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Martes 21.04.2009, 15:56 hs l Montevideo, Uruguay
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Editorial


[EDITORIAL]

Modernidad de Mujica

El ex guerrillero, ex preso por la dictadura, ex Ministro y actual senador y precandidato presidencial, José Mujica quiere demostrar que posee una personalidad multifacética. Para lograr esa imagen se vale de las innumerables intervenciones mediáticas que los canales, radios, diarios y revistas de nuestro país le brindan porque estiman que su apariencia, su forma de hablar y su uso o mal uso del lenguaje les aseguran una atención multitudinaria.

De este modo, el pueblo uruguayo ha trabado conocimiento de la existencia de un personaje con aspiraciones presidenciales -antes ocultadas- que hoy afirma una cosa y mañana la opuesta, que es irreverente hasta con el Presidente de la República y que opina con fingida autoridad sobre cualquier tema. Así, se han vuelto proverbiales sus osadas apreciaciones sobre el sistema financiero, el fomento de la inmigración de trabajadores rurales que sean laboriosos (los nuestros serían haraganes), su descubrimiento de las bondades de Australia y Nueva Zelanda, sus alardes sobre su condición de no universitario y su filosofía barata bajo la cual esconde su ignorancia temática.

Creíamos estar curados de asombro, pero nos equivocamos y últimamente, el precandidato frentista se superó a sí mismo. En efecto, en el programa "Dicho y Hecho" del canal 10 y en el semanario "Búsqueda", Mujica nos entera de que tiene una vieja afición por la antropología (la habría comenzado en 1985, luego de ser liberado de la prisión) y de sus primeros contactos con el libro de Malvin Harris, "Introducción a la antropología general". Es entonces, a través de dicha obra que Mujica conoce a los Kung San, un pueblo del Sur africano que pasa por ser hoy, una de las comunidades más pobres y atrasadas del globo.

Como tarjeta de presentación de este pueblo, Mujica dice que "para nosotros son los hombres más pobres que hay en el mundo pero, para los sociólogos que los investigan, son ricos porque trabajan dos horas por día". Agrega que "lo que descubrí, es que es una mentira que el hombre es un animal trabajador, es un animal de hábitos, contrae la disciplina del trabajo mucho después". Por si faltara algo para pintar la originalidad bosquimana, Mujica recoge de Harris la revelación de que "cada banda tiene sus líderes reconocidos pero éstos no tienen autoridad formal y sólo pueden persuadir". Para rematar esta idealización de los Kung San, el aspirante presidencial señala que "es una utopía este ideal de hombre que se manda a sí mismo... y, sin embargo, tiene conducta social".

Y por si alguien tuviera dudas sobre la superioridad de este curioso modelo, Mujica lo hipervalora señalando que "es un sueño a perseguir". Obviamente, no podemos abarcar la profundidad y complejidad de la "interpretación" del ex florista devenido en antropólogo. Por ello, acudimos al veredicto de la opinión pública planteándole las siguientes interrogantes:

-¿Qué puede enseñarle a la humanidad del s. XXI un pueblo cazador y recolector que ni siquiera practica la agricultura?

-¿Qué ventajas obtiene una sociedad cuando se trabaja solamente dos horas diarias? ¿Acaso Mujica, anteriormente, no distinguía entre trabajadores rurales laboriosos y haraganes? ¿O está opinando, ahora, en el reino de la fantasía?

-¿Puede considerarse la realidad bosquimana como una meta digna de ser alcanzada por un mundo que quiere desarrollarse más y más y por un país, como el nuestro, que quiere ser "productivo"?

-¿Carece de significación, no constituye un valor superior e imitable, el culto al trabajo duro, característico de las sociedades históricamente desarrolladas y de las que, en esta generación, ingresaron al Primer Mundo?

-¿Por qué destacar como un valor la supuesta carencia de cabecillas -"lo notable de estos tipos es que reconocen una brutal individualidad y que no precisan jefes", Mujica dixit-, cuando es notorio que no existe comunidad alguna que no los tenga?

Finalmente, ¿tiene perfil presidenciable un político que sueña con establecer una sociedad basada en modalidades de corte paleolítico?

¿Alguna vez se convencerá el Sr. Mujica que no puede decir lo que se le antoje en el momento y lugar que se le ocurra y dar rienda suelta a lo que pase por su mente? Que proceder así no indica hacer uso de la libertad sino que muestra falta de seriedad intelectual y de responsabilidad social.

El País Digital

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