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Sábado 09.05.2009, 14:03 hs l Montevideo, Uruguay
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Nacional


Doctora en Ciencia Política

Experiencia o renovación

MARÍA FERNANDA BOIDI

La competencia entre Luis Alberto Lacalle y Jorge Larrañaga no es algo nuevo en tiendas blancas. Por tercera vez se enfrentan en el contexto de una interna partidaria. En 1999, Lacalle fue el precandidato del herrerismo y Larrañaga acompañó la fórmula de Juan Andrés Ramírez, su acérrimo competidor. En 2004, ambos compitieron por la candidatura nacionalista, contienda que se reedita este año. Ambos candidatos están recurriendo a la proyección de imágenes que han logrado consolidar en esas campañas pasadas.

Lacalle es un veterano de la política. Ha participado activamente en tiendas nacionalistas desde la campaña de 1958, cuando su abuelo Luis Alberto de Herrera obtuvo la épica victoria que signó el retorno al bipartidismo. Fue diputado, senador, y presidente. Se dice que conoce el país como pocos, y que su olfato político es envidiable (no en vano decidió volver a la competencia luego de haber anunciado su retirada). Todos estos datos son munición de su campaña para presentarlo como un candidato sólido y experimentado, y transmitir la seguridad asociada a ello: Lacalle está en condiciones de conducir el país porque ya lo ha hecho.

La vida política de Larrañaga es más corta, pero muy intensa. Bajo su liderazgo, el Partido Nacional recuperó terreno (del 22% en las elecciones nacionales de 1999 al 35% en 2004). Se consolidó entonces como la figura joven, de renovación, que pudo ponerse el partido al hombro y sacarlo adelante. Fuerza, juventud, renovación, y la evidencia de que la recuperación resulta posible, han sido los ejes de su comunicación con un estilo simple y campechano que reivindica su calidad de hombre del interior.

Experiencia y cambio son dos atributos muy apreciados por los electores, ambos apuntan a características usualmente buscadas en los líderes políticos. Estos dos valores no representan un juego de suma cero: valorar uno no implica despreciar el otro. Las campañas de Lacalle y de Larrañaga lo contemplan, y si bien en cada caso se hace hincapié en una de estas características, intentan mostrar que los candidatos también son capaces de garantizar la otra.

Así, Lacalle apela a la comunicación multimedia, interactiva y descontracturada con el público joven (a través de su página web y su perfil en Facebook por ejemplo), y envía el mensaje de que se maneja cómodamente en el mundo de las nuevas tecnologías y se apropia de ellas: el candidato experimentado tiene capacidad para renovarse.

Larrañaga, por su parte, muestra el equipo de políticos y técnicos que lo rodean. De este modo, emite el mensaje de que no está solo, y que sus colaboradores aportarían conocimiento y solidez técnica a su gobierno. En este sentido, el candidato joven y de renovación ofrece también garantías de experiencia.

Nuevas estrategias. Los candidatos que van al frente, como Lacalle, tienen incentivos para mantener la misma comunicación (ir puntero prueba que la estrategia es efectiva). Sin embargo, los que disputan la cabeza, como Larrañaga, deben buscar caminos alternativos a los cursados hasta el momento. En este sentido, la idea de "renovación" parece no haberle rendido tanto a Larrañaga como la de "experiencia" a Lacalle.

Una estrategia clave para captar nuevos votos, sobre todo en una campaña tan reñida como la blanca, consiste en diferenciarse de los contendores. Esta exaltación de las diferencias parece ser uno de los ejes de los últimos movimientos de Larrañaga, que intenta desmarcarse en aspectos programáticos y estratégicos. En lo programático, ha marcado sus diferencias con Lacalle y lo ha invitado a debatir. En lo estratégico, hace énfasis en que es el candidato blanco con mejores chances de obtener la Presidencia en las elecciones de octubre. ¿Será esta estrategia suficiente para rebatir las actuales tendencias? Todavía hay que esperar para saberlo.

El País Digital

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