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Domingo 24.05.2009, 01:33 hs l Montevideo, Uruguay
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Ciudades

Lo que nadie vio a tiempo antes de la tragedia

Crimen de Pamela. Pese a estar instituido, no hay preparación para detectar el abuso sexual en centros educativos y otras instituciones Tampoco fue detectado el abusador devenido homicida

D. FRIEDMANN Y R. ROSSELLO

El caso de Pamela Silva deja múltiples interrogantes, más allá de la identidad del asesino. Una víctima que ya era tal antes del trágico final. Y del otro lado un abusador que pasó inadvertido para la investigación.

En la tarde previa a su muerte, Pamela fue sometida una vez más por su padrastro. En la madrugada del 4 de mayo la niña huyó de su casa.

Hasta ahora no se ha podido confirmar si, además de las relaciones con el concubino de su madre, las mantuvo con otra persona.

El asesino ahora encarcelado lo niega, aún después de haber relatado los detalles más escabrosos del crimen.

Durante el año que transcurrió antes de que el crimen se aclarara, alrededor de 200 personas fueron indagadas. La nómina no incluyó a Óscar Domingo Ayusto Olivera (59), un hombre que pese a su pasado de depredador sexual de menores y la cercanía de su lugar de residencia al de la víctima, consiguió pasar "bajo el radar" de los investigadores policiales.

Del otro lado, el historial dramático de una niña de 11 años que venía siendo sometida desde hacía al menos dos años. La situación no fue advertida ni por su madre, ni en la escuela a la que concurría, donde obtenía además buenas calificaciones.

Un cuadro que nadie vio y que terminó de la peor manera. Detectar el conjunto de síntomas de la víctima parece más factible, según los expertos. No pasa lo mismo, en cambio, con la detección del victimario.

LA VÍCTIMA. Uno de los puntos centrales del abuso sexual infantil es la identificación de las víctimas y la respuesta que a nivel oficial se les puede dar. El de Pamela no es un caso aislado. Por ejemplo, del total de situaciones de abuso infantil que asistió el Sistema Integral de Protección a la Infancia y a la Adolescencia (Sipiav) entre mayo de 2007 y diciembre de 2008, sólo el 6,5% fueron derivados del sistema de salud.

Ello se pretende comenzar a cambiar. En unos meses, cuando los adultos lleven a niños y adolescentes al médico, deberán contestar algunas preguntas. Las respuestas serán indicadores de si viven en una situación de violencia contra los menores. En la presentación a fines de abril de ese "mapa de ruta", Marisabel Rama, asistente social del MSP señaló como fundamento del plan que la mayoría de los médicos "no está visualizando la violencia como factor de alteración de la salud. Además, hay una desnaturalización de la violencia y esto brinda una atención parcializada", dijo.

Desde el sistema educativo se buscaron herramientas: un mapa de ruta para situaciones de maltrato y abuso sexual en niños, niñas y adolescentes, elaborado por Anep y Unicef, entre otros. "La escuela es el lugar donde muchos niños rompen el

aislamiento social, donde encuentran un referente de confianza, alguien que pone atención en su existencia, que los escucha, que les da importancia. Esto habilita la confidencia de lo que pasa en el ámbito familiar o comunitario", señala el documento.

El fundamento para realizarlo fue claro: "Ante estas situaciones, algunas muy crudas y graves, los docentes se sienten solos, sin herramientas, lo que genera distintas respuestas: a veces actúan por impulso, con la mejor intención de ayudar; otras minimizan lo que sucede ("No fue tanto lo que le pegó"; "Sólo fue un cachetazo") e incluso pueden tomarlo como algo natural".

El manual tiene desde las definiciones e indicadores de abuso, hasta cómo actuar. Y también problemas cuando se intenta hacer algo. "Cuando la situación se conoce, la familia no siempre reacciona apoyando al niño. Muchas veces aparecen creencias o prejuicios que justifican o minimizan lo que sucede", indican.

Además, muchas veces los adultos más cercanos confían en un principio en el niño, pero cuando la revelación provoca movimientos como separaciones, detenciones, procesamientos, "la culpa circula y el niño se siente culpable por lo que le sucede a su familia. En algunas situaciones incluso es culpado explícitamente".

