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Viernes 24.04.2009, 18:47 hs l Montevideo, Uruguay
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Espectáculos


NATALIA OREIRO

"Me aburre hacer siempre lo mismo"

Henry Segura

Este mediodía Natalia Oreiro se estará presentando en el Hotel Mantra de Punta del Este, junto al artista plástico y cineasta Martín Sastre. En el marco del Festival de Cine, los dos lanzarán el proyecto "Miss Tacuarembó", basado en la novela homónima de Dani Umpi, que piensan filmar pronto, uniendo Tacuarembó con Buenos Aires.

Son cuatro las películas que están en su agenda 2009. Viene de estrenar hace un par de semanas y con enorme éxito de taquilla Música en espera, junto a Norma Aleandro y Diego Peretti, y casi simultáneamente terminó el rodaje de No necesitamos de nadie, convocada por otro uruguayo, el director Adrián Israel Caetano. Se encuentra en pre producción su salto internacional, que la llevará a filmar Freedom for Joe al lado de Anne Archer y Robert Patrick. Y a partir de hoy entra oficialmente en su vida Miss Tacuarembó, un proyecto que viene acariciando desde hace unos años y que tiene en ella a uno de sus animadores más entusiastas.

No es casualidad que haya acumulado tantos títulos y en tan poco tiempo. Tampoco lo es el hecho de haber congelado su participación en la novela Alguien quien me quiera, junto a Luciano Castro, que estaba programada para inicios de esta temporada, con Adrián Suar en el comando de producción. Es que no tiene reparos en admitir que desde hace un tiempo viene replanteándose las propuestas que recibe, para no perder lo que considera esencial en su profesión: la capacidad de disfrute.

El cine le está ofreciendo personajes muy diferentes entre sí y con respecto a los que le dieron gran popularidad por televisión. Pero no reniega del pasado sino que lo evalúa desde las perspectivas de sus 31 años (el 19 de mayo cumple 32), cuando la muchachita todopoderosa que hacía varias cosas a la vez ya no está y la del presente quiere administrar fuerzas. Por eso, además, algunos de sus proyectos parecen haber asumido una dimensión más personal, como ocurre con Miss Tacuarembó, donde interpretará a una tacuaremboense que termina trabajando en Buenos Aires.

- ¿Cuándo se produjo tu encuentro con la novela de Dani Umpi?

- Creo que fue hace unos ocho años. Yo conocí a Dani y a Martín Sastre porque participaban del Movimiento Sexy, de artistas uruguayos, cuando se presentaron en La Recoleta y una de las instalaciones que habían hecho tenía que ver conmigo. Me invitaron a participar y me festejaron mi cumpleaños número 24 y ahora tengo 31. En ese momento me contó Dani que había escrito una novela y me pasaron unas páginas pero yo estaba en mil cosas y no profundicé mucho. Con los años, hará unos cuatro, caminando cerca de mi casa pasé por una librería y vi un librito entre libros enormes que se llamaba Miss Tacuarembó. Me llamó la atención, hubo algo que me sonaba familiar y entonces me lo compré, me lo devoré, me encantó y le pedí el teléfono de Dani a un amigo argentino que tenemos en común, Gustavo Marra, que además es productor y le encantó la idea de hacer una película en Tacuarembó. Yo estaba en Rusia en ese momento, haciendo una gira. Lo llamé a Umpi para decirle que me había encantado y que se podía hacer algo con la novela. Ahí me contó que le había dado los derechos a Martín Sastre, que vivía en España, y fue así que empezó todo pero yo con Dani no me encontré nunca, mi contacto fue telefónico. Con Martín nos juntamos un par de veces en Buenos Aires, después yo viajé a España porque tenía que hacer la presentación de Cleopatra y en ese momento surgió la posibilidad de hacer Miss Tacuarembó.

- ¿Qué fue lo que más te atrajo de la Natalia de la novela?

