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Rodolfo Sienra Roosen
Partiendo de la sensatez del pensamiento de Juan Martín Posadas en su nota del domingo pasado sobre "conjeturas y certezas", la opinión de la gente y hasta los resultados de encuestas que no superponen el relevamiento de la intención de voto en junio con la de octubre, sería un hecho la segunda vuelta, en un mano a mano entre un blanco y un frenteamplista.
No vamos a dar nombres, porque como es notorio, las encuestas en las primarias tienen márgenes de error muy altos, porque el voto no es obligatorio, y a un mes y monedas de los comicios, no es fácil prever qué porcentaje de ciudadanos apoyarán a uno y otro partido. Quizá el Frente en junio sea el más votado de todos pero eso no quiere decir nada mirando a las nacionales de octubre, porque la lucha dentro de coalición es intensa, porque los votantes cautivos de Mujica, por ejemplo, si pueden van a llevar a las urnas hasta el loro, porque competirán tres candidatos, y por otras razones. Hasta el tiempo puede influir -fríos, lluvias propias del comienzo de invierno- sobre todo en zonas rurales, en donde es notoria la gravitación del Partido Nacional.
Coincidimos con Posadas en que lo único que puede pronosticarse con fundamento es que el candidato colorado será Bordaberry, pero aún así admitiendo el supuesto que todo es posible.
Todo lo demás es más o menos probable. Y recién al día siguiente comenzará el tiempo de las definiciones del electorado, para lo cual tendrá cuatro meses, que es tiempo suficiente para pensar, y hasta para cambiar de opinión todas las veces que quiera.
Es importante no adelantarnos, porque la incertidumbre también es la consecuencia de la indiferencia de la gente que no está acostumbrada a votar en elecciones previas, llámenseles primarias o internas, que son a nuestro entender, cada vez más lo primero que lo segundo.
La gente está y va a estar en otra cosa, en la previsible caída del poder adquisitivo, en la inflación, en las consecuencias de la crisis, en el desempleo, porque el gobierno se patinó todo lo que los buenos tiempos trajeron de regalo al país. Y en la medida que la gente va tomando consciencia de ello, se arrima a la conclusión de que las esperanzas se esfumaron, que las promesas no se cumplieron, y que no hay ninguna razón que justifique la continuidad de esta izquierda variopinta en el poder.
Porque si cuesta concebir que Mujica pueda ser Presidente, también cuesta respecto de Astori, el gran responsable del despilfarro y de lo que ya se están sintiendo y van a sentir con mayor intensidad: los ayes de dolor de los bolsillos de muchos.
Eso lo saben y temen los gobernantes de hoy, que se ven venir el crecimiento del nacionalismo con sus dos candidatos de auténticas credenciales ganadas en sus experiencias de gobierno y en su trayectoria política.
Y ambos cuentan con los mejores equipos de asesoramiento técnico y profesional que hay aquí. Están asustados, han cometido gravísimos errores, y no hay motivos para pensar en que no van a reincidir en los casi seis meses que faltan hoy.
En cambio, en lo que importa pensar, por el interés nacional, es en cómo se gobernará sin mayoría absoluta de nadie. Los antecedentes del Frente en la oposición, no alientan esperanza alguna.
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