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Benedicto XVI. En su viaje a Tierra Santa abogó por la creación del estado palestino
TEL AVIV | AGENCIAS Y SERVICIOS
En el primer día de su visita a Israel y los territorios palestinos, el papa Benedicto enfrentó la polémica historia de su Alemania natal al estrechar las manos de seis sobrevivientes del Holocausto y condenar el genocidio.
En la segunda etapa de su viaje a Tierra Santa, la más delicada y compleja, el Papa fue recibido por el presidente israelí, Shimon Peres y el primer ministro, Benjamin Netanyahu, junto a casi todo su Gobierno- los ultraortodoxos judíos no acudieron-, y ya en el aeropuerto de Tel Aviv tuvo el primer gesto para tratar de reparar las relaciones con los judíos: "Todo esfuerzo debe hacerse para combatir el antisemitismo dondequiera que se halle y para promover el respeto a los miembros de todo pueblo, tribu, lengua y nación en la Tierra… Trágicamente, el pueblo judío ha experimentado las terribles circunstancias de ideologías que niegan la dignidad fundamental de cualquier ser humano", afirmó el pontífice.
Benedicto XVI tuvo una bienvenida inusualmente cálida, con alfombra, claveles rojos, un coro y niños ondeando banderas. Peres, le obsequió una nueva variedad de trigo bautizada en su honor. "En ti, vemos a un promotor de la paz, un gran líder espiritual", dijo Peres, quien también le regaló una partícula de silicio donde, gracias a la nanotecnología, estaban inscriptas las 300.000 palabras hebreas de la Torah.
Aunque el pontífice arribó a Israel con la clara intención de mejorar las relaciones con los judíos, apenas llegado a Tel Aviv se pronunció en favor del establecimiento de un estado palestino independiente, lo que amenazaba con colocarle en desacuerdo con sus anfitriones.
Benedicto XVI exhortó a israelíes y palestinos a "explorar toda forma posible" para resolver sus diferencias. "Las esperanzas de numerosos hombres, mujeres y niños para un futuro más seguro y estable dependen del resultado de las negociaciones de paz", dijo el Papa.
Pero el Gobierno israelí se siente colmado. Su idea es que la visita cumpla dos objetivos fundamentales: lavar su imagen después de la guerra de Gaza y fomentar el turismo de la peregrinación cristiana. "Odiamos reconocerlo, pero desde la operación en Gaza nos hemos convertido en parias en muchos lugares del mundo", declaró al diario Haaretz un alto funcionario a cargo de la organización de la visita. La "peregrinación" del Papa, que en su día condenó la invasión de Gaza, ayudará sin duda a restañar esos daños.
La política regional de todas formas logró entrometerse en una agenda planeada con cuidado. Poco después de la llegada del Papa, el clérigo palestino Taysir Tamimi arrebató el micrófono en un encuentro interreligioso en el Instituto Notre Dame de Jerusalén y dio un discurso imprevisto, en el que criticó la reciente guerra israelí en la Franja de Gaza y la ocupación de Cisjordania. Tamimi, jefe de las cortes islámicas en Gaza y Cisjordania, ignoró los intentos de un clérigo cristiano de convencerlo de que dejara el escenario. Parte del público lo aplaudió, mientras que otras se mostraron incómodas.
Benedicto no mostró reacción alguna, pues no había traducción del árabe, y el Vaticano condenó el incidente más tarde en un comunicado. El gobierno de Israel también condenó esa intervención de Tamimi y "las palabras de odio", que pronunció ante el Papa. "Es una vergüenza que sean los extremistas quienes representen a los palestinos y los islámicos en este importante evento en presencia del Santo Padre", subrayó la nota oficial israelí.
Jerusalén | Benedicto XVI visitó la Sala del Recuerdo del Museo del Holocausto, aunque no ingresó en el museo propiamente dicho para evitar la placa que acusa a Pío XII de no hacer nada por salvar a los judíos del exterminio. De todas formas su visita satisfizo a unos interlocutores que no han dejado de recordar su juventud hitleriana y la polémica por el perdón a los obispos lefebvrianos, uno de ellos negacionista del Holocausto.
"He venido aquí", afirmó el Papa, "a este monumento erigido en memoria de los millones de judíos asesinados en la horrible tragedia del Holocausto. Perdieron sus vidas, pero nunca perderán sus nombres. Que su sufrimiento nunca sea negado, empequeñecido u olvidado. Y que todos los pueblos de buena voluntad permanezcan vigilantes para desterrar del corazón de la humanidad todo lo que pueda conducir a tragedias como ésta".
Seis judíos sobrevivientes de la Shoah y un Justo entre las Naciones esperaron al Papa en el memorial Yad Vashem. Los siete ancianos tienen una biografía dolorosa, una larga historia de persecuciones atroces y de lucha para regresar a la vida después de la Shoah.
Meir Israel Lau, rabino jefe de Tel Aviv y dirigente de Yad Vashem, además de sobreviviente de los campos nazis, criticó que Benedicto no haya pedido perdón. El discurso papal, afirmó, "fue muy hermoso y en parte conmovedor". Pero sin embargo fue "una ocasión perdida: no mencionó nunca explícitamente a los alemanes, los nazis, no escuché ni una palabra de participación con nuestro dolor", comentó.
El presidente de la dirección de Yad Vashem, Avener Shalev, sostuvo que la visita fue "positiva", pero criticó que el Papa no haya nombrado a los nazis ni reiterado la condena al Holocausto. Agencias
En su viaje a Tierra Santa, Benedicto XVI pretende extender una mano tanto a judíos como a musulmanes. El Papa pasó tres días en Jordania antes de viajar a Israel, país en el que su visita ha generado una gran controversia porque cuando fue adolescente, el ahora máximo jerarca de la Iglesia católica pasó algún tiempo en los campos de la Juventud Hitleriana. Benedicto XVI ha dicho que fue obligado a hacerlo. Otro tema que generó polémica en Israel fue su decisión de perdonar a los obispos lefebvrianos -especialmente a uno de ellos que niega abiertamente el Holocausto- pero el pontífice evitó referirse a este hecho. Benedicto XVI será hoy el primer Papa que visite la Cúpula de la Roca en Jerusalén, tercer lugar sagrado para los musulmanes. Irá igualmente al Muro de las Lamentaciones y a la Explanada de las Mezquitas y celebrará una misa al aire libre en Jerusalén. Mañana el pontífice aprovechará su visita a Belén para conocer el campo de refugiados de Aida, donde se dirigirá directamente al pueblo palestino, una decisión que incomoda a las autoridades israelíes.
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