- A mí me encantó la novela, me pareció que tenía un humor interesante, un humor negro y me encantó que fuera en Tacuarembó. Conozco Tacuarembó de muy chica, a los 13 o 14 años, cuando fui a hacer un desfile. Había cosas del personaje con las que me identificaba: hice catequesis en Uruguay, tenía actitudes bastante rebeldes, mis padres son muy católicos, y entonces me sentí un poco identificada con esa pequeña Natalia que por un lado le pedía cosas a Jesús y por otro se enojaba con algunas cosas que no podía entender. También entiendo que es una película generacional: yo tengo la misma edad tanto de Dani como de Martín, y es evidente que la música de esa época nos dejó marcados a muchos que ya entramos en los 30, lo mismo que algunas telenovelas. Se hace referencia a Cristal, que yo me la devoraba en las tardes del Cerro. Ese algo generacional me hizo sentir muy cerca del autor y del director, y había algo muy uruguayo y muy divertido que me atraía. Hace mucho que tengo ganas de hacer una peli uruguaya y esta es una buena oportunidad.

- También es un personaje que tiene esas raíces populares que suelen estar en los tuyos. ¿Eso es intencional?

- No sé. Los proyectos que vengo eligiendo en cine no tienen mucho que ver conmigo últimamente. De hecho, he tratado de elegir personajes diferentes a los que venía transitando en televisión, como para no aburrirme y no aburrir y también para poder mostrar otros matices como actriz. Acabo de terminar la película No necesitamos de nadie con otro uruguayo, Adrián Caetano, que todavía no se estrenó y donde hago de la mamá de una nena de 12 años, que es empleada doméstica, y el tono de la película y del personaje está muy distante de lo que yo venía haciendo. Y vengo de estrenar hace pocos días Música en espera, una película preciosa, una comedia con un tono muy distinto al que venía trabajando y mi personaje es de los tres principales el más diferente a los que el público está acostumbrado a ver en televisión. Hago de mujer embarazada, super rígida, como que es la perfecta para todo el resto pero está muy lejos de ser feliz. En cine trato de elegir cosas muy distintas y en Miss Tacuarembó la parte que más me engancha es la de la nena. Obvio que no la voy a interpretar yo aunque le voy a prestar la voz. Después está la Natalia actual que tiene diferencias con la de la novela: la de la película no trabaja en un shopping sino que lo hace en Tierra Santa, que es un emprendimiento muy particular que hay aquí en Argentina, una especie de parque temático que está en la Costanera.

-También esa Natalia de ficción tiene una buena dosis de rebeldía que varios personajes tuyos tienen.

- Sí, eso quizá tenga que ver con la impronta que yo Natalia les pongo. No es buscado, es algo que va surgiendo. A veces en televisión los personajes están diagramados de una manera y es el actor que en el día a día le van dando ciertas formas, y los autores le van viendo ciertas cualidades y van escribiendo para ese diseño que va adquiriendo el personaje. Yo no sé si mis personajes serían iguales si fueran interpretados por otras actrices, seguramente tendrían algunas cosas en común pero cada actor le impone cierta impronta.

- Al hablar parece que tus búsquedas ahora pasan por el cine y no por la televisión.

- A mí la televisión me sigue dando al día de hoy satisfacciones que dudo que el cine me las pueda dar. Yo recorrí el mundo gracias a la televisión y a la música y la gente me conoce mucho más por esos personajes que hice en televisión que por los que he hecho en cine. Lo que me pasa es que uno va creciendo, va trabajando casi sin parar y sucede algo que es normal: los tiempos y las búsquedas empiezan a ser diferentes. Hace poco vieron en Uruguay Amanda O, un proyecto que era arriesgado porque era para Internet y porque interpretaba a alguien que era como la antagonista de la heroína, era la mala de la película y lo hice porque quise correrme de los papeles que venía haciendo últimamente y era una manera de revalorizar el medio, no abusando de la aceptación de la gente. A mí me aburre hacer siempre lo mismo y debo respetar al público por lo que intento en cada proyecto, y no sé si lo consigo, dar algo diferente de mí, que el espectador sienta que hay una búsqueda de parte de mí como artista.