También la creación del Sipiav, en abril de 2007 es vista por los especialistas como un avance, aunque insuficiente. Ese sistema asistió entre mayo de 2007 y diciembre de 2008 a 359 niños y adolescentes víctimas de una o más formas de violencia. El Poder Judicial fue quien más menores maltratados derivó: el 19,5%, seguido por centros educativos (16,5%) y el INAU (14,3%). Entre los casos detectados por el sistema, 80% de los niños eran víctimas de violencia emocional, 42% violencia física, 33% sexual y 1% de explotación sexual comercial. El 85% de los agresores de esos niños eran familiares de las víctimas.

"Podemos decir que se ha ido avanzando en la detección de casos y en la primera respuesta. Pero todavía hay muchísimas dificultades", dijo Andrea Tuana, asistente social y codirectora de El Faro, una ONG especializada en la atención a niños y adolescentes víctimas de violencia. Para ella la deficiente capacitación se explica en que desde el Estado la inversión en combatir el maltrato infantil es "muy escasa".

"Hay falta de compromiso real de las autoridades de algunas instituciones y del Estado en general", opinó.

Además, consideró necesario lograr mucho mayor respaldo institucional. En algunos casos, contó, maestros que detectaron situaciones de violencia contra niños fueron dejados "absolutamente solos" por la dirección del centro de enseñanza. "No solamente no se les da apoyo sino que se los complica funcionalmente. No puedo decir que es algo generalizado, pero pasa", sostuvo.

EL VICTIMARIO. Oscar Ayusto fue a prisión en 2000 por abusar de una niña de 9 años. Hasta entonces trabajaba en el municipio de Maldonado. Al año siguiente fue destituido tras concretarse la sentencia penal. Pero su historial de abusador, y de hombre violento, se arrastraba desde hacía años.

Sus hijastras fueron sus víctimas y también la madre de ellas. De hecho, el tema "del que no se hablaba" entre las tres mujeres victimizadas por Ayusto terminó por orientar las sospechas de los investigadores cuando resolvieron hablar con la Policía.

Pero hasta entonces Ayusto no había estado en el centenar de indagados. "Todo aquél que pasó por acá tenía algún vínculo con Pamela, o era pariente o conocido de la madre, o del `Pechuga` (el padrastro procesado), la mayoría eran del entorno", recuerda del director de Investigaciones, el comisario inspector César Álvez, que entrevistó a las denunciantes y luego interrogó al sospechoso. Hasta ese día, confiesa el jefe de investigadores, estaban convencidos de que el asesino de Pamela era de su entorno más íntimo.

"Le comunicamos al juez y nos dijo que procediéramos a interrogarlo: a la hora estaba cantando", recuerda Álvez.

Ayusto no era un desconocido para el policía. En 2000 él era jefe de la cárcel donde estuvo recluido. Sin embargo, durante la investigación pasó inadvertido. De todos modos, el comisario inspector cree que Ayusto hizo todo lo posible por no ser detectado. "Es más vivo de lo que parece a primera vista", comenta.

Un caso con muchos sospechosos y escasas pistas

La investigación de un crimen dista mucho de lo que puede mostrar la cinematografía. El investigador no sólo se enfrenta a pistas e indicios, también sufre la presión del medio y muchas veces es deliberadamente desviado de sus objetivos por quienes encubren o simplemente callan.

El subdirector de Policía Técnica, comisario inspector Roberto De Los Santos, cree que el caso Pamela no se aparta del común de estos asuntos.

"Al comenzar una investigación no sabemos cuál es el perfil del autor. Cuando se trazan perfiles es solamente como algo orientador, pero puede no servir para nada en la investigación. Cuando se trabaja en un caso como el de esta niña, con toda la tragedia que traía, con esa vida de abusos en la casa y en el entorno, los sospechosos pueden ser muchos", señala.

De Los Santos, un experto en criminalística y docente en la materia en la Escuela Nacional de Policía, resume en pocas palabras la forma en que se encara una investigación criminal. "La metodología que se sigue en una investigación de este tipo es establecer el nexo causal, de la persona con el hecho y la víctima. Mientras no lo tenga, yo como investigador no tengo más que un archivo de perfiles, por eso es tremendamente importante para nosotros la ayuda de la gente", explica el experto.

