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Viernes 24.04.2009, 18:53 hs l Montevideo, Uruguay
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Editorial


[EDITORIAL]

En juego, la libertad

Hace unos días leíamos en un medio colega una frase de Víctor Hugo, que palabra más o menos, hablaba de la trascendencia de la razón en la filosofía, de la inspiración en el arte, y del derecho en la política. Este gobierno, gestado en la intelectualidad "progresista", racional y filosóficamente no tiene defensa. Está integrado por esos para quienes el pensamiento único es el del que lo sabe todo, y al tiempo de haber denostado la política no hicieron otra cosa que practicarla.

Su designio es que todo es igual, lo verdadero y lo falso, lo bello y lo feo, el darle el mismo valor al alumno que al maestro, de que no hay que poner calificaciones para no desalentar al mal estudiante, el de hacernos creer que la víctima cuenta menos que el delincuente. Son todas variaciones de la intención descarada de igualar a la sociedad, pero empujándola hacia abajo, a la mediocridad.

Llegaron para anunciar que la autoridad estaba muerta, que las buenas maneras habían terminado, que no hay nada sagrado, nada admirable antes que ellos, con el eslogan de "vivir sin obligaciones y gozar sin trabas". Así los definió Sarkozy, recordando -como si estuviera aquí- que quisieron terminar con la escuela de la excelencia y de civismo, asesinando los escrúpulos y la ética. Han renunciado al mérito, no estimulan el esfuerzo ni la cultura del trabajo practicando el asistencialismo más descarado, y atizan el odio a la familia, a la sociedad, y a la república. Esta es la hora de recuperar los antiguos valores del respeto, de la educación, de la cultura, de hacer valer a las obligaciones igual o más que los derechos.

Pero atención, porque además de lo expuesto -que no es poco- en estas elecciones se juegan las garantías individuales, la libertad. Tenemos la esperanza que nuestra ciudadanía ya lo haya advertido como para sacarlos del gobierno, pero insistiremos en la necesidad que se inculque lo que puede significar otra vez una dictadura manteniendo las formas para disimularla. Este gobierno de izquierda, bajo una fachada de moderación en las poses presidenciales, no se ha cansado, en el ámbito político, de violar permanentemente al derecho. Ejemplos sobran. A pocos días de asumir, el Presidente calificó de "peligrosos delincuentes" a quienes estaban -y todavía están- bajo proceso y sin sentencia, y en el momento que habló ni siquiera tenían acusación fiscal.

También enseguida, por vía de la derogación de un decreto hizo posible la ocupación de las empresas invocando el derecho de huelga, lo cual es inaceptable, pero aunque no fuera así, nada lo autoriza a dar prioridad a la huelga sobre el derecho de propiedad.

Prescindió de la policía para la custodia presidencial e incorporó a gente de afuera para sacarse el miedo. Habló veladamente de los medios de prensa opositores, como si estuviera en sus facultades mensurar los límites de la libertad de expresión, a la cual se la ha agredido pues se sabe de periodistas que perdieron su trabajo y de programas que fueron levantados.

Hizo política abiertamente a través de los "consejos de ministros", actos partidarios desfachatados con los que recorrió el país para culminar con una "rendición de cuentas" en Montevideo, bajo advertencia que nadie debía preguntar el costo de aquel montaje del tinglado, hasta que se lo ordenó un juez y cantó 129.000 dólares. Nombró una Fiscal de Corte interina a quien no estaba constitucionalmente habilitada para ejercer el cargo. Se vengó del Fiscal de Corte, excluyéndolo expresamente de los aumentos de sueldo decretados para toda la Administración, por la osadía de haber sostenido la inconstitucionalidad del IRPF a los pasivos, y sustituyó el impuesto con otro igual pero de diferente nombre, burlándose así de los perjudicados. Hay más, pero el remate lo dan los gobernantes que han apoyado la "anulación" de una ley, sentando un precedente funesto.

Ha llegado la hora en que en la campaña electoral se haga caudal de lo que puede ser la consolidación de un gobierno que responda a una alianza entre el comunismo estalinista con quienes quisieron imponer una revolución socialista a la cubana, o lo deje en manos de un enemigo de la clase media que impuso una reforma tributaria que dejó en evidencia la mentira de aquella prédica que pagarían más los que tienen más, cuando la carne de cañón es la de los que más trabajan o han trabajado.

No hay tema más importante para el país.

El País Digital

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