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Claudio Fantini
Puede ingresar al Mercosur un país donde el gobierno estatiza incluso las empresas de los países socios? La incontinencia estatizadora de Hugo Chávez es tan grande que no se detiene siquiera ante un gobierno "amigo", como el de Argentina. La sorpresiva medida adoptada por el exuberante líder caribeño no servirá, precisamente, para acelerar el demorado ingreso de Venezuela al espacio de integración del Cono Sur. Si las empresas de la región no pueden realizar inversiones seguras en un país del área, ese país apuesta a su aislamiento más que a su integración.
¿Acaso ha renunciado el presidente venezolano a su aspiración de entrar al Mercosur? Si no lo hizo ¿por qué adopta medidas que van a contramano de dicha aspiración? Tal vez porque la coyuntura ha comenzado a arrinconarlo. De hecho, la caída de los precios internacionales del crudo estaba haciendo crecer vertiginosamente la deuda de PDVSA con sus abastecedores del complejo siderúrgico. Más allá del factor ideológico, es posible que las perspectivas de encrucijada que asoman en el horizonte cercano, lo hayan decidido a asumir el alto precio político que supone la apropiación de empresas del grupo argentino Techint. Los componentes de ese precio son, además de complicar el ingreso de Caracas al Mercosur: espantar las grandes inversiones extranjeras en la economía venezolana; profundizar las diferencias entre los gobiernos moderados (Brasil, Chile, Perú y Uruguay) y los gobiernos asociados en el ALBA (Bolivia, Ecuador, Nicaragua y otros del área centroamericana); además de debilitar la relación de Venezuela con gobiernos intermedios como el de Argentina.
Está claro que tiene un vínculo muy estrecho con Cristina y Néstor Kirchner; tanto que en el proceso electoral anterior dejó la turbia marca de un maletín lleno de petrodólares. También está claro que el matrimonio gubernamental argentino está ante una elección legislativa sumamente complicada y que el golpe que la multinacional argentina acaba de recibir en Venezuela aporta viento en contra al oficialismo.
Lo que está claro es que el gobierno argentino, a diferencia de lo que hicieron el francés y el español cuando la Casa Rosada nacionalizó el servicio de agua potable y la aerolínea de bandera, no va a presionar sobre Caracas para que dé marcha atrás con la estatización anunciada, a pesar de las fuertes presiones que recibe de las cámaras empresarias y sindicales.
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