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"Cruel". Es la obra que la compañía de Deborah Colker hará el 2 y el 3 de mayo
ALEXANDER LALUZ
La bailarina y coreógrafa Deborah Colker regresa a Montevideo con su prestigiosa compañía para presentar Cruel. Un nuevo espectáculo de danza que se verá (y conmoverá) en el teatro Solís en dos únicas funciones: el 2 y 3 de mayo.
Varios días antes de su llegada a Montevideo, El País dialogó con Deborah Colker sobre la nueva obra y todos sus proyectos. La artista se encontraba entonces en Canadá trabajando intensamente con el Cirque du Soleil. En la agenda los días estaban contados: el estreno de Ovo, el nuevo espectáculo de la compañía circense que la tiene como directora, escritora y coreógrafa, estaba próximo. El equipo de artistas que la acompaña es muy grande, pero la responsabilidad y el trabajo no disminuye. "Estoy en Canadá, en la recta final, y muy cansada, exhausta, mejor dicho. El trabajo fue muy largo y estrenamos la semana que viene", confiesa con voz algo entrecortada.
Ovo finalmente se estrenó el pasado 23 de abril. Y el mundo de los insectos, con todo su movimiento y color, ya está inundando los escenarios con esas proezas visuales, corporales que son el sello del Cirque du Soleil. La diferencia llega ahora de la mano de una experta en materia de movimientos, cuerpos y espacios.
Pero Colker también quiere hablar de Cruel. Es su otra creación que está afirmando sus pasos luego del estreno en Brasil, a fines de abril del año pasado.
La obra fue concebida, gestada y parida en un trabajo colectivo que involucró a toda su compañía de danza. Ese trabajo creativo insumió casi dos años. Y el resultado es un singular y abierto cruce de la danza con lo teatral. "Cruel es un drama pero no tiene una narrativa específica", afirma Colkler. "Ese aspecto queda en manos del espectador, que podrá elaborar su propia trama con el contenido dramático de la obra".
En ese puzzle se construyó a partir de muchas historias de vida, personales, familiares, que se volcaron "en el cuerpo, en el movimiento. Todo el grupo trabajó con improvisaciones y creando un vocabulario de movimientos y descubriendo las partes del cuerpo con las cuales contar esas historias".
El paso siguiente fue encontrar la relación del cuerpo con un objeto que encierra una larga historia con el encuentro familiar: la mesa. "Ese objeto está asociado con el lugar donde todo se decide, donde la familia se encuentra en la mayor intimidad. Al mismo tiempo tenemos el espacio que se crea debajo de la mesa, ese lugar que no puede ser visto", destaca Colker. Con esta metáfora física, Cruel completa el primer impulso, las primeras historias abiertas, y su primer gran acto. "Mucha gente entiende que allí están cuatro familias, otros ven solamente una. No importa. La clave es que las relaciones afectivas están ahí, y con ella se construyen los asuntos de familia. Ese es un tema intenso y muchas veces cruel para todos nosotros". Para el segundo acto, Colker y su compañía trabajaron sobre la imagen del espejo. "Esa metáfora -dice la creadora- apunta a la idea de que no hay nada más cruel que verse a uno mismo, entender nuestro pasado, presente y futuro. Cuando uno ve al espejo se encuentra con la realidad, con lo que no querría ser, con la multiplicidad de personas que tenemos dentro".
Con este potente juego de metáforas de Cruel, la compañía de Colker llegará a Montevideo para motivar al público a crear desde la percepción. Un merecido (necesario) elogio a la inteligencia y a la sensibilidad.
La Compañía de danza Deborah Colker se creó en Brasil en 1993. Desde ese año, Colker ha trabajado intensamente en la creación y difusión de la danza contemporánea, y tanto ella como su grupo se han convertido en un referente ineludible para esta disciplina artística. En sus creaciones ha mixturado la danza, el teatro, la música, las artes plásticas, la filosofía, la fotografía y otros campos de la expresión y el pensamiento.
Entre sus espectáculos más reconocidos se cuentan Mix (1996), Rota (1997), Casa (1999), 4 por 4 (2002) o Nó (2005). Este último dejó muchas líneas abiertas que se continuaron y profundizaron en Cruel (2008), para el que Colker trabajó con Gringo Cardia en la dirección de arte, Berna Ceppas en la música, Gilberto Gawronsky en la dirección teatral, y el dramaturgo Fernando Muniz.
"En mi trabajo me interesa mucho la relación del movimiento y el espacio. La escenografía en mis creaciones no es algo decorativo, sino un espacio de interacción", afirma Deborah Colker. Esto se fundamenta en su preocupación por trabajar la danza como una forma de síntesis artística, en la que convergen varias disciplinas. "La danza -dice- puede y debe explorar universos en los que dialogue con el teatro, la música, con todo el mundo del cuerpo, su arquitectura. Esta exploración puede subvertir otros órdenes para crear nuevos mundos".
Por ello, Cruel es, además de un obra de danza, un hecho artístico integral y un alegato social e incluso político. "Todo hombre es un ser político, que participa, que piensa, que actúa. En ese sentido filosófico Cruel es política: con ella nos estamos colocando en la sociedad, en sus problemas a través del movimiento", proponiendo una profunda reflexión de las relaciones familiares, los afectos, la crueldad que comporta el (re)descubrimiento interior. En ese trabajo, el espectador es el primer actor a comprometer desde la interpretación.
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