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Rodolfo Sienra Roosen
Cuando en 1999 Batlle le ganó a Vázquez la segunda vuelta, algún prestigioso politólogo vaticinó que en el 2004 el Frente Amplio llegaría al poder. Y fue así.
En perspectiva histórica, podríamos lamentar que el cruce de las líneas de evolución electoral no hubiera ocurrido cinco años antes, aunque para la suerte del país, fue preferible que el Frente no estuviera en el gobierno cuando importamos la crisis bancaria de 2002, porque entonces habría ocurrido lo que Vázquez pedía a gritos -la caída en default de Uruguay a instancias del FMI- mientras el gobierno de la época se debatía por evitar lo que hubiera sido una catástrofe y lo logró. Esa catástrofe habría demorado la recuperación que comenzó en 2003. En la ocasión contamos con buenos gobernantes, excelente diplomacia, y el prestigio del país ante los organismos internacionales de crédito.
Con una izquierda obcecada en impedirlo Uruguay salió a flote, y cuando cambió el gobierno, el proceso de crecimiento de la economía se afirmaba cada vez más. Pero este gobierno en funciones no aprovechó como debía el excepcional y transitorio ciclo expansivo. Desoyó las advertencias que le llegaban sobre la necesidad de ahorrar, como lo hizo Chile por ejemplo.
No se niega la necesidad de atender la deuda social, pero de ninguna manera se justifica el volumen del gasto, y el haber cedido a presiones sindicales, aceptando aumentos salariales totalmente inadecuados para los tiempos de recesión que ya estamos viviendo. El renacer de las ocupaciones de empresas, como es el caso de Motociclo, y la sucesión de paros, van a matar a las fuentes de trabajo, y los primeros perjudicados van a ser los trabajadores.
Las próximas elecciones se proyectan para ser las más cruciales de nuestra historia en muchos años. Hay que pensar y razonar mucho el voto.
No hay que sugestionarse con las encuestas que han trascendido. Es sabido -aunque pocos ponen el énfasis debido en ello- que los márgenes de error en las elecciones primarias, en que no hay voto obligatorio, es muy grande.
En las que se presentan más parejas como las del Partido Nacional, se habla de un margen de error de más o menos nueve, que baja a más o menos siete en las del Frente. Y parece evidente que sin saber quiénes serán en definitiva los candidatos de cada partido para octubre, no se pueden hacer proyecciones para ese entonces. Este dato es fundamental, porque la fidelidad partidaria, sobre todo en la coalición de izquierdas plagada de confrontaciones ideológicas entre los sectores de precandidatos que no parecen fácil de compatibilizar su convivencia electoral, cuesta también concebirla como firme.
Además, siempre con el objetivo puesto en el cambio de un gobierno que no respeta al Derecho como lo ha demostrado reiteradamente, que no da garantías a nadie, y que no tiene programas, ni alternativas, ni hombres preparados para afrontar las dificultades de los tiempos que inevitablemente vendrán, es necesario convocar al voto racional, al voto pensado, al voto útil, para conseguir ese objetivo absolutamente prioritario. La edad de imputabilidad penal de menores, la creación de una guardia nacional, o las relaciones con el F.M.I., son temas importantes, pero lo primero es lo primero: hay que sacarlos. Lo otro, es tarea posterior.
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