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ALEXANDER LALUZ
Pasada la medianoche del lunes falleció Idea Vilariño, pocas horas después de una intervención quirúrgica. Las letras, la poesía, la cultura uruguaya y latinoamericana pierden a una de las figuras fundacionales de la llamada generación del 45.
La noticia de su internación en el Casmu, casi simultánea a la de otro célebre compañero de generación, Mario Benedetti, consternó al medio cultural. En la tarde del lunes, sin embargo, los pronósticos eran moderadamente alentadores. Había salido bien de la operación, y quienes la pudieron visitar esa tarde coincidían en que su energía y lucidez estaban intactas. Idea daba una batalla más con la vida, desafiando a la muerte, esa compañía que estuvo como núcleo potente, expresivo, en su poesía.
Pocas horas después ese afán vital cesó, casi como una forma de cumplir con lo que había dejado como descarnada confesión en el poema Si muriera esta noche: "si ahora/entornando los ojos me muriera/sintiera que ya está/que ya el afán cesó/y la luz ya no fuera un haz de espada ... y todo ya no fuera un haz de espadas".
El velatorio de Idea Vilariño se cumplió casi como un ritual. Desde las once y hasta poco antes de las tres de la tarde, un pequeño grupo de familiares, amigos íntimos, representantes de la cultura, acompañaron sus restos en un tiempo de recogimiento, sin palabras.
Después, el féretro fue trasladado hasta el Paraninfo de la Universidad de la República, donde se rindió un breve homenaje a la vida y la obra de Vilariño. En este acto participaron autoridades de la Intendencia, el Director Nacional de Cultura, Dr. Hugo Achugar, la Ministra de Educación y Cultura, Ing. María Simon, junto al decano de la Facultad de Humanidades José Seoane y al rector Rodrigo Arocena.
No fue un acto de multitudes. Tampoco fue un acto de apologías o exégesis de su obra. El protocolo oficial, los discursos cedieron el lugar a la emoción, y también al silencio. Muchos de los presentes coincidieron en que la poeta no hubiera aceptado este homenaje, de la misma forma que los rechazó en vida.
"No es fácil para ninguno de los que estamos acá despedir a Idea Vilariño. No es fácil porque de un modo u otro, Idea Vilariño se hizo carne en nosotros. No es fácil porque vueltas tiene la vida. El año en que celebramos el centenario del nacimiento de Onetti se nos va Idea". Con estas palabras el Dr. Achugar inició una emotiva semblanza, marcada por sus propias vivencias, y el afecto personal hacia Vilariño. "¿Cómo recordarla? Lamentablemente la última imagen que tengo es la de anoche, hacia las nueve, en su lecho agónico. Era y no era Idea. Era un ser humano luchando, un ser humano en su afán. Pero el afán ya cesó", agregó. Pero ella "sigue con su palabra, con sus amores dramáticos, intempestuosos, implacable. Sigue viva en su leyenda. En la leyenda que siempre fue para los que la conocimos ya hecha y derecha".
Casi al mismo tiempo que se realizaba este acto en la Universidad de la República, el Dr. Tabaré Vázquez escribió en el sitio web de la Presidencia: "La Presidencia de la República y el Gobierno Nacional expresan su pesar ante el fallecimiento de Idea Vilariño. Su creación literaria la ubica entre las principales poetas de la lengua española de nuestro tiempo".
Este reconocimiento oficial, sintoniza con lo que señalaron muchos de los que acompañaron la despedida de la poeta. El músico Daniel Viglietti señaló a El País que Vilariño "es una insigne poeta de nuestro país, de nuestra América, yo diría de nuestro tiempo. Además que abordó con maestría otras disciplinas culturales, entre ellas fue una brillante traductora". La cantante Cristina Fernández, la definió como una figura clave de nuestra cultura y una creadora que supo hablarle al hombre común. Un concepto que la propia Vilariño ya había afirmado mucho tiempo atrás, y que su editora, la crítica literaria Ana Inés Larre Borges, recordó: "Lo de Idea es una poesía sostenida por poetas y por la gente común. Ella pensaba que los grandes poetas para ser grandes tienen algo que decir al hombre común". Eduardo Galeano, también la definió, en una entrevista con la agencia AFP, con su habituales metáforas: "La poesía de Idea era como un árbol crecido al revés, con las raíces al aire. Ese árbol seguirá estando".
Idea Vilariño nació en Montevideo el 18 de agosto de 1920, en una familia que tuvo a la cultura y al arte como eje vital. Fue la cuarta hija del matrimonio de Leandro Vilariño, un anarquista y poeta vocacional, y Josefina Romani, y sus hermanos fueron Poema, Azul, Alma y Numen.