La utilidad de los perfiles psicológicos y los archivos criminales es relativizada por De Los Santos.

"Nosotros tenemos un archivo criminal que se lleva desde 1914 -indica De Los Santos-, ahora ya se trabaja con todos los datos informatizados y por ejemplo en la ficha se tiene la fotografía, el nombre, los apodos que ha utilizado un delincuente, sus antecedentes. Ese archivo que ya está funcionando permite por ejemplo una búsqueda por patrones. Por ejemplo, si yo tengo la imagen de una cámara y de ahí saco que el sospechoso mide 1,82, hago una consulta por ese patrón y me agrupa todos los sospechosos de esa característica. Ahora, si busco personas con antecedentes por delitos sexuales puedo llegar a sacar una lista de 50 mil personas, con lo que no voy a estar avanzando".

Específicamente sobre el caso Pamela, el jefe de criminalistas de Policía Técnica cree que se asemejó a la mayoría de los casos de homicidio.

"Un caso como este es lo que nosotros llamamos una `investigación sucia`, muchos sospechosos y sin elementos de convicción directos como para solucionar el caso", apunta.

De Los Santos suele decir que el mito de Sherlock Holmes es lo más lejano de la investigación criminalística moderna. "En realidad, la mayoría de las investigaciones no se presentan claras, donde se haga un razonamiento lógico y lleguemos a la verdad de inmediato. Eso no pasa más que en el uno por ciento de los casos y en las películas", explica.

En cambio, sí defiende la colaboración de los ciudadanos para avanzar en un caso.

"La gente no sabe el poder que tendría si denunciara todo. El día que se empiece a difundir esto se acabaría la famosa sensación de inseguridad, ese es el poder ciudadano, el que se ejerce no sólo con el voto, sino con el veto a la impunidad", dice.

El perfil del niño/a abusado/a

El perfil de un niño o niña abusado se visualiza a través de un conjunto de indicadores. El Protocolo de Intervención para Situaciones de Violencia hacia niños, niñas y adolescentes de INAU los resume así:

Los indicadores de comportamiento que delinean el perfil del niño o niña abusado son: introvertido, callado, de pobre rendimiento escolar, inseguro, con miedo a los adultos, pobre o idealizada relación con los padres, comportamiento sexual inadecuado, intentos suicidas, promiscuidad, trastornos de alimentación y sueño, fugas del hogar, depresión, agresividad.

En el plano físico el menor abusado suele presentar: golpes o heridas, quemaduras, fracturas sin explicación, ausentismo, vestimenta inadecuada para el clima (para ocultar lesiones) y alopecia (caída del pelo).

Entre los múltiples signos reveladores del perfil de un niño o niña abusado se encuentra el esconderse en posición fetal, la dificultad para expresar sus sentimientos, la sobrerreacción a los errores propios, comportamientos regresivos como hablar a media lengua.

el perfil del abusador/a

El perfil de los abusadores es diverso. Un grupo de especialistas del Centro de Medicina Reproductiva y Desarrollo Integral del Adolescente, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile diseñó una tipología basada según el tipo de conducta que exhiben.

Abusadores pedófilos: Eligen niños prepúberes, sin hacer distinción en cuanto a género. Presentan importantes rasgos de inmadurez e inadecuación.

Abusadores hebefílicos: Prefieren púberes o adolescentes y tienen una mejor adaptación social.

Abusadores de adultos: El abuso sexual se acompaña de violencia física y psicológica.

Abusadores regresivos: Adultos con un desarrollo normal de su sexualidad, pero que debido al deterioro de sus relaciones o experiencias traumáticas, abusan de niños, en general se trata de un abuso intrafamiliar.

Abusadores obsesivos o pedófilos: Hombres o mujeres que abusan de varios niños, presentando una compulsión crónica y repetitiva de hacerlo. Casi siempre se hallan implicados en situaciones de abuso sexual extra familiar.

