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Mientras los Estados Unidos tratan con diplomacia a su nuevo "socio global", Brasilia en cambio se ha mantenido en gran medida en silencio, mientras el hombre fuerte de Venezuela, el presidente Hugo Chávez, amenaza a las empresas extranjeras, intimida a la oposición y amedrenta a la Justicia y al Congreso.
"Nadie puede afirmar que la democracia no existe en Venezuela", dice el mandatario Lula da Silva en una preparada defensa del compañero Hugo Chávez. Citando el principio de soberanía que sirve para todo, Brasil también condenó a Colombia, el aliado más estrecho de Estados Unidos en la región, por haber atacado el campamento guerrillero de las FARC en la selva ecuatoriana, el año pasado, y de manera rutinaria se abstiene ante las resoluciones de Naciones Unidas que condenan las violaciones a los derechos humanos en Cuba.
Pero, Lula casi no ha coincidido con la revolución bolivariana. En cambio, ha controlado a la región, imponiendo el comercio a sus vecinos y convirtiendo a todo el continente en un mercado cautivo para los bienes brasileños. En definitiva, el poder de Brasil no deriva de las armas, sino de sus enormes recursos naturales, incluyendo petróleo y gas, metales, soja y carne, así como se ha convertido en abastecedor clave de los mercados en Asia y de los que están más cerca de su territorio.
Brasil ahora disfruta de un excedente comercial con cada país de la región, incluyendo uno de US$ 1.000 millones con Venezuela. "Convertir los recursos naturales en bienes con valor agregado ha ayudado a Brasil a golpear más fuerte que su peso", señala David Rothkopf, ex jerarca del Departamento de Comercio de Estados Unidos.
Por ejemplo, Lula frustró dos grandiosas propuestas de Chávez: la creación de un banco de desarrollo regional (el llamado Banco del Sur) y una refinería conjunta brasileño-venezolana. Lo hizo de manera silenciosa, eludiendo adjudicar el dinero para ayudar a esos proyectos. También le hizo una reprimenda a Chávez por sus gastos en armamento moderno, pese a que la economía venezolana es tan débil que se ha convertido en dependiente de Brasil para los bienes básicos de consumo. "Por Dios, ¿para qué quieres todas esas armas?", le habría recriminado Lula a Chávez en reciente reunión. "En los hoteles ni siquiera se puede conseguir leche para el café".
El Congreso de Brasil terminará votando el ingreso de Venezuela al Mercosur en las próximas semanas, no como una aprobación de los designios imperiales de Chávez, sino como manera de contenerlo a través de las obligaciones comerciales del tratado de ese bloque, como es el respeto a la democracia y la protección de la propiedad privada. Esta es la apuesta de Brasil y su elaborada política exterior.
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