede ocurrir es que se pase un poco de sed. "Ante una crisis global de duración incierta, los responsables de la política económica no pueden darse el lujo del optimismo. El único lujo que pueden y deben darse es el de la prudencia", estableció Talvi.
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