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Alfonso Lessa
"¿Quién gana?" Esa es la gran pregunta que se hace hoy la gente. Un interrogante que se acrecienta en la medida que las elecciones internas están tan cerca y en tanto, también, empieza a crecer la ansiedad respecto a octubre.
Porque una y otra elección están estrechamente unidas. Tanto que de los resultados de las internas, emergerá, ahí sí, el escenario verdadero de octubre. Y si es cierto -como suele reiterarse- que una encuesta refleja la realidad o intención de voto de un determinado momento, mucho más lo es en relación a unas elecciones nacionales cuyos candidatos se desconocen.
Los ciudadanos se aprestan a definir un candidato por partido y ese hecho trae consigo la segunda gran pregunta, quizás anterior a la de quien gana: ¿cuáles son los factores que deciden a la gente a votar a por un determinado candidato en las internas? ¿Son las ideas de un candidato las que definen la elección, es la diferencia programática entre compañeros de partido la que pesa de manera clave, es la trayectoria política o la capacidad de administración que hayan demostrado, es el peso del "aparato", los equipos de asesoramiento?
Esas preguntas cobran aún más relevancia en una elección de voto no obligatorio y que, además, en esta ocasión coincidirá con el comienzo de las vacaciones de julio. Existe desde este punto de vista cierta incongruencia política entre una interna de esas características y unas nacionales de voto obligatorio, porque los potenciales electorados de una y otras son diferentes.
Y quienes no concurran a las urnas en junio, tal vez estén desfavoreciendo al candidato que quisieran apoyar en octubre.
Además, por todo ello, el candidato electo en junio puede no ser el mejor para enfrentar a los otros partidos en octubre.
Es probable que haya un poco de todo en la decisión de la gente. Pero una cosa parece muy clara y es que, por sobre programas, ideas o planteos concretos, pesa hoy de manera muy fuerte la imagen de cada uno de los candidatos, el carisma, la capacidad de comunicación de cada uno de ellos.
Existe de parte de los electores -al menos entre los convencidos- una suerte de apuesta a la persona que eligen por sobre los planteos concretos, muchos de los cuales ni siquiera se conocen.
Es muy posible que durante el mes y medio que resta para las internas, veamos recrudecer las disputas en temas acuciantes como la seguridad pública, pero las discusiones programáticas de fondo seguramente deberán esperar, al menos, hasta julio.
El gran cuestionamiento que surge frente a esta realidad es si los electores tienen los elementos suficientes para decidir el voto en unas elecciones que son internas, sí, pero cruciales para los próximos cinco años. Y en las que nuevamente los debates entre los candidatos brillan por su ausencia.
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