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Domingo 31.05.2009, 05:38 hs l Montevideo, Uruguay
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Espectáculos

La pintura de un maestro se instaló en Ciudad Vieja

Juan Storm. Las obras del artista provienen de su familia

JORGE ABBONDANZA

El jueves pasado se inauguró en Galería MVD (Yacaré esquina Piedras) una exposición de pinturas de Juan Storm, un artista de primera línea que es oportunamente rescatado a catorce años de su fallecimiento.

En la segunda mitad del siglo XX, la pintura de Storm prolongó solitariamente una tradición paisajística de sesgo muy criollo que tuvo predecesores eminentes, no sólo por el encanto gauchesco de la serie más perdurable de Blanes, sino aún por la maestría con que frecuentaron el género Etchebarne Bidart y sobre todo Guillermo Laborde. Pero las figuras mayores en la materia fueron Pedro Figari (con los ombúes, pericones, jinetes) y José Cúneo con las lunas, hasta que se dobló el codo del siglo pasado y fue quedando -ya desprendida saludablemente del molde torresgarciano- la figura de Storm, que ingresa en el paisajismo y emprende así la etapa culminante de su trayectoria.

La nueva muestra puede servir para mantener viva la presencia de su nombre y su pintura a catorce años de la muerte del artista. Las obras provienen de la colección que ha conservado su familia y conviene aclarar que algunas de ellas están en venta. Para quien conoció el proceso creador de Storm y su extraordinaria cordialidad personal, esta exposición se convierte en un reencuentro ligeramente fantasmal, porque no sólo aparecen allí las vertientes mayores de su producción (las constructivistas, los paisajes, las figuras humanas, las naturalezas muertas) sino además los objetos que se complacía en decorar e intervenir, como las grandes palas de madera para horno en cuya superficie clavó -con aire un poco africano- tachas y aros metálicos con un resultado muy seductor. Pero el ámbito de la galería está dominado por la pintura, producto en este caso de una juiciosa selección en la que figuran algunos paisajes dignos de una antología del autor (en particular uno con embravecida mancha roja al centro) en cuyos cielos siempre vigila una luna inmutable, colocada en medio del dinámico tratamiento con que la materia enriquece esa superficie azul.

Cuando Storm coloca una aislada presencia humana en medio del espacio abierto del campo, no sólo está reflejando una comarca de paisajes vacíos sino otorgando a esos enfoques un alcance analítico, donde la soledad del personaje desdobla en algún sentido la del propio artista que coloca a la figura en esa situación como si con ello emitiera un mensaje personal.

La muestra de Storm está poblada asimismo por unas cuantas naturalezas muertas que tienen sus propios márgenes de interés, en particular la que aparece reproducida en la tarjeta de invitación, que es un modelo de humor y desenfado como hay pocos en su obra. Con ese despliegue se cumple un pequeño homenaje a su legado, que no ha obtenido hasta hoy el reconocimiento que le correspondería.

Pero alrededor de ello, la galería MVD -instalada en tres niveles de una proa que domina el área en torno al Mercado del Puerto- exhibe obras de una amplia gama de uruguayos vinculados a la plástica en variadas disciplinas, desde alguna notable escultura de Amorim y varios vidrios seductores de Apolo, hasta pintura de Medina, esculturas de Podestá y piezas de los dos Nowinski, padre e hijo, que deben figurar en un nivel de experimentación y calidad dentro del panorama de la cerámica nacional.

Es notable cómo se ha vigorizado el circuito artístico de ese punto de la Ciudad Vieja, donde el turismo confluye y se multiplican los talleres y las salas de exposición por Pérez Castellano, Piedras, Colón, Yacaré y 25 de Mayo. Todo el lugar merece una detenida visita.

El País Digital

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