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BARACK OBAMA Presidente de Estados Unidos
Newsweek
-El tema es lo que usted aprendió. ¿Qué fue lo más difícil que tuvo que hacer?
-Ordenar el envío de 17.000 soldados adicionales a Afganistán. Existe una seriedad implícita en esa decisión porque uno tiene que esperar que algunos de esos jóvenes sufran daños en el teatro de la guerra. Y, asegurar que uno pensó cada ángulo y que definió la mejor estrategia posible, comprendiendo que en una situación como la de Afganistán la tarea es extraordinariamente difícil y no existen garantías. Eso la hace una decisión muy complicada y difícil.
-¿Algo puede prepararlo para ser un Presidente en tiempos de guerra?
-Ayuda conocer los más amplios temas estratégicos que están involucrados. Creo que es más importante que entender la táctica involucrada porque hay algunos comandantes excepcionales en el terreno y un grupo de buenos asesores en los que tengo mucha confianza, aunque el Presidente es quien debe tomar la decisión: ¿En esta circunstancia, la aplicación de la fuerza militar alcanzará los objetivos más amplios de seguridad nacional de Estados Unidos? No se puede hacerlo sin comprender, por ejemplo en Afganistán, cómo eso tiene conexión con Pakistán y cuál es la naturaleza de la insurgencia existente y cómo fue la historia de la invasión soviética. Tener algún contexto resulta crítico. Creo que el otro aspecto crítico es haber pasado un par de años en campaña y luego algunos años como senador, teniendo reuniones con jóvenes que han prestado servicio, sus familias y las familias de soldados que nunca retornaron, así como conocer el precio que están pagando aquellos a los que uno envía.
-¿Puede hablar sobre cómo llegó a la decisión de aumentar los soldados?
-Creo que el punto de partida fue el reconocimiento de que la trayectoria existente no estaba funcionando, que los talibanes habían hecho avances, que nuestra presencia en Afganistán estaba declinando en popularidad y que la inestabilidad a lo largo de región fronteriza también estaba desestabilizando a Pakistán. Ese fue el punto de partida de la decisión. Entonces, abordamos la revisión estratégica que involucró cada aspecto de la participación de nuestro gobierno: Defensa, Departamento de Estado, operaciones de inteligencia, operaciones de ayuda. Una vez que se completó la revisión estratégica, entonces me senté en una sala con las principales figuras y argumenté sobre el tema, escuché las diversas perspectivas, vi una gama de opciones en términos de cómo podíamos avanzar, les pedí que reformularan las cifras y reconsideraran ciertas posiciones sobre la base del hecho de que algunas de las preguntas que hice no pudieron ser respondidas. Finalmente, cuando tuve la sensación de que cada enfoque había sido expuesto, que todas las preguntas fueron respondidas o no podían responderse, en ese momento tuve que tomar una decisión y lo hice.
-¿La decisión de cambiar los mandos (el Gral. David McKiernan fue relevado como comandante de las fuerzas en Afganistán) fue parte de la reacción en proceso ante los hechos que ocurrían en el terreno?
-Creo que fue un reflejo de un más amplio reconocimiento de que debemos aplicar ojos nuevos al problema. El general McKiernan ha hecho una labor sobresaliente; es un comandante militar sobresaliente y ha servido a su país con gran distinción. Pero, tengo la obligación de asegurar que nos estamos dando la mejor oportunidad posible de tener éxito, y en ese momento había una fuerte recomendación del Secretario de Defensa, así como del jefe de la Junta de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas (Almirante Mike) Mullen de que el equipo que ahora ponemos a actuar está mejor equipado para el éxito.
-¿Está abierto a enviar más tropas si el número fijado no puede lograr el progreso que usted necesita hacer?
-Creo que hablar de tropas adicionales resulta prematuro. Mi enfoque firme es que no vamos a tener éxito simplemente apilando más y más tropas. Los soviéticos lo intentaron; no les dio muy buen resultado. Los británicos lo intentaron: no dio resultado. Debemos ver nuestra acción militar en el contexto de un esfuerzo más amplio de estabilización de la seguridad en el país, permitiendo que se realicen elecciones nacionales en Afganistán y luego proveyendo el espacio para el vital trabajo de desarrollo que se necesita para que un gobierno democráticamente elegido, que sea tolerante y abierto, sea considerado mucho más legítimo que una alternativa de los talibanes. El componente militar es crucial para lograr ese objetivo, pero no es un elemento suficiente por sí.
-Pasando a Pakistán, ¿está dispuesto a mantener viva la opción de que tropas estadounidenses aseguren las armas nucleares si ese país se hace menos estable?
-No quiero incursionar en hipótesis en torno de Pakistán, más allá de decir que tenemos confianza que el arsenal nuclear de Pakistán está seguro, y que las Fuerzas Armadas paquistaníes están equipadas para impedir que los extremistas se apoderen de esos arsenales. Como Comandante en Jefe, debo considerar todas las opciones, pero la soberanía de Pakistán debe ser respetada. Buscamos fortalecerlo como socio, y uno de los elementos alentadores es que, a lo largo de las últimas semana, hemos visto un giro decisivo en el reconocimiento por parte del Ejército de Pakistán, de que la amenaza del extremismo es mucho más inmediata y seria que la amenaza de India en la que tradicionalmente se ha enfocado.
