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WASHINGTON | EL PAÍS DE MADRID
EE.UU. aprovechó la reunión entre Barack Obama y Mahmud Abbas, para exigir a Israel la paralización de todos los asentamientos, al tiempo que trata de poner en órbita una nueva iniciativa de paz con el respaldo de los países árabes pro occidentales.
Ambas cosas están intrínsecamente relacionadas. Es imposible ninguna negociación creíble de paz sin poner alto a los asentamientos judíos en los territorios palestinos. Pero tampoco es posible acabar con esas ocupaciones sin ofrecer al Gobierno de Israel sólidas garantías de seguridad de parte de los países árabes.
Conciliar esos intereses es la misión con la que Obama inauguró la noche del jueves una semana de intensa dedicación a los asuntos de Medio Oriente. A la entrevista con Abbas, sucederá este miércoles un viaje a la región que incluye paradas en Ryad, donde se entrevistará con el rey Abdullah de Arabia Saudita, y a El Cairo, para hablar con el presidente egipcio, Hosni Mubarak. Ambos son clave de cara a cualquier intento de reactivar una negociación de paz.
Esta misión empezó ya, en realidad, la semana anterior con la difícil reunión en la Casa Blanca con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, que no accedió a ninguna de las dos principales demandas de Obama: el respaldo a la solución de dos Estados (Israel y Palestina) y la congelación de los asentamientos.
A su regreso a Jerusalén, como gesto de buena voluntad, Netanyahu ordenó la demolición de dos complejos de viviendas y anunció que no se crearían nuevos asentamientos. Pero advirtió que sí se permitiría la extensión de los actuales. A esa extensión, justificada por el aumento del número de miembros de cada familia de colonos, los israelíes le llaman "crecimiento natural" y no están dispuestos a pararlo.
Para los árabes ese "crecimiento natural" no es más que un pretexto para ampliar el porcentaje de territorio habitado por judíos y, por tanto, más difícil de recuperar por los palestinos en una eventual negociación. Obama comparte ese punto de vista y ha pedido a Israel que acabe con esa actividad.
Casi todo el mundo daba por descontado en Washington que Netanyahu no sería una persona sencilla de convencer ni de sumar a un plan de paz. Sin embargo, Obama confía en facilitar esa labor con su viaje de esta semana. El presidente norteamericano espera ver movimientos del lado árabe que permitan vencer la resistencia de Netanyahu.
Uno de esos movimientos puede ser la resurrección de la fórmula saudota de "paz por territorios" que ya presentó la monarquía petrolera en 2002. La esencia del proyecto es la de que todos los países árabes se comprometen a reconocer a Israel y respetar sus fronteras a cambio de la creación de un Estado palestino en los límites de 1967. Obama cree contar con un argumento convincente para todos: Irán. Si hay algo en lo que israelíes y árabes coinciden es en su temor al predominio iraní.
Obama echará una mano con una visita a Ryad, que reconforta a la monarquía saudita después de años difíciles en Washington, y con un discurso en El Cairo, que procurará que la población musulmana vea estos como tiempos nuevos en los que EE.UU. no es su enemigo ni Israel es Satán.
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