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Juan Martín Posadas
La energía -a buen precio y abundante- es requisito básico para el desarrollo económico moderno. Uruguay tiene carencias en esta materia determinadas por la escasez de fuentes naturales de energía. A ese factor se agregan dos problemas: UTE y Sutel. Todo sumado da como resultado que no tengamos hoy energía ni barata ni abundante, ni tampoco un horizonte propicio como para alcanzarla pronto.
La actual falta de lluvias ha vulnerado la vieja política energética del país basada en la generación hidráulica.
A esa alteración climática inesperada se le agregó otro elemento, igualmente inesperado: años atrás se construyeron sendos gasoductos para traer gas natural desde Argentina pero el gobierno de los amigos de Mujica no envía ni el volumen de gas pactado ni respeta el precio acordado.
Al día de hoy, según palabras del Ing. José L. Pou, la situación es delicada: a comienzos del mes se rompió la sexta unidad de la central Batlle, la central térmica de Maldonado está sin funcionar y dos máquinas de Punta del Tigre están fuera de servicio por falta de repuestos. A la seca se le ha sumado la imprevisión.
La ley de empresas públicas, votada durante el gobierno de Lacalle y vigente en lo pertinente, habilita a los privados a producir energía eléctrica, reservando el monopolio de UTE a la transmisión de la misma. También interviene la UTE en la fijación del precio, la cual le compra a los privados la energía (aberración de facto que convierte a la UTE en juez y parte y de la cual ningún gobierno ha podido despojarla hasta ahora).
UTE ha venido bloqueando con trabas burocráticas esa generación desde la promulgación de la ley hasta que la seca dejó al país al borde del racionamiento. Ahora la necesidad hace que las cosas se empiecen a mover, siempre contando con la mala fe de UTE.
El tope que se puso a la generación privada fue inicialmente bajísimo; ya lo tuvieron que ampliar dos veces, por el patriótico motivo de tener el agua al cuello (en sentido figurado, claro está). Y el precio con que UTE -único comprador posible- paga a los generadores privados es un insulto a la industria nacional y a cualquier sentido de defensa de lo nuestro: el tope del mercado spot para la energía generada por operadores locales es de US$ 250 mientras que UTE paga a US$ 400 la energía que le compra al Brasil (fuente: Pou).
Paga casi el doble y hace todo lo posible para que nadie se entere. Probablemente esté vigente, también en este caso, la fácil resignación con que el ministro del ramo, el Sr. Martínez, refiriéndose a Antel, dijo que el país estaba sacrificando desarrollo tecnológico para preservar la empresa estatal de comunicaciones.
La política energética de este gobierno -al igual que la política de telecomunicaciones- no la ha fijado el partido de gobierno sino la UTE, atada a los intereses corporativos de Sutel.
Esto lo han denunciado -hasta el cansancio y sin haber logrado nada- tanto el senador Fernández Huidobro como el Dr. Maggi desde este diario. Mientras tanto, la población que se embrome y si este invierno no tienen luz que vayan haciendo acopio de velas.
No existe desarrollo significativo en el siglo XXI sin energía abundante y barata.
El progresismo que luce la etiqueta de este gobierno no ha demostrado la energía necesaria para enfrentar la situación. Discursos, cualquier cantidad; decisiones, muy pocas, siempre mirando más a las corporaciones que a la población.
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