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Jueves 23.04.2009, 16:15 hs l Montevideo, Uruguay
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Internacional


La bitácora

El progresismo que inspira a Obama

CLAUDIO FANTINI

Cientos de conservadores caminaron hasta los muelles y las costas de ríos, lagos y mares para arrojar té a las aguas. Como acto de protesta, podría considerarse sereno y refinado si no fuera porque en la historia hay un antecedente que revela la dureza del mensaje.

El Motín del Té, ocurrido en Boston, marcó en 1773 el comienzo de la rebelión que desembocaría en la guerra independentista contra la corona británica. Los americanos de Massachusetts contrabandeaban té holandés, burlando la imposición de comprar el carísimo té chino que importaba la Compañía Británica de las Indias Orientales. Y cuando la corona buscó cortar ese contrabando con altísimas tasas aduaneras, los llamados Hijos de la Libertad, disfrazados de indios mohawks, fueron hasta el puerto Griffin, abordaron los barcos y arrojaron al agua todo el té chino que traían en las bodegas.

Así como el Motín del Potemkim fue una de las chispas que encendió la revolución rusa, el "Tea Party" de los bostonianos fogoneó la lucha por la independencia norteamericana. Por eso la forma de protesta que grupos conservadores organizaron contra la política económica de Barack Obama, no es serena ni refinada como parece, sino extrema y exacerbada. La conspiración de una derecha que llegó al absurdo de ver, en las medidas económicas del gobierno demócrata, un plan para instaurar el socialismo en los Estados Unidos.

En esa vereda se juntan organizaciones del fundamentalismo evangélico ligado a la Asociación Nacional del Rifle, grupos racistas y sectores extremistas republicanos que, por cierto, no se identifican con el conservadurismo moderado de McCain, Giuliani y Schwarzenegger. Esas voces incluirán en su denuncia el cambio de la política hacia Cuba y el saludo entre Obama y Hugo Chávez en Trinidad y Tobago. Dirán que constituyen pruebas irrefutables de que el actual gobierno es socialista y anti-americano. Una infamia delirante.

Si el plan anti-crisis fuera de izquierda, no lo cuestionarían por tibio ni Paul Krugman ni Joseph Stiglitz. En todo caso, si Obama es socialista, Krugman y Stiglitz son comunistas de niveles norcoreanos.

El pensamiento de Obama se inspira en fuentes más profundas y novedosas que la vieja escuela de intelectuales progresistas. Ni siquiera adhiere a la tesis anti-globalización del libro "No Logo". En todo caso, de Naomi Klein suscribe que las "supermarcas" imponen "la esclavitud de los consumidores".

La lúcida mirada del mundo que expresa el presidente norteamericano no se inspira en pensadores radicales como Noam Chomsky, sino en concepciones como las que expresa Ulrich Beck. En su libro "La sociedad del riesgo", el sociólogo alemán exalta una idea de "acción ciudadana" que se manifestó, por ejemplo, en la forma en que Obama organizó su campaña electoral desde las primarias demócratas hasta la lucha final por la Casa Blanca.

Lo marcó también su profesor en Harvard y actual ministro brasileño Mangabeira Unge. Leyó con devoción los ensayos publicados por el Critical Legal Studi, adoptando la concepción de la equidad social como atributo indispensable del desarrollo, la idea de la democracia no como quietud burocrática y fría, sino como un sistema que debe construirse y vivirse apasionadamente; además de la consideración de que la virtud de la política "es hacer del ideal del individuo una forma de vida social".

Todas las inspiraciones que nutren el pensamiento de Obama, son mucho más complejas y profundas que el izquierdismo que la derecha dura está denunciando con esa histeria conspiradora que se expresó arrojando té en las aguas.

El País Digital

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