-Uno de sus asesores nos dijo cuán rápido usted se dio cuenta que había obtenido el megáfono más grande del mundo. ¿Hubo algún momento cuando usted dijo algo o pensó en voz alta de una manera que un senador u hasta un candidato puede hacerlo, pero no un Presidente?
-Debido a que me di cuenta bastante rápido, creo que he sido bastante cuidadoso respecto de la manera como uso el micrófono. En retrospectiva, creo que he hecho declaraciones que hubiera pulido un poquito más y estoy seguro que habrá más en el aspecto de los errores. Pero, una de las cosas que me ha alentado -lo aprendí en campaña- es que el pueblo estadounidense no solo tiene tolerancia sino también hambre de explicaciones y complejidad, y una voluntad de reconocer los problemas duros. Creo que uno de los errores más grandes que se comete en Washington es la idea de que hay que bajarle el nivel intelectual a las cosas. Siempre ha sido impresionado por el hecho de que, si puedo reunirme en una sala con un grupo de personas, aun aquellas que tienen violentas discrepancias conmigo sobre un tema, igual se tomarán el tiempo para escuchar. Es posible que, al final, no coincidan conmigo, pero haber visto cómo pienso sobre un problema, haber tenido la sensación de cómo tomo las decisiones y que comprendo su punto de vista, que en realidad puedo argumentar por ellos y que eso es parte del proceso de toma de decisiones, me da la sensación de que, al menos, ellos fueron escuchados y eso clarifica y nos aleja de los dogmas y caricaturas que se interponen en el camino de la buena definición de políticas y de un tono más civilizado en nuestra política.
"Creo que aprendí que el Partido Republicano, al igual que el Partido Demócrata después de la elección de Ronald Reagan, cuando ha estado en el poder durante mucho tiempo, tiene problemas para hacer un ajuste, no solo a su estatus de minoría, sino también de autorreflexión. Creo que hay un cierto período cuando se insiste en hablarle solo a la base partidaria, en lugar de hacerlo con más amplitud al pueblo estadounidense. Sospecho que harán un ajuste. Hay gente inteligente en ese partido y alguna buena gente que puede discrepar conmigo sobre políticas específicas, pero que tiene convicciones sinceras y quiere que este país tenga éxito. Ahora, están un tanto atrapados en el esquema de tener que llegar al ala ideológicamente más pura de su partido en contraposición a pensar de manera un poco más práctica. Creo que eso pone en posición difícil a una cantidad de republicanos a los que les gustaría trabajar con nosotros en temas específicos y selectivos", indicó el presidente Barack Obama al ser consultado sobre lo que aprendió de sus rivales republicanos en 115 días de gobierno.
El mandatario también se refirió a las continuas críticas del ex vicepresidente, Dick Cheney. "Tuvo una perspectiva fuerte sobre la seguridad nacional. Fue puesta a prueba en los años iniciales de la administración de Bush. Creo que eso resultó en una serie de decisiones muy malas. Creo que lo interesante es que, de alguna manera, Cheney perdió esos argumentos dentro del gobierno de Bush. Puede haber ganado al comienzo con Colin Powell y Condi Rice, pero en los últimos dos o tres años del gobierno de Bush, creo que los republicanos y jerarcas de la administración Bush reconocieron que las técnicas realzadas de interrogatorio eran potencialmente contraproducentes, que la postura de no hablar nunca con nuestros enemigos, de acción unilateral, de encuadrar la seguridad nacional sólo en términos de uso de la fuerza, con frecuencia unilateral, no estaba dando resultado. Me parece interesante ver al ex vicepresidente dedicar tanto tiempo a intentar reivindicarse a sí mismo", afirmó Obama.
"Lo lindo es que, en parte por temperamento, en parte porque Michelle tiene increíble habilidad de madre, tengo hijas alegres y normales. Se pierden todo lo que gira en torno de ellas. No hemos visto ningún efecto de pecera o de exposición en ellas. Pero, me preocupa cuando sean adolescentes que es el período en el que uno se siente avergonzado por los padres y hasta más avergonzado todo el tiempo en la TV. Creo que las salidas con chicos serán todo un tema debido a que tengo hombres con armas que las rodean todo el tiempo (risas), con lo que estoy muy contento, pero ellas pueden pensar diferente", indicó Obama al ser consultado sobre los cambios en su vida privada tras la llegada a la Casa Blanca. El mandatario también reveló que en este momento está leyendo la novela Netherland de Joseph O`Neill, que en la televisión sólo mi-ra deportes y que la última película que vio fue Star Trek. "Todo el mundo decía que me parezco a Spock, por lo que decidí verificarlo".
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