Antes de llegar a los 30 años, Vilariño ya era una figura reconocida en el mundo de las letras de la región. Hacia mediados de los años `40, ya había publicado obras claves en el desarrollo de su personal lenguaje, como La suplicante (1945) o Paraíso perdido (1949).
Su voz pronto se convirtió en uno de los motores de un inquieto grupo de creadores conocido después como la Generación del 45. En esa camada que perfiló un lenguaje nuevo para nuestras letras estaban Juan Carlos Onetti (con quien mantuvo una apasionada relación), Mario Benedetti, Sarandy Cabrera, Carlos Maggi, Amanda Berenguer, el sanducero Humberto Megget, Emir Rodríguez Monegal.
Tal como lo recuerdan muchos de sus amigos, Vilariño también se desempeñó con singular capacidad en otros campos de la cultura. Paralelamente a su labor poética, dio clases de literatura en Secundaria, desde 1952 hasta 1973. Tras la apertura democrática, en 1985, volvió a la docencia pero en la entonces Facultad de Humanidades y Ciencias. También fue una brillante traductora y aguda ensayista (alcanza con recordar su trabajo sobre las letras de tango, una referencia ineludible). Y tuvo una vinculación muy estrecha con el mundo de la canción popular. Varios de sus textos ganaron la popularidad a través de las musicalizaciones de Zitarrosa, Viglietti, Washington Carrasco o Pepe Guerra.
La crítica literaria Ana Inés Larre Borges, quien también es editora de la obra de Vilariño, recordó ayer un pensamiento Emir Rodríguez Monegal. "Esto no es una cita textual, pero creo que refleja claramente el valor de Idea. Rodríguez Monegal escribió en una carta en los años cincuenta que `de todos nosotros se va a hablar porque fuimos los contemporáneos de Idea`".
Quien llegó a esa potente afirmación fue parte de aquella Generación del 45. Y desde su labor crítica, ensayística, Rodríguez Monegal dejó algunos testimonios del peso que Vilariño tuvo en la conformación de esa camada notable de creadores.
Hoy ya no hay dudas al respecto. Esta creadora fina y a la vez tajante, descarnada, dejó un legado poético conmovedor. La muerte y la vida formaron un binomio medular en su obra. Quizás no luchaban como opuestos. No eran el temor y la redención. Pulsaban como materias para un continuo compromiso con el decir cercano al hombre común, y no sólo al letrado, al culto. Vilariño, como también recordaba Larre Borges, creía que los grandes poetas son aquellos que pueden llegar a decir, conmover, inquietar al hombre común. Y así fue ella.
El músico Washington Carrasco narró a El País en la tarde de ayer una anécdota que pinta claramente a la poeta. "Con Cristina (Fernández) estábamos actuando en el teatro del Centro y ella nos fue a ver, porque justamente interpretábamos poesías de ella". Al finalizar el concierto los fue a saludar. "Yo la conocía de antes, pero Cristina era la primera vez que la veía. Para ella fue como un dios bajado a la tierra. Le digo entonces a Idea: `no te animás a acompañarnos a comer un puchero acá a la vuelta`. Y ella me responde: cómo no. En ese momento Cristina me dice cómo la vas a invitar a Idea a comer un ¡puchero! Idea siempre se acordaba de eso. Y cuando nos veíamos decía: `no habrá un pucherito`".
Con esa misma cercanía a lo cotidiano, simple, Vilariño pudo llegar también al mundo de la canción, y dejó una producción más que extensa. Entre sus principales títulos figura: La suplicante (1945), Paraíso perdido (1949), los geniales Nocturnos (1955), los conmovedores Poemas de amor (1957), una obra clave: No (1980), entre otros tantos ensayos y análisis críticos.
Su carácter fuerte, tajante, y ese peso de su obra han quedado plasmados también en la entrevista que le realizaran Rosario Peyrou y Pablo Rocca (una de las pocas que concedió) y que sirvió para el documental Idea de 1998, dirigido por Mario Jacob.
Hugo Achugar - Director de cultura del MEC
"Podría hablar del tajo que supuso su escritura. De la llaga profunda que fueron sus versos (...) Pero prefiero en este momento recordar a la mujer (...) seduciendo con sus ojos en la foto icónica de París", dijo emocionado en el acto en la Universidad.
Daniel Viglietti - Músico
"El vínculo (con Idea Vilariño) no fue puramente artístico. Fue una amistad con un ser leal, con un ser respetuoso, un ser con convicciones revolucionarias y que aportó su compromiso en los años de lucha. Ella fue una persona comprometida".
Hortensia Campanella - Centro Cultural de España
La escritora y gestora cultural recordó tanto a Vilariño como a Mario Benedetti: "Son dos grandes de la literatura uruguaya. Idea esa poeta tan intensa, tan vividora de su propia poesía. Y Mario que tiene esa facilidad para llegar a todos".
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| Foto: El País. |
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