Un compás de espera para la cantante

Cada vez que sube a un taxi, el taxista le pregunta si no canta más y ella suele responder que sí lo hace, pero no en forma comercial porque lo sigue haciendo en su casa o en la sala de ensayos que tiene al lado de la misma. La fuerte asociación de la actriz con la música se mantiene indemne por más que Oreiro hace años que no realiza recitales ni edita un disco. Y está reforzada además por el hecho de que ella vive en pareja con Ricardo Mollo, el integrante de la legendaria banda Sumo y alma mater de Divididos.

"Sigo imaginando cosas que puedo hacer con la música", dice la actriz. De esa manera certifica que hay una línea de continuidad en lo musical, que la ha hecho tomar clases a diario durante tres años, ritmo que los trabajos en cine ahora la obligaron a disminuir. Tampoco hay que olvidar que sus proyectos en cine y televisión se han cruzado con la música, como ocurrió con Amanda O y con trabajos hechos para Rusia que no ha editado porque no quiere comercializarlas. "No todo lo que uno hace tiene que ser vendido", aclara antes de mostrar frontalmente su honestidad al agregar: "Si no he hecho un disco es porque no he tenido nada que decir concretamente, nada nuevo".

Reconoce que quiere sacar un nuevo disco porque su ausencia musical se ha extendido. Y con la misma sinceridad con que reconoce no querer repetirse, sostiene que siente "que en algún momento todo ese trabajo voy a poder encausarlo en algo importante y, además, han variado mis gustos y entiendo que está bueno que haya un espacio importante entre los trabajos por un tema de comparación".

Así queda entablado el paralelo entre la actriz y la cantante: las dos han buscado un cambio que signifique crecimiento, sólo que la actriz se adelantó a la cantante que sigue con su música en espera.

Tiempos para la reflexión

CAMBIO. "No quiero mirar hacia atrás y ver que todos mis personajes son iguales, aunque a la gente le guste mucho: esa muchachita de barrio, en principio con problemas de adaptación, una especie de Pigmalión. Lo que me pasa como actriz es que ya tengo 31 años y hace ya varios que necesito explorar en distintos matices y tonos y sorprenderme primero yo".

CINE Y TV. "Los tiempos son distintos y esto no es hablar mal de la tele. Lo mejor que puede hacer uno es entenderla y quererla y está bueno a veces correrse para conseguir aire porque cuando estás todo el día ahí adentro es difícil darse cuenta de las sutilezas. En cine uno de repente tiene dos escenas por día. Los tiempos de gestación son muy distintos".

FRENO. "Este año tenía la propuesta de volver a la tele, pero elegí correrme de ese lugar por varios factores que en realidad son uno mismo: la búsqueda del disfrute de lo que estoy haciendo. Estaba cansada, había hecho varios proyectos que me demandaron muchísima energía y por otro lado sentía la necesidad de algo que me estaban proponiendo desde hacía tiempo, a lo que no le había dado espacio, y era hacer cine. A la tele la disfruto más en tono de comedia, eso no quiere decir que en algún momento haga miniseries o unitarios, pero me da mucha alegría ir todos los días a hacer reír a mis compañeros, en ese sentido la tele me brinda un espacio de goce y alegría para compartir. Y del otro lado, el cine me da la posibilidad de hacer cosas distintas como actriz".

TEATRO. "Me ofrecieron varias comedias musicales, género que no disfruto demasiado. Prefiero los recitales o el teatro de texto. También me ofrecieron obras de texto, con directores interesantes como Veronese. Me pasa que hay una realidad que tiene que ver con el tiempo físico y tanto al teatro como al cine le tomo un respeto como desmedido y entiendo que tengo que hacer solamente eso y elegí el cine. Sé que hay actores que hacen las dos cosas muy bien a la vez, pero yo no puedo, al menos por el momento. El teatro va a ser más adelante, porque el cine me ofrece papeles que no los podré hacer después. El teatro tiene posibilidades más amplias y uno puede hacer papeles más jóvenes de lo que uno es. El cine es más complicado porque uno tiene la cámara muy pegada y eso cuenta.

El País Digital

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