Montevideo: claro  l  Temp:20ºC  l  Ampliar pronóstico
Inicio   l    Último Momento   l   Edición Impresa   l   Ediciones anteriores   l   Mi registro   l   Contacto
Poner EL PAIS como página de inicioPoner EL PAIS como favorito
Viernes 22.05.2009, 05:23 hs l Montevideo, Uruguay
Vota por esta noticia:
Desinteresa/No aporta Común/Importa poco  Interesante  Muy Interesante  Excelente/Gran aporte
  Total de votos:
Desinteresa/NoComún/ImportaInteresanteMuyExcelente/Gran 14 votos
Comentarios: 0  | escuchar nota |  | achicar texto |  | agrandar texto |  | enviar nota |  | imprimir nota |
 

Editorial

Casualidad no: doctrina

Leonardo Guzmán

El izamiento en la plaza de Maldonado de la bandera roja con la hoz y el martillo en el mástil del Pabellón Nacional y la bandera tupamara al lado no puede tomarse como casual. Ese acto violó, entre otras, la ley 1.866 -del 21 de abril de 1886-, el decreto-ley 10.279 -del 19 de noviembre de 1942- y el decreto del 18 de febrero de 1952. Pero además, ofendió a la conciencia pública.

Semejante conducta no queda explicada con haber dicho el senador Mujica que al que hizo tal cosa debería expulsarlo el MPP "por estúpido", ni con deslindar que "esto no tiene responsabilidad partidaria porque siempre hay algún tarado en todos lados" o decir -retocando su estilo, para que el mensaje tenga el nivel a que sueña bajarnos- que "es un acto de idiotismo de algún abombao que siempre hay" (sic).

El tema no es el grado de discernimiento que haya tenido el autor para detectar que, como también se dijo, cometía un "error". Tampoco es tema determinar si quienes así hablaron han considerado que el "error" radicó en violar las leyes sobre símbolos patrios o en hacerlo en sensitivas semanas preelectorales; si radicó en agredir a la ciudadanía o en elegir mal la oportunidad.

En esto como en tantas cosas, lo importante no es medir la motivación psicológica inmediata de los que hicieron el zafarrancho ni sopesar el fino valor semántico de Mujica parapetándose tras la socorrida excusa "nunca falta uno que".

Lo importante, en cambio, es apreciar en qué contexto vino a inscribirse la incivil patochada. ¿Qué valor simbólico tiene esto de colocar la bandera de una ideología en el lugar mismo de la que enorgullece a la República, sustituyéndola? No hace falta ser psicólogo ni politólogo ni semiólogo ni pretenderse científico-político para detectar el mensaje: "mi" doctrina vale igual o más que mi país; "mi" identidad mayor palpita en mi interpretación del mundo y no en el pacto de libertad de las doctrinas -las ajenas y también la propia- que simboliza la bandera nacional, nacida junto con la República.

Ese mensaje somete la visión del pasado, el presente y el futuro a una interpretación totalizadora y conduce a adoptar un compromiso total, al punto de aceptar la negación de la propia libertad. Por eso, las amargas experiencias que el siglo XX hizo con esa clase de visiones -cualquiera haya sido su nombre, comunismo, nazismo, fascismo- merecieron el denominador común de totalitarismos.

Detrás del calificado como "estúpido", "tarado" o "abombao" -verdaderos piropos, si se coloca esas lindezas en la escala de valores intestinales de quien las dijo-, hay un contexto. Es el mismo que viene limando el límite entre el partido de gobierno y el Estado y es el mismo que pretende que lo "social" -y por ende, lo antisocial- sea definido por el capricho del intérprete y no por la majestad de la ley.

Es el mismo que considera las afinidades de grupo más importantes que el Derecho Administrativo y el mismo que le coloca signo político al arte, a la música y a los honores.

Todas esas conductas violan el pacto constitucional de libertad, que a los espíritus liberales nos lleva a apreciar a las personas y a sus creaciones sin colocarles marbete, porque sentimos que aun las más profundas convicciones son fruto y semilla de la libertad y, por tanto, ni las más radicales discrepancias deben disminuir el respeto al otro.

Y esa dulce certidumbre, por la cual sufrimos tanto, es lo que debe quedar al tope del mástil mayor de nuestras almas.

El País Digital

 ¿Encontraste algún error? Comentar esta noticia« volver  
Vota por esta noticia:
Desinteresa/No aporta Común/Importa poco  Interesante  Muy Interesante  Excelente/Gran aporte
  Total de votos:
Desinteresa/NoComún/ImportaInteresanteMuyExcelente/Gran 14 votos
Comentarios: 0  | escuchar nota |  | achicar texto |  | agrandar texto |  | enviar nota |  | imprimir nota |
Compartir:

No salgas a la calle
sin saber de qué se habla...

ASISTENCIA AL USUARIO 903 1986
CLASIFICADOS 400 2141 - 131 | SHOPPING EL PAIS 903 1986
REDACCION IMPRESA 902 0115 | REDACCION DIGITAL 902 0115 int 440 | PUBLICIDAD IMPRESA 902 3061 | PUBLICIDAD DIGITAL 9020115 int. 184/186
Zelmar Michelini 1287, piso 5, CP.11100, Montevideo, Uruguay | Copyright © EL PAIS S.A. 1918-2012