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Jueves 28.05.2009, 02:49 hs l Montevideo, Uruguay
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Editorial


[EDITORIAL]

Obama y nosotros

Qué tienen en común Hugo Chávez, Cristina Kirchner, o incluso algunos miembros de nuestro actual gobierno con Dick Cheney, el maquiavélico vicepresidente que durante 8 años fue el monje gris detrás de George Bush? Más de lo que usted imaginaría.

Sobre todo comparten el concepto de que en política el fin justifica los medios. Que ya sea la lucha contra el terrorismo, la obtención de lo que se ve como "mejoras sociales", o la defensa de alguna revolución bolivariana, justifican la violación de las leyes, el cambio permanente de las reglas de juego democrático, o el avasallamiento de las formas en el relacionamiento internacional entre los países.

Una de las medidas más populares a nivel mundial que ha tomado el presidente de EE.UU., Barack Obama, desde su llegada al poder ha sido la de eliminar la prisión de Guantánamo. La misma, donde se encerraba a personas sospechosas de vínculos con la red Al Qaeda, es una aberración legal, donde los detenidos se encuentran en un limbo jurídico por años, sin derecho a juicio, y en muchos casos eran sometidos a tratamientos reñidos con los derechos humanos.

Sin embargo, el proceso no ha resultado sencillo. La oposición republicana ha tenido éxito en alentar el miedo de que el traslado de esos presos a suelo estadounidense puede aumentar el peligro de ataques terroristas. A la cabeza de este movimiento, se encuentra el ex vicepresidente Cheney. Éste, un personaje oscuro y de gran influencia en sectores militares y ultraconservadores, "ha salido de su cueva entre sonidos tétricos de órgano", como dijera la columnista del New York Times, Maureen Dowd, a plantar cara a Obama en los medios y defender la política anterior.

Ante esto, Obama ha apelado a lo mejor de la historia de su nación, y en un impecable discurso en el edificio de los Archivos Nacionales, donde se guarda el original de la única Constitución de aquel país (ahí por más problemas que haya a nadie se le ocurre estar inventando asambleas constituyentes) esbozó lo que es una lección de democracia, que vendría bien escuchar a muchos gobernantes de nuestra región.

Según Obama, cuando su país se vio ante una amenaza desconocida, tomó una serie de decisiones precipitadas. "En lugar de recurrir al poder de nuestros principios, vimos esos principios como un lujo que ya no podíamos permitirnos". Sostuvo que "no podremos mantener a nuestro país a salvo, a menos que utilicemos el poder de nuestros valores morales más profundos", y que Guantánamo había sido una fuente de reclutamiento de terroristas mucho mayor que los daños que pudo haber evitado.

Cerró su mensaje con dos conceptos dignos de ser recordados. Dijo que "nunca jamás se debe dar la espalda a los principios con el pretexto de la eficacia", y que "la fidelidad hacia nuestros valores es la razón por la que Estados Unidos creció de ser una pequeña cadena de colonias sometidas al yugo de un imperio, a convertirse en la nación más poderosa del planeta".

Las comparaciones son odiosas, pero qué diferencia entre este mensaje de Obama, y lo que vemos a diario en nuestra región. Una región donde los políticos a poco de llegar al gobierno su primera preocupación es cambiar las reglas de juego para eternizarse en el poder, como ha sucedido en Venezuela, Bolivia o Ecuador. O donde se busca burlar a la misma con pactos de alcoba, como pasó en Argentina.

Donde los problemas legales se solucionan cambiando a la Corte Suprema, como hizo el matrimonio Kirchner, o amenazando a los jueces, como hizo el senador Fernández Huidobro en pleno conflicto por el IRPF. O donde para acallar a un fiscal que no se aplica a lo que quiere el gobierno de turno, se le limitan los recursos y el personal. Donde poco importan los principios legales, las formas, ni nada de lo que se pueda ver como frenos absurdos a la "eficacia", como diría Obama, en la ruta a conseguir objetivos que se ve como loables, ya sea esto la ley de caducidad, la reforma de la educación, o las políticas laborales.

Donde políticos que asumen con mayorías absolutas, se quejan de que "tienen el gobierno pero no el poder". Donde las normas son simples chicles a ser estiradas y deformadas. Y si no, se tira todo a la basura, y se inventa un tinglado de Asamblea Constituyente que brinde un marco nuevo donde el jerarca de turno pueda hacer verdaderamente lo que se le da la gana. Así van ellos, así estamos nosotros.

El País Digital

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