|
||||||||
ALEJANDRO NOGUEIRA
Una voz rara, casi inesperada, se alzó esta semana sobre el ruido de campaña. Luis Eduardo González, politólogo y director de Cifra, dijo que era "difícil, pero no imposible" que tras la definición de las elecciones nacionales en octubre, o más probablemente en noviembre, las fuerzas mayoritarias (indudablemente el Frente Amplio y el Partido Nacional) llegaran a un acuerdo sobre varios temas generales e importantes para el futuro de Uruguay.
Las paridades que muestran las encuestas entre ambas fuerzas -si se suma al Partido Nacional el caudal de votos de los colorados y probablemente del Partido Independiente que hoy anuncian un balotaje y, con ello, la ausencia de mayorías parlamentarias- invitan a un acuerdo. Pero más lo propician las evoluciones políticas de los líderes de esas fuerzas, aunque, en el caso de José Mujica, las dudas residen más en sus entornos y apoyos que en el veterano líder, de quien conviene elegir y valorar sus salidas de sentido común.
Los resultados de la encuesta de Equipos divulgada el martes -que sacudieron al sistema político- evidencian la cristalización de las tendencias que mostraban anteriores sondeos. Cierto es que los cristales se rompen en cualquier lado, especialmente en política, y con el grueso de la campaña hacia las internas por delante. Todo indica que el "clásico" que está jugando Astori está en los descuentos. No podrá demorar mucho su decisión de ir de vice en la fórmula del Frente Amplio (todos comprendemos que no lo diga hoy), aunque ese es el escenario previsible en la coalición si quiere mantener su chance de ganar.
En el Partido Nacional se acentúa el desequilibrio a favor de Lacalle sin que esto tenga, en el fondo, una trascendencia mayor para las distintas fuerzas blancas que para los destinos del país. Programas y estilos de los precandidatos nacionalistas no reflejan las simas de los enfoques en la izquierda y ambos exponentes tienen talante acuerdista. Y, como dijo González, todos estos líderes han aprendido.
Sin embargo, despejadas las internas queda el peor tramo, el más duro, en el que habrá las mayores confrontaciones. La tentación de polarizar será incontenible por imperio de la necesidad de votos. Naturalmente las concepciones de las fuerzas en pugna son muy diferentes, pero mucho menos de lo que impone el estrecho margen de buen gobierno que tienen cualquier partido en el poder de un país como Uruguay.
El Frente, que aprendió durante décadas cómo se pone el aparato del Estado a favor de una campaña electoral, va a extremarse. La oposición tiene múltiples flancos débiles para contraatacar. Ya se empieza a percibir en el aire cierta radicalización ciudadana.
Gestos como el de Larrañaga, deplorando la asimilación de Mujica con Hitler, o el pedido de disculpas de Lacalle al líder del MPP debieran valorarse en su real quilate. Autocríticas sobre la no participación de los blancos en los entes durante este período también son para incorporar porque es indispensable el papel de contralor de la oposición.
La intensidad de los cruces a los que asistiremos desde junio, por inevitable que sea, debe mantenerse dentro de ciertos márgenes. La responsabilidad es de los candidatos, porque nadie podrá gobernar bien un país partido.
| « volver |
Un comerciante, dueño de varias pizzerías, atropelló y mató a un joven en el balneario Solís para luego darse a la fuga. Para ...
Hace cinco años Connie Culp recibió un balazo que le dejó un enorme agujero a la mitad del rostro y hace cinco meses le ...
Los Premios Iris, entregados por Sábado Show llegaron anoche a su edición número quince. Entre homenajes e invitados especiales ...
Tanto el precandidato frenteamplista José Mujica como el nacionalista Jorge Larrañaga rechazaron la comparación que formuló el ...
Un método original inventado por un grupo de físicos uruguayos permite medir la maduración del queso o la terneza de la carne ...