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Domingo 24.05.2009, 01:44 hs l Montevideo, Uruguay
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Editorial


Apuntes

¿Prenderá el Ceibal?

IGNACIO DE POSADAS

No me extrañaría que el Presidente viera al llamado Plan Ceibal como el segundo gran logro de su gestión, adjudicando el máximo galardón a la campaña (guerra, más bien), contra el tabaquismo.

Nunca entendí como no la emprendió con igual celo contra la peste de las drogas, auténtica pandemia nacional (qué me vienen con la gripe del chancho). Pero no es de eso que quiero hablar hoy.

Nadie ha dicho ni "mu" acerca del Plan Ceibal. En son de crítica, me refiero. Todos los comentarios públicos vienen siendo laudatorios.

La informática tiene mucho de vaca sagrada. Es progreso y con el progreso no se juega.

Pero, si bien no me animo a decir que el rey está desnudo, me parece que se le ve mucha cosa por entre las vestiduras regias.

En primer lugar, nadie parece haber notado (o si lo hicieron, no se atreven a decirlo) que el Plan Ceibal se basa en un juicio acerca del "establishment" docente público, tan negativo como lapidario.

¿No se dieron cuenta?

Lo normal, corriente y lógico en todo gobierno, es que cuando se resuelve, a nivel del Ejecutivo una medida, luego se la implementa bajando la línea jerárquico-institucional. En materia de educación, las decisiones se implementan a partir de directores y docentes, en este caso sería de Primaria.

Pero nada de eso ocurrió con el Plan Ceibal. Esto, que para el gobierno fue una verdadera revolución en materia educativa, se implementó puenteando, expresamente, a los cuadros docentes, con lo que, el Ejecutivo está diciendo públicamente (y a los gritos) que son un peso muerto, una tranca, en todo lo que signifique innovación.

Así es: el Plan Ceibal es la proclamación oficial, a cargo de un Presidente del Frente Amplio, que la corporación docente es el mayor obstáculo para el progreso de nuestra educación pública.

No cabe otra explicación a la decisión de entregar las computadoras directamente a los niños, sin siquiera pensar en la necesidad de preparar previamente a los docentes.

Lisa y llanamente se los consideró inútiles y superfluos para esto, la mayor revolución educativa en la historia del Uruguay, a los ojos del Presidente y de su partido.

Interesante también, constatar que esto a nadie le pareció extraño o negativo.

Ya que estamos, ¿será realmente algo revolucionario?

No soy experto en el tema pero, visto de afuera, y con algún año a cuestas de observar gobiernos y gobernantes, me parece que al Dr. Vázquez le vendieron el tipo de espejito ante el cual los gobernantes sienten una tentación irresistible, sobre todo cuando llevan años en funciones.

Hasta el Presidente más prescindente experimenta, andado un tiempito, las frustraciones del poder.

Decidir y que no pase nada. Insistir, vez tras vez y encontrase, cuando se vuelve a preguntar, que "está en eso".

¿Cómo no tentarse, entonces, cuando le vienen a ofrecer resultados espectaculares e inmediatos con sólo comprar una maquinita y ponerla en manos de los niños, sin tener que pasar por ANEP, Primaria, el gremio, los docentes y quién sabe qué más?

¡Ojalá fuera tan fácil y directo!

Y ojalá me equivoque: pero temo que el sólo uso de un instrumento con potencial docente, no producirá los resultados que se sueñan. Servirá sí para expandir el horizonte de los niños, pero eso puede ocurrir en diferentes direcciones: buenas y de las otras.

Temo también que agudice algunos de los problemas característicos de las generaciones jóvenes en los tiempos que corren: la falta de socialización y la disminución del esfuerzo en el aprendizaje.

Ya pasan una parte muy importante de su tiempo (en las etapas más permeables de su formación) sentados, pasivamente, delante de un televisor (cuyos contenidos, generalmente malos, no son elegidos con criterios muy útiles).

Con el Plan Ceibal, pasarán buena parte del tiempo sobrante en otra relación individual con otro aparato (y quien sabe si con mejores contenidos). Poco quedará para el relacionamiento familiar y social.

Por último, nada hace suponer que el Estado no aplicará al Plan Ceibal su omnifagia:

Computadoras rotas, perdidas, robadas, vendidas o arrumbadas.

El rey creyó que le ganaría a la burocracia. Pero ya se está viendo cómo le van comiendo las vestiduras.

El País Digital

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