Violencia colateral en el entorno

"Fue brutal el escarnio al que se sometió a la madre de Pamela en todo el proceso, cuando se desconocía totalmente la historia de esa familia. Esto es una cosa que se repite, el culpabilizar a las madres y minimizar a los responsables. Refiere a formas de pensar y a desconocer cómo funcionan este tipo de abusos. De verdad, hay muchas madres que no saben que está ocurriendo una situación de este tipo con sus hijas", dijo Andrea Tuana.

La abogada de Teresa Silva, que casualmente es la defensora de oficio del homicida de su hija, comentó a El País esta compleja situación. Las reiteradas formas de discriminación de las que ha sido víctima la madre de la niña asesinada llevaron a que Teresa Silva esté, en este momento, en uso de licencia psiquiátrica y bajo tratamiento. También la madre del homicida Oscar Domingo Ayusto, fue víctima de una peculiar forma de venganza, ya que su modesta vivienda fue saqueada por personas hasta el momento no identificadas por la Policía de Maldonado.

Pistas para detectar el abuso

1. Indicadores físicos

Los indicadores de abuso sexual son detectados por personal médico. No obstante se recomienda a docentes observar algunos: dificultad para sentarse o caminar por molestias en los genitales; ropa interior manchada o sangrienta; dolor y/o picazón en la zona genital; enuresis (orinar de manera abundante) y encopresis (constipación, incontinencia de las heces); embarazo.

2. Indicadores conductuales

Se enumeran: agresividad; sometimiento ante otros; permanencia excesiva en la escuela o el liceo; desconfianza respecto a las figuras significativas; dificultad para concentrarse; sentimientos de que su vida no tiene sentido; tristeza extrema; trastornos del sueño; evita cambiarse de ropa frente a otros o participar en actividades físicas; conducta o conocimiento sexual sofisticado o inusual para su edad; conductas insinuantes con adultos desconocidos; cambios bruscos en el rendimiento educativo; comportamientos extremos; retraimiento, aislamiento, miedo, ansiedad; se lastima a sí mismo; resistencia a estar solo con determinada persona; juego sexual persistente e inapropiado para su edad; miedo de que lo toquen; promiscuidad sexual; consumo de sustancias psicoactivas sin prescripción médica; forzar a otros niños a tener actos sexuales.

3.Sentimientos frecuentes

Miedo: a posibles represalias de su familia si cuenta lo que le sucede. También puede dirigirse a situaciones de violencia y a su futuro, en ocasiones se refleja sobre su orientación sexual. Angustia, ambivalencia y confusión: cuando el abusador es una persona de su confianza, a quien también quiere, lo cual le provoca mucha angustia y crisis emocionales. Vergüenza: la siente acerca de lo que pasó o lo que está viviendo, siente ganas de ocultarse, de ocultar su cuerpo. Culpa: siente que lo que le sucede es su culpa, que de algún modo lo provocó y se lo merece, si revela lo que le ocurre siente que ha traicionado a su familia.

4.Consecuencias del abuso

Deterioro en el desarrollo de la persona. Problemas en el desarrollo de la sexualidad. Baja autoestima. Deterioro gradual de las defensas físicas y psicológicas, que genera aumento de problemas de salud y enfermedades psicosomáticas. Disminución marcada del rendimiento escolar. Trastornos de conducta. Reproducción de los modelos de conducta violentos. Alto porcentaje de desenlaces fatales: homicidios o lesionados graves. (Fuente: Mapa de ruta para situaciones de abuso sexual)

Nuevas actuaciones para el caso Natalia

En pocas horas la Policía de Maldonado cerró dos de los casos más sonados: además del de Pamela Silva, el crimen de la joven Laura Busquet (17).

Sin embargo, permanece sin resolver el crimen de Natalia Martínez, consumado el 19 de enero de 2007. Unas horas antes de que la Policía fernandina diera el vuelco definitivo en el caso Pamela, el miércoles pasado, el juez penal Gabriel Ohanian se reunió con los investigadores del caso, según indicó a El País el jefe de Policía fernandino, Eduardo Martínez. El magistrado coordinó futuras acciones, que se mantienen en reserva, con el comisario Raúl Eula, el director de Investigaciones, César Álvez, así como investigadores del Departamento de Delitos Complejos de Montevideo, que apoyan en el caso.

El País Digital

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