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JORGE ABBONDANZA
El miércoles que viene a las 18.30 en la Galería de las Misiones (25 de Mayo 464) se abrirá una muestra colectiva de pintura titulada "Los 60". El nombre alude a la extraordinaria generación de artistas plásticos uruguayos cuya carrera tuvo una culminación en esa década del siglo XX. Hace tres meses se realizó una exposición similar -aunque de mayor volumen- en las salas que esa misma galería posee en José Ignacio y ahora su traslado a Montevideo tiene una doble utilidad.
Por un lado, esta selección de firmas y de obras facilita el acceso a lo que fue sin duda un momento esplendoroso en el proceso de las artes visuales del medio montevideano durante el siglo pasado. Y por otro lado, eso sirve especialmente para un público joven, que ha oído hablar de los maestros de los 60 pero no siempre ha tenido contacto directo con sus trabajos. Los años pasan y ya ha corrido medio siglo desde aquella década tan singular, donde además se produjeron otros florecimientos locales en materia teatral, musical y hasta en las áreas de la crítica especializada, de manera que esta propuesta de la Galería de las Misiones también es valiosa como herramienta de divulgación. Con motivo de la muestra veraniega en José Ignacio, se editó un gran catálogo que refuerza este reencuentro con los creadores del pasado.
Entre ellos figura el poderoso informalismo de Barcala, Hilda López y Espínola Gómez; los ricos espesores de materia de Alamán, Ventayol o Perinetti; el neo-expresionismo de Amalia Nieto y Teresa Vila; el dinámico juego de signos de Gamarra o Spósito, entre otras presencias destacadas (Nóvoa, Presno, Damiani, Jorge Páez). Faltan algunos nombres que compartieron los protagonismos de aquella época (Améndola, Costigliolo, Freire, Solari) pero lo que reúne esta muestra es suficiente para que resucite el impulso que movió a esa oleada de plásticos en un período ciertamente fermental.
Cuando los espectadores más veteranos evocan el dinamismo de las actividades culturales en el Montevideo de los 60, comprueban que el auge de los lenguajes pictóricos no fue un hecho aislado. Fluyó junto con la vitalidad que en esa etapa también permitió que crecieran y maduraran los movimientos de cine-arte y el cineclubismo, la calidad de las temporadas sinfónicas y líricas, o los ejercicios experimentales del teatro independiente, junto con el creciente interés y aplomo que tenían los abordajes del repertorio clásico y contemporáneo en ese campo escénico. Daba la sensación de que los talentos maduraban velozmente, robusteciendo en todos los terrenos sus medios expresivos y afinando el instrumental de su oficio hasta convertir los bríos vocacionales en una ascendente exhibición de maestría. Todo eso prometía un futuro alentador para aquel circuito cultural, que sin embargo resultó descalabrado por una crisis económica y otros deterioros cuya clamorosa desembocadura fue el quebranto institucional, con su arrastre de violencias que fue una brutal amenaza para las tareas creativas. Por eso "Los 60" parecen hoy más lejanos de lo que son en realidad.
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