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DIEGO FISCHER
Es muy difícil saber con certeza dónde está la verdad. Desde hace días el mundo se encuentra atemorizado por la llamada gripe porcina cuyo epicentro está en México. La alarma cundió a la velocidad propia de estos tiempos de Internet y mercados globalizados.
En Uruguay el bombardeo de información provocó largas filas en los puestos de vacunación que, ante la explosiva demanda, se vieron desbordados y, en casos puntuales, con faltantes momentáneos de stock. Los barbijos se agotaron en las farmacias y estalló la compra de antigripales y del medicamento que se promociona como sanador de la gripe. A diario, la ministra de Salud Púbica, María Julia Muñoz, salió a poner paños fríos a una situación cuya temperatura amenazó con dispararse. Hasta el propio presidente Tabaré Vázquez en su doble condición de médico y Jefe de Estado, envió un mensaje de tranquilidad al declarar que "Uruguay está preparado para enfrentar una eventual pandemia.
Pocos se han preguntado quiénes realmente se benefician de una situación de alarma como esta. Resulta difícil mantener la calma cuando se habla de centenares de muertos , que luego de que la información es decantada, no superan la docena y de millones de posibles contagiados. Tampoco ayudan a conservar la serenidad los sucesivos partes de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Sobre todo uno de los últimos que habló que un tercio de la población mundial podría enfermarse con el virus A ( H1N1). Sería aconsejable que las autoridades de la OMS, hicieran un curso de manejo de crisis para luego sí comparecer ante los medios de comunicación sin generar pánico.
Los Directores Departamentales de Salud de casi todo el país, han pedido al MSP que se incluya al oseltamivir (antiviral) en la lista de medicamentos de venta controlada. Argumentan que la gente lo ha empezado a tomar sin estar enferma y sin saber sus efectos colaterales y contraindicaciones. Escribo esto luego de embarcarme rumbo a Buenos Aires y haberme encontrado -en el Puerto de Montevideo- con el personal de Migraciones cubierto con tapabocas y escuchar en la fila a una señora sesentona que le decía a otra de la misma edad : "yo me vacuné contra la gripe y estoy tomando además el antiviral por precaución". Bien dicen que mientras unos lloran otros venden pañuelos.
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