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En materia de violencia política, las excusas suelen ser siempre las mismas. Se empuñan las armas para conquistar la independencia de una comunidad (los irlandeses católicos en el Ulster, los vascos nacionalistas en Euskadi, los musulmanes caucásicos en Chechenia, los kurdos en Turquía e Irak), o en todo caso para derrocar por la fuerza un sistema que se considera opresor o corrupto (las FARC en Colombia, Sendero Luminoso en Perú, los insurrectos republicanos en Nepal). Lo llamativo es que en algunos casos esa violencia armada se practica contra gobiernos que han sido elegidos mediante irreprochables mecanismos democráticos y que en el ejercicio del poder no exceden el marco de los derechos y garantías correspondientes a la ciudadanía, manteniéndose dentro de los límites fijados por el mecanismo institucional.
La otra singularidad de la violencia política es que para legitimar su lucha invoca la búsqueda de ciertos valores como la dignidad del individuo, la plena vigencia de los derechos humanos, el respeto por el prójimo, el goce de amplias libertades o la defensa de la vida humana, mientras esa misma violencia desmiente con sus métodos operativos (secuestro de personas, ejecuciones por sorpresa, masacres indiscriminadas, asedios clandestinos) los mismos principios que reclama para justificarse. Eso prueba ante todo la sospechosa dualidad de tales movimientos, que niegan en los hechos lo que sostienen de palabra, incurriendo así en excesos comparables a los cometidos según ellos por los regímenes que combaten. De esa manera queda pendiente una pregunta sin respuesta: cuál sería la alquimia capaz de transformar su mentalidad agresora en el humanitarismo y la justicia que prometen aplicar una vez dueños del poder.
Todo ello debe tomarse en cuenta nuevamente, a la vista de las noticias que circulan por el mundo. Porque en España celebran que tres dirigentes de primera fila de la organización vasca ETA hayan sido atrapados en los últimos meses bajo la campaña combinada de la policía francesa y la española, mientras otros ocho miembros de esa banda fueron arrestados el 18 de abril, considerándose en medios oficiales que esa agrupación clandestina "se interroga cada vez más sobre la utilidad de seguir adelante con la lucha armada". De hecho, en las cárceles de España "una tercera parte de los 737 presos vascos, apoyaría el abandono de la actividad armada". Y sin embargo, a pesar de ello el maltrecho aparato militar de ETA mantiene el tren violento que inauguró bajo el régimen franquista hace 41 años, que a la fecha ha dejado más de 850 muertos por el camino.
En el Perú, integrantes de Sendero Luminoso dispararon dos cohetes contra el helicóptero donde viajaba el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, que resultó ileso junto a sus acompañantes. Eso ocurrió en el sur del país, donde se llevan a cabo operaciones militares contra "los remanentes senderistas, a los que se cree aliados con grupos de narcotraficantes". A lo largo de varias décadas de actividad de la guerrilla maoísta en provincias de la sierra peruana, se calcula que Sendero Luminoso ha provocado unas 70.000 muertes, incluidos miles de campesinos que fueron ejecutados por negarse a secundar esas formaciones armadas.
En Irlanda del Norte, luego de un período de pacificación entre los sublevados del IRA y las autoridades británicas, dos organizaciones secretas y disidentes (escindidas del tronco del Ejército Republicano Irlandés) mataron a un policía y a dos soldados ingleses en el curso de tres días. Esos grupos que volvieron a tomar las armas son el IRA Auténtico y el IRA de la Continuidad, al parecer dispuestos a sacudir nuevamente a una zona que comenzó a padecer la violencia a fines de los años 70 y luego vivió durante décadas bajo esa presión. El conflicto de los británicos con el Ulster ha sido disfrazado de problema religioso, pero tiene en verdad antiguas raíces políticas, cuyas turbulencias cumplirán dentro de poco un siglo, a partir de los combates por la independencia de Eire.
Otros tipos de violencia (como el enloquecedor embate asesino del narcotráfico mexicano) no tienen móviles políticos sino apenas económicos, pero a pesar de todo son capaces de desestabilizar cualquier gobierno y conmover la escala de valores de cualquier sociedad. Por eso ciertas formas de organización criminal son tan temibles no sólo para la integridad personal o el equilibrio social, sino incluso para que sea posible el futuro de una convivencia civilizada.
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