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Domingo 26.04.2009, 16:40 hs l Montevideo, Uruguay
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Editorial


Reflexión

Los dos Vázquez y el futuro

Jorge Larrañaga

El Presidente Vázquez acaba de anunciar en el exterior -reiterando una pésima costumbre de que los temas importantes los anuncia afuera del país- que "como persona" apoya la anulación de la ley de caducidad, aunque como Presidente no.

No poca sorpresa causa este pronunciamiento, y más todavía, cuando el mismo se funda en la distinción entre "persona" y "Presidente", como si ésta fuera posible: Vázquez persona estima bueno para el País algo que el Presidente Vázquez no lo considera así; y alegremente desdobla su personalidad, logrando, convenientemente, que se pueda estar de acuerdo con la persona o con el Presidente, según la posición de cada uno.

Los dos Vázquez la mayoría de las veces andan juntos, gobiernan juntos, pescan juntos, intentan elegir sus sucesores juntos (es lógico, sólo tienen una credencial) pero a veces, se distancian y piensan distinto. Y cuando esto sucede, los dos Vázquez tienen la suerte de que logran comprender a todo el espectro político del país en sus divergencias. Es como si un Vázquez fuera de Progreso y el otro de Fénix, contentando a la Teja y a Capurro al mismo tiempo. La Biblia y el Calefón, Discépolo dixit…

Esto no es nuevo en estos tiempos, pero ahora la doctrina del "como te digo una cosa te digo la otra", del candidato oficial del Frente Amplio, se convierte en doctrina oficial del superior gobierno.

Pero lo que es bueno para "el Vázquez Persona" y "el Vázquez Presidente", no es bueno para el país. Uruguay precisa un presidente que con honradez y franqueza le diga a los ciudadanos en qué cree, y qué hará en caso de llegar al gobierno. Y luego, si resulta electo, lleve adelante sus convicciones personales, convirtiéndolas en acción de gobierno. Esta es la única manera de ser intelectualmente honrado en términos políticos. Así de simple.

Naturalmente, la ética de la responsabilidad puede aconsejar no llevar adelante determinadas acciones porque las circunstancias no lo permiten o no resultan convenientes, pero nunca, invocando aquella, el Presidente puede alentar a sus partidarios a que realicen algo contrario a la política de gobierno que defiende, porque "personalmente" le simpatiza.

El Presidente Vázquez debería proceder en la instancia como lo hizo respecto al tema de la ley del aborto -más allá de las posiciones a favor y en contra del tema que cada persona tenga- donde defendió sus convicciones personales con la autoridad que su posición institucional le permitía, haciendo coincidir sus convicciones con la acción de gobierno.

Así debería actuar ahora.

Lamentablemente ha optado por otro camino. La ley de caducidad que se obligó a respetar y cumplir al comienzo de su mandato, la misma ley que le permitió dejar fuera de la caducidad de la pretensión punitiva del estado varios casos, y que resultaron en procesamientos y prisión para notorios integrantes de la dictadura, ahora se ha convertido en "la ley de impunidad" que lo avergüenza como persona.

El Presidente ha dejado paso al dirigente preocupado por su interna, por las luchas de poder intestinas que ocupan a su fuerza política, y descendió de su posición institucional ante el temor de que otros tomen la bandera de la "lucha contra la impunidad", desdiciendo todo lo hecho hasta el momento.

Si efectivamente cree que el Uruguay "no se merece una ley de impunidad como la que tiene", que envíe inmediatamente al Parlamento un proyecto de ley para derogarla, o estampe su firma para anularla, como lo quieren sus correligionarios y que la población tenga claro, qué piensan cada uno de los actores políticos. Todo es mejor, en términos institucionales, a esta política ambigua de los dos Vázquez, que le permite en forma camaleónica, exhibir el color que más le conviene.

Y que no olvide que esta ley, es la única de todo el sistema legislativo uruguayo, cuyo "merecimiento" fue consultado en forma directa a todos los uruguayos, quienes decidieron en forma contraria a lo que él cree que se merecen.

De nosotros que no se espere tal cosa. No queremos más seguir discutiendo sobre el pasado, sino sobre el futuro. Muchas veces parece que el miedo a asumir los desafíos que este nos presenta, inmoviliza de tal forma a los orientales, que terminamos refugiándonos en nuestro pasado, para no hablar del futuro.

Y en el futuro inmediato mientras tanto, aparece la noticia de que el precandidato oficial del partido de gobierno, ha sumado a su campaña un nuevo apoyo y ahora no sólo es el precandidato oficial del Frente Amplio, sino también del ex Presidente argentino Néstor Kirchner.

Para vergüenza de quienes creemos en el supremo principio de la autodeterminación de los pueblos y no intervención, el ex Presidente Kirchner, posiblemente el gobernante argentino que peores relaciones ha tenido con el Uruguay desde los tiempos lejanos de la Banda Oriental y sus luchas contra el centralismo porteño, anuncia su apoyo expreso al precandidato oficial del partido de gobierno.

Pero como en estas épocas que vivimos, nuestra capacidad de asombro no tiene límite, no es sólo Kirchner quien apoya a Mujica, ni tampoco este apoyo es sólo espiritual. El piquetero D`Elía, el mismo que pudimos ver por televisión atacando a los ruralistas argentinos con sus "muchachos", se sumó al apoyo a Mujica y le confirmó a El País que "Él sabe que cuenta con la solidaridad permanente de la central de movimientos populares de Argentina, de la cual yo soy el secretario general". "Ya le hemos cedido una oficina a Mujica en el barrio del Once para que sus adherentes puedan reunirse y llevar adelante iniciativas. (El apoyo) se traducirá con el correr de los días en actos y acciones solidarias con la campaña de Mujica. Ya lo hicimos con Tabaré también".

Y ni Mujica, ni nadie de su entorno, tienen la dignidad suficiente para explicarle a Kirchner y a D`Elía que los uruguayos no aceptamos injerencia extranjera de nadie en nuestros asuntos internos. Nada, ni una palabra atinan a decir.

¡Qué caros que han salido aquellos votos del Río de la Plata del 2004 en términos de dignidad e independencia!

Ya es tiempo de terminar con esta historia y comenzar a escribir una muy distinta. Donde los uruguayos todos juntos, y sólo nosotros, comencemos a construir el Uruguay de las oportunidades.

El País Digital

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