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Jueves 23.04.2009, 16:11 hs l Montevideo, Uruguay
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Espectáculos


Buenos dias

El príncipe y las plantas

REBAR

El príncipe Carlos de Inglaterra no sabe en qué aplicar su tiempo disponible, que es mucho. Educado para no hacer nada, ha exagerado la responsabilidad en el desempeño de su papel, en el reparto de la gran comedia monárquica que tiene por escenario el Palacio de Buckingham.

Se ocupa de pequeñas cosas, como la de tratar de explicarse por qué se casó con Camilla, luego de treinta años en que la recorriera de arriba a abajo con carné de libre tránsito, documento reconocido por el marido de la dama, que empezó siendo guarda e inspector del romance y terminó como Conde de Cornualles, título nobiliario que le calzó de medida.

Tras esas tres décadas en que agarró para el lado de los tomates, a Carlos le ha dado ahora por decir que "hay que hablarles a las plantas": y, para ahondar en la razón (o la locura) de esas manifestaciones, la Sociedad Rural de Horticultura de Inglaterra llevará a cabo un experimento con unas tomateras.

Pero, Charles completó su recomendación de tales conversaciones: fue mucho más allá, todavía; para esas charlitas, sugirió dos garantías autorales que asegurarían con su producción un auténtico deleite para las plantas que las acogieran: Shakespeare (está todo dicho) y John Wyndham (un novelista afamado en el Reino Unido, pero no muy conocido en este Uruguay desunido por las internas).

Aún recuerdo la notable representación que hiciera varios años atrás la Comedia Nacional de "El sueño de una noche de verano". En un pasaje de la obra, el personaje de Oberón -envuelto en el encanto del bosque- observa que el dardo de Cupido había caído sobre una florecilla occidental, "blanca ayer como la leche, ahora purpúrea con la amorosa herida, y a la que llaman las doncellas, Pensamiento".

Ignoro si Charles -que no da muestras de fanatismo por el humor- podría aceptarme una parodia (respetuosa, eso sí, de semejante joya poética) para plantarse frente a las tomateras y hablarles, en medio de "shakespereanas brisas", con estas palabras: "¡Oh, planta mágica que ofrecéis/ el fruto admirado del tomate/ nombre que amamos los ingleses, lo veréis/ si en ronda nocturna de dislate/ recorréis pubs (cuatro, cinco, seis)/ y en cada uno, bebiendo un disparate/ escucháis la frase que, cual invitación,/ dicen los parroquianos de todo corazón/ TOMATE UNA... TOMATE OTRA.

Bueno, pero... ahora va en serio. En verdad, no hay autoridad mayor que la del Príncipe de Gales, en el tema plantas: hace años que su mamá lo tiene plantado, esperando la corona.

El País Digital

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