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HUGO GARCÍA ROBLES
Alguna vez el maestro Lauro Ayestarán aludió a la estatura de Juan Sebastián Bach como compositor, diciendo que estaba rodeado de otros que, como Haendel, Alejandro Scarlatti o Telemann, eran un poco menos grandes que él. Concluía que el enorme volumen e importancia de Bach se acrecentaba si era aislado de su contexto.
En este año se cumplen los primeros doscientos cincuenta años de la muerte de Jorge Federico Haendel, fallecido en Londres el 14 de abril de 1759. Había nacido en Alemania en la ciudad de Halle el 23 de febrero de 1685. Es decir, que compartió el año de su nacimiento con Bach pero sobrevivió al Cantor de Santo Tomás en nueve años.
Sin embargo toda coincidencia o cercanía entre ambos se reduce poco más que a esas fechas. Bach no salió de su tierra natal y al mismo tiempo vivió afincado en su fe luterana. Haendel viajó mucho desde su juventud y ofrece un perfil más cosmopolita, adaptándose de tal modo a su residencia londinense que terminó siendo considerado un músico inglés. Tuvo en vida su monumento en los jardines de Vauxhall. Cultivó los más diversos género y formas, la ópera inclusive, mostrándose mucho más versátil y permeable a las más diversas influencias, que su austero colega.
Quizá esta amplitud de estilos y gustos que revela la música de Haendel sea uno de sus rasgos más característicos. Al igual que Bach fue un estupendo organista pero mientras que el culto luterano ancló a éste en el modelo de las formas vinculadas al coral y a las formas clásicas del preludio y fuga, Haendel seguía el modelo italiano del concierto, también el órgano. Por supuesto que escribió obras instrumentales tributarias del "concerto grosso", en el estilo de Corelli a quien pudo conocer en Roma cuando visita a la Ciudad Eterna con poco más de veinte años, hacia 1705. Quizá sea conveniente cotejar los espléndidos "concerti" del Op.6 de Haendel, confiados a las cuerdas, con los Brandenburgueses de Bach, con una disposición de solistas y orquesta mucho más libre y sorprendentemente audaz. Ambos maestros vuelven a distanciarse al componer para la misma forma.
La ópera fue un temprano desafío para Haendel que siguió el modelo italiano, en una apuesta con la escena que lo llevó a la bancarrota cuando intentó ser empresario, sin éxito.
Tras lo pasos de Carissimi cultivó el oratorio, al principio con texto y forma de la manera italiana, luego en lengua inglesa y con el portentoso resultado de El Mesías, obra maestra creada en un mes de tiempo. La resonancia de esta obra y la popularidad del Aleluya hablan de la persistencia que ha hecho de Haendel un músico barroco heterodoxo y muy actual en el gusto de los públicos a través de distintas épocas que nunca lo han olvidado. Otra diferencia con Bach.
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