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JORGE ABBONDANZA
En España los desocupados ya son más de 4.000.000 y en Estados Unidos hay 23.000 personas que pierden su trabajo cada día. No son las únicas víctimas de la crisis global, pero son en cambio las que más sufren el colapso, porque la gente del Tercer Mundo está habituada a los altibajos de fortuna y por lo tanto se siente acorazada contra las sorpresas que puedan darle los bancos, las casas de cambio o las bolsas de valores.
La del mundo rico es otra historia, porque se trata de las sociedades arrogantes que hasta hace un año confiaban en la eternidad de su opulencia y en el seguro vitalicio de su bienestar. Sin embargo, en el otoño boreal de 2008 sintieron que la tierra se abría bajo sus pies. El cataclismo de las hipotecas de alto riesgo y el porrazo de Wall Street fueron las exportaciones más ingratas que Estados Unidos despachó hacia otros centros de poder económico, y así en Europa (pero también en China y Japón) tuvieron que empezar a remar frenéticamente para sacar la embarcación del remolino. No siempre lo han logrado hasta el momento.
Hace cinco años, The Economist decía que "Irlanda es el mejor lugar del mundo para vivir", con bajos impuestos, alto crecimiento económico, estupendo nivel educativo y una renta per cápita que era la cuarta del planeta. Cinco años después, el desempleo llega al 14%, el valor de la vivienda se desplomó e Irlanda figura como el primer miembro de la Unión Europea que entró en recesión. Desde allí los inmigrantes están volviendo a sus países de origen, mientras 120.000 irlandeses marcharon en estos días por el centro de Dublín para protestar contra un modelo económico que se hizo pedazos. Pero al noroeste del archipiélago británico hay otra isla que tambalea bajo los golpes de la crisis. Se llama Islandia y era igualmente considerada un paraíso para inversores e inmigrantes. Sin embargo también esa burbuja se pinchó, porque ahora dos de cada tres islandeses quieren emigrar y la deuda pública equivale a casi un millón de euros por habitante.
Los mayores bancos de Islandia ya dieron quiebra y la moneda nacional no vale nada, crece el índice de criminalidad y trepa el ritmo de la inflación. Todo comenzó hace un par de décadas cuando se privatizó la industria pesquera, que es el mayor producto exportable de la isla. Así se hicieron grandes fortunas y se multiplicó la especulación con divisas. Pero en octubre de 2008 esa situación estalló y ahora "la mitad de Islandia está sin trabajo y la otra mitad sin ahorros".
Claro que esas calamidades no son hechos aislados, porque en las regiones orientales de Alemania la población ya empezó a pensar en emigrar, mientras en Italia es cada día mayor el número de burgueses que debe recurrir a los comedores populares de organizaciones benéficas para poder alimentarse.
La crisis no sólo azota a las economías occidentales. El Programa Mundial de Alimentos estima que el 40% de la población de Corea del Norte (unas 8.500.000 personas) requiere urgente ayuda alimentaria para no sucumbir, mientras ese país mantiene su millonario programa de misiles a pesar de que "las familias de zonas urbanas dependen de algún pariente que viva en el campo para conseguir comida". Y en Estados Unidos hay 30.000.000 de ciudadanos que reciben bonos de alimentos diariamente, "porque de otro modo no tendrían nada que llevar a la boca". Casi todo tiempo pasado fue mejor.
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