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MarÍa Julia Pou
Cuando allá por el año 1827 Lord Ponsonby -Embajador de Su Majestad Británica- quien jugó un importante papel en el nacimiento de nuestra patria, se comunicó con el entonces Canciller de la corona -George Canning- se refirió a los orientales diciendo que eran "la gente mejor de estas tierras".
Cincuenta años después de aquellos episodios en nuestro país tenía lugar la Reforma Vareliana a partir de la cual la enseñanza primaria fue creciendo en difusión y a la vez se fue convirtiendo en el instrumento esencial de la constitución de nuestra nación.
Fue aquella reforma la integradora de uno de los elementos característicos de nuestra identidad nacional. La escuela laica, popular y gratuita fue a nuestro juicio algo que contabilizó de manera esencial para que se nos viera desde el viejo continente como "la Suiza de América".
Estas expresiones las hemos leído con orgullo y por supuesto pensando que nuestros antepasados trabajaron para ello y fueron merecedores de aquel elogio.
Han pasado casi doscientos años y si nos visitara hoy aquel diplomático británico -aquel partero de naciones como lo definiera algún historiador- seguramente indagaría en los años que han transcurrido para encontrar la explicación de lo que protagonizamos actualmente como miembros de la sociedad uruguaya.
El otro factor de cohesión e integración social alrededor de valores reconocidos como comunes por toda población fue sin lugar a dudas la labor de los partidos políticos, especialmente el Partido Nacional y el Partido Colorado.
Estos, por estar integrados en la forma que se denomina vertical, es decir que pertenecen a los mismos, ciudadanos de todos los niveles sociales, económicos, culturales, habitantes de todas las regiones geográficas, se constituyeron en sólidos pilares que, junto con la educación, homogeneizaron la cultura y las pautas de vida de nuestra patria. A su vez incorporaron a las sucesivas inmigraciones al tejido político cumpliendo de esa manera lo que en los Estados Unidos se llamo el crisol del cual salen las naciones verdaderamente democráticas.
Tenemos por lo tanto dos factores: la educación que tiende hacia la excelencia y la igualdad de oportunidades, y el otro, los partidos políticos, hacia el ejercicio de la libertad en el orden y al respeto por las ideas ajenas y el resultado de las urnas.
Los círculos en que se forma el ser humano empiezan con la familia, la escuela y la comunidad (el barrio, el ámbito deportivo) y hay que buscar el deterioro de nuestro nivel anterior en el correcto funcionamiento de estos distintos ámbitos. Deterioro que se vuelve más grave porque ha sido paulatino y no repentino. Una caída repentina provoca una inmediata reacción pero el lento descenso hacia la ignorancia, la vulgaridad, la falta de respeto por las normas de convivencia, por ser lentamente perceptible es más insidiosa en su manera de penetrar en aquella sociedad que recordamos en los primeros párrafos.
Este es el diagnóstico -quizá lo más fácil- en el que creo los lectores coincidirán.
En la próxima entrega ingresaremos en el siempre difícil campo de interpretar la situación e intentar esbozar algunos caminos para volver a ser "la gente mejor" que supimos ser.
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