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JUAN EDUARDO AZZINI
Punto fuerte en la campaña electoral de Obama fue el tema sindical; su concepción de los sindicatos y como debía ser su forma de actuar. Expresó que "no se puede tener una clase media fuerte sin sindicatos fuertes". Pero también, que esperaba "sindicatos libres de intervenciones políticas y sin injerencias partidarias". Sin lugar a dudas que, este discurso, le afianzó el respaldo del fuerte aparato sindical de EE.UU.
Por cierto que éste no es nuestro caso actual, en que los sindicatos actúan dentro del propio partido del gobierno y con injerencia total del Partido Comunista. Todo lo cual está muy lejos, aún de los "sindicatos" comunistas en la vieja URSS.
La Constitución soviética de 1936 asignó al Estado la dirección y gestión a través de los Planes Quinquenales inspirados en los planes del Imperio Alemán de entonces. El Plan de la URSS abarcaba la vida total del país, fijaba la importancia de los sectores, las metas de producción por ramos, los salarios, costos y ventas. Los primeros Planes fueron de extrema rigidez y aplicados por los "Comisarios". El Plan 1936/40, por ejemplo, disponía la semana de 7 días con 8 horas de trabajo, violando las conquistas iniciales de la revolución y la propia Constitución de 1936.
Los trabajadores no podían abandonar los lugares de trabajo fijados, siendo ello penado con cárcel. Las faltas se castigaban con trabajos forzados. El campesino quedaba sujeto de la cuna a la tumba, a su granja colectiva, y el obrero, desde su niñez, a su lugar de trabajo y oficio.
Ningún ruso podrá trasladarse a otro punto de su país, y mucho menos al extranjero (salvo misiones y "órdenes superiores" reservadas a los personajes de "elite"). Ya en el Tercer Plan, más de 2 millones de Kulaks, o sea los labradores dueños de tierras de cualquier dimensión, fueron liquidados por purgas directas, trasladados a Siberia, y condenados a sufrir feroces hambrunas organizadas. La minoridad dejó de ser protegida y, por decreto de 8/4/935, se penó la vagancia y delitos menores desde los 12 años con pena de muerte.
En el Tercer Plan quedó abolida la instrucción pública universal y gratuita de la Constitución de 1936, debiendo pagar los cursos desde 4° año escolar, secundaria, universidades, bellas artes y música. Pero se privilegia la creación de castas especiales: los hijos de altos funcionarios públicos, artistas, ingenieros, escritores, técnicos, naturalmente los de la elite del gobierno. Estos serán los únicos que podrán alcanzar altos puestos públicos en el futuro. Al mejor estilo de Pedro el Grande los campesinos son convertidos en siervos de la gleba al ser trasladados a las fábricas del Estado.
Se aprecia un paralelismo con el fascismo italiano en muchas de estas medidas, y especialmente, en cuanto a la ausencia de sindicatos libres.
Nos queda entonces una interrogante olvidada por los comunistas criollos y sus dirigentes sindicales: ¿qué libertad tenían los trabajadores rusos con ese rígido panorama de normas y sanciones? Pero entonces, además, ¿qué libertad tenían los trabajadores con esos "sindicatos"?
No hay dudas de que uno de los últimos parágrafos del Manifiesto Comunista: "En resumen, los comunistas apoyan por doquier todo movimiento revolucionario contra el régimen social y político existente (...)" era solo para países como Uruguay .
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