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Setenta por ciento para sueldos, veintiocho por ciento para insumos y uno y medio para inversión. Así se conforma el presupuesto del Hospital de Clínicas, según los datos hechos conocer por el departamento contable del nosocomio.
Semejante información no hace más que poner en evidencia la absurda, por no decir pésima, manera en que se gestiona ese elefante blanco, que debiera ser el faro de la medicina nacional. Donde se ha llegado al extremo de que quienes allí trabajan hayan cerrado hasta el servicio de emergencia, por más de los seudodesmentidos de que seguía funcionando, si bien se enviaba a los pacientes a los otros hospitales, empeorando sus condiciones de trabajo ya que suelen tener colmadas sus propias instalaciones.
El caos en que está inmerso el cuidado de la salud en nuestro país y que abarca tanto al sector privado, como hemos observado con los conflicto con el Casmu, la mayor mutualista, como al área pública, caso Hospital de Clínicas con sus serios problemas, resulta escandaloso. Es grave que el Hospital más grande del país, dependiente de la Universidad de la República, donde se forman los nuevos médicos uruguayos, esos que habrán de atender a la población uruguaya en el futuro, así como los que lo hacen en el presente, trabajen o intenten aprender en tales condiciones. Es inaceptable y no se necesita ser experto en la materia para darse cuenta que la parte de león, o sea los sueldos, sea tan grande que solo se deje un 1,5% para inversión. De esa forma, los aparatos médicos en existencia, que requieren de riguroso mantenimiento, difícilmente lo reciban y ni que hablar de reposiciones, compra de equipos más nuevos o instalación de tecnología moderna y más avanzada.
Cualquier mutualista, aun las que han estado en problemas financieros, destina entre un 10% y un 12% al rubro inversión, lo que también supone que el edificio no se venga abajo; que no ocurra como con el quirófano oftalmológico, por ejemplo, que hubo que cerrarlo porque se llovía. Además de la escasez, cuando no la inexistencia, de instrumentos indispensables para esta especialidad, como son los buenos microscopios. Así es que para poder brindar atención más o menos razonable, se depende de la colaboración de organizaciones privadas, caso del Rotary con su donación de lentillas, para las operaciones de cataratas.
En vez de acondicionar ese departamento del Clínicas, el hospital docente, para que cumpla debidamente con su doble cometido, se monta en otro lado un Hospital de Ojos, con bombos y platillos, donde trabaja una "brigada" de médicos cubanos (no gozan de libertad ambulatoria), gracias a una "reválida" completamente fuera de las normas. Por medio de una instalación financiada por Chávez, dentro de la estrategia propagandística llamada "operación milagro", con la que el venezolano, en iniciativa conjunta con Cuba, ha logrado penetrar en algunos países su-damericanos. Entre ellos, Uruguay. Al tiempo que comparte ese "fantástico suceso", con el actual gobierno, Salud Pública y la Universidad no les posibilitan a los médicos uruguayos, los indispensables equipos para poder hacer su trabajo eficientemente.
Varios millones fueron a dar al pozo sin fondo del Clínicas bajo esta Administración. Parte de ellos por un préstamo del BID, dinero antaño mal visto por las fuerzas de izquierda que desde hace años dominan al sector de la medicina y de la Universidad, como parte de una aplicada puesta en práctica de los lineamientos de Gramsci, préstamos que sin embargo ahora esperan como maná del cielo. También hubo una buena suma enviada desde Caracas, pero la impresión es que de poco sirve hacer algunas inversiones, si luego no hay dinero para mantenimiento y más cuando los millones se diluyen rápidamente en ese enorme monstruo, que como bien dijo un día el Dr. Mario Medici, catedrático y profesor de neurología, es una construcción tan impropia "que basta que los 8 ascensoristas hagan paro, para que el hospital se paralice".
Aquella propuesta de la época del Presidente Batlle, idea apoyada por el Dr. Eduardo Touyá, ex decano de la Facultad de Medicina y algunos otros colegas, de cerrarlo, vender el predio y las construcciones para construir otro hospital más funcional, acorde a las necesidades actuales, (contaban con un préstamo de varios millones del BID), se trata de otra reforma estructural y visionaria que se truncó, ante el férreo y habitual rechazo a los cambios audaces y profundos.
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