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GERARDO SOTELO
Si es verdad lo que dice mi amigo Gustavo sobre el sincronismo universal, no será casual que el revival de Eduardo Galeano y "Las venas abiertas de América Latina" llegue pocos días después de la muerte de Corín Tellado. La escritora asturiana cautivó a millones de lectores con sus "novelas rosa", unos relatos sentimentales "redundantes y básicos", al decir de un crítico español. Mario Vargas Llosa elogió a Corín Tellado como "una escritora de fábulas nata que, sin gran formación, tenía una intuición romántica que calaba entre su público". ¿No es esto aplicable a la obra de Galeano? ¿No es "Las venas abiertas" una fábula romántica, al menos en el sentido filosófico del término?
Nada habría sucedido si Hugo Chávez no le regalaba el bestseller del escritor uruguayo a Barack Obama, con el objetivo de que el presidente estadounidense comprendiera las raíces de la dominación y la humillación latinoamericanas, presunta matriz de todas nuestras miserias. El obsequio disparó megaventas en el portal Amazon.com, al punto de convertir a "Las venas abiertas" en el segundo libro más vendido en inglés y el primero en español.
Quizás la comparación resulte injusta con la obra de Corín Tellado. Después de todo, la escritora planteaba triángulos amorosos de resolución más o menos compleja, infidelidades que se exculpaban en el amor pero que dejaban una estela de dolor inmerecido. La cosmovisión de Galeano, en cambio, no admite más que unos personajes de historieta conviviendo en un estado de cosas igualmente binario y facilongo.
Pero nadie debería sentirse culpable por haber creído en estas fábulas a cierta edad. El problema aparece cuando las personas entran en la edad adulta con tales embelesos. Lo que hermana a ambos autores es que los dos nos vendieron mundos ilusorios, pero a diferencia de Tellado, cuyos relatos eran ficcionales y francamente artificiales, Galeano tuvo pretensiones sociológicas y motivaciones políticas para escribir sus fábulas.
En la ilusión de Corín Tellado, el amor era sinónimo de enamoramiento, por lo que evita a sus lectores toda referencia a los sinsabores de la construcción adulta de un vínculo de amor. La ilusión de Galeano necesitaba extirpar todo matiz y contradicción, borrar del mapa todo genocidio, sistema de explotación o sanguinarias guerras de conquista perpetradas por indígenas opresores contra indígenas oprimidos, con anterioridad a 1492. Andando los siglos, aquel mundo con buenos y malos, como en los comics, apenas si cambiaría de argumentos y protagonistas.
Pretender que Obama descubra las causas de nuestro dolor en la obra de Galeano es como suponer que la lectura de "Tengo que abandonarte" o "Mi boda contigo" nos ayude a mejorar nuestra vida de pareja. Quizás por aquello del sincronismo universal del que habla siempre mi amigo Gustavo, "Las venas abiertas" aparece en Amazon como literatura y ficción, al igual que la obra de Corín Tellado. Lástima que nos llevara tantos años enterarnos.
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