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El Día Mundial de la Libertad de Prensa se celebra todos los años a comienzos de mayo. Se trata de una fecha fijada en 1993 por Naciones Unidas, a partir de la declaración formulada por Unesco dos años antes. Su propósito es apoyar "la promoción de una prensa libre, independiente y pluralista, como componente esencial de toda sociedad democrática". Haber creado esa herramienta conmemorativa para resaltar el valor de la libertad de prensa, ayuda asimismo a tener en cuenta los principios que acompañan esa afirmación y por lo tanto a defenderlos, denunciando de paso las violaciones que pueden sufrir en algunos países y respaldando a escala internacional una actividad que no siempre está a salvo de riesgos. Cuando el gobierno de un país no se rige por normas democráticas -o las invoca solamente de palabra, sin aplicarlas como es debido- uno de los primeros ámbitos que ve mutilada su capacidad de maniobra es la prensa, junto con los demás medios de comunicación, quizá porque se trata de espacios que fomentan la circulación de las ideas y pueden asumir actitudes desafiantes ante regímenes nada amigos de esos márgenes de expresión. Por eso la existencia de un Día Mundial es un auxilio para el combate que puede librar la prensa contra la intolerancia.
La vigencia más o menos plena de las libertades, y el funcionamiento del estado de Derecho que debe acompañarlas, tiene una de sus zonas más sensibles en el ejercicio de la comunicación, ya sea a través de la palabra como de la imagen. Es por eso que los organismos internacionales encargados de respaldar tales garantías, emiten declaraciones como la que propuso la Unesco en Namibia, en 1991, donde se estableció que "por prensa independiente debe entenderse una prensa sobre la cual los poderes públicos no ejerzan dominio político ni económico, ni control alguno sobre los materiales publicados o sobre la infraestructura necesaria para la producción y difusión de diarios, revistas y otras publicaciones periódicas". En la realidad no es fácil que se mantengan tales condiciones, de manera que aún bajo sistemas formalmente democráticos, la prensa (y también los medios periodísticos audiovisuales) pueden padecer algunas modalidades de presión ejercidas por el poder público, en una escala que abarca desde gestiones coercitivas -practicadas a menudo en tono amigable- hasta presiones económicas generalmente encubiertas, como la interferencia de señales de radio y TV o la manipulación de una publicidad oficial, que suele otorgarse como premio a los medios más dóciles y negarse en cambio como castigo a la prensa opositora.
Pero los grados de presión política sobre la prensa pueden alcanzar niveles más temibles, desde las amenazas verbales hasta los atentados físicos. Claro que eso ocurre en países regidos por gobiernos que bordean el autoritarismo, aunque invoquen la voluntad popular para legitimar su poder. En tales países los mandatarios suelen cuestionar la libertad de prensa, confundiendo ese ejercicio con una campaña de hostigamiento o con propósitos ajenos a la simple crítica que parece inseparable de otras áreas de expresión, y que es un instrumento de la legítima discrepancia que puede tenerse frente a una determinada gestión de gobierno. Precisamente, en ocasión del Día Mundial de la Libertad de Prensa, el actual presidente de la SIP (Sociedad Interamericana de Prensa) manifestó que esa libertad "se ha visto ensombrecida por la actitud hostil de gobiernos poco tolerantes, así como por la situación económica mundial que afecta a la industria periodística, y además por la violencia contra periodistas y medios de comunicación". Mencionó entonces una lista de seis países de la región (Argentina, Venezuela, Ecuador, Nicaragua, Bolivia y Uruguay) en los cuales "las críticas a la gestión del gobierno no son bienvenidas". Y agregó que en ocasiones allí "se rechazan, hostigan o castigan las posiciones diferentes a la oficial, utilizando diversos métodos para frenar las opiniones adversas".
Claro que en la materia hay extremos truculentos. En los cinco meses transcurridos de 2009, han muerto 22 periodistas en el ejercicio de su profesión y además hay otros 125 presos, con una mayoría de casos en China (28) y Cuba (21). La Asociación Mundial de Periodistas calcula que cada año más de 1.000 colegas son detenidos en el mundo y 411 han sido asesinados a lo largo de la última década. Un Día Mundial de la Libertad de Prensa es una celebración necesaria, pero por lo visto no basta.
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