|
||||||||
Aunque parezca mentira, tres grandes corporaciones estadounidenses difundieron el lunes 13 de abril por el canal de cable History Channel un documental favorable a los tupamaros. ¿Quién lo hubiera dicho? Cuesta creer que esa deplorable pieza televisiva proviniera de una empresa propiedad de dos grandes cadenas de TV de EE.UU., la NBC y la ABC, en conjunción con el grupo Hearst. Sí, el mismo que fundó William Randolph Hearst, aquel símbolo del "imperialismo yanqui" que prohijó la invasión norteamericana a México entre otras aventuras coloniales. Cosas veredes, Sancho.
Para ese canal perteneciente a tan conspicuo grupo capitalista, los tupamaros, encabezados por Mujica, Fernández Huidobro y Marenales posaron de buen grado y expusieron su versión -tergiversada, por supuesto- de los hechos acaecidos en las décadas del sesenta y setenta. Quienes vieron el documental debieron restregarse los ojos y comprobar una y otra vez si estaban oyendo bien, porque era inadmisible esa presentación de los tupamaros como un puñado de heroicos defensores de la democracia acosada por los malos uruguayos y los peores norteamericanos.
"Fuimos políticos en armas", mintió un maquillado Mujica ante las cámaras de History Channel con total descaro. Que se sepa, la política supone una voluntad para el diálogo y el cambio de ideas que los tupamaros jamás exhibieron. Al contrario, desde el 31 de julio de 1963, fecha de su primer golpe, optaron por el asalto, el robo, la extorsión, el homicidio y el secuestro a punta de pistola para imponer sus ideas a un país democrático. Esa propensión a la violencia, inspirada en la fascinación que sobre ellos ejerció y ejerce el castrismo, la mantuvieron, como después se supo, hasta 1994, cuando fracasó su último ensayo guerrillero, otra vez en democracia, ante el hospital Filtro, resistiendo la extradición de tres miembros de la banda terrorista ETA.
Nada de eso fue recogido en la obra titulada "Tupamaros: la fuga de Punta Carretas", que, en efecto, toma como eje el escape de un centenar de presos de aquel penal para narrar como trasfondo la historia del grupo armado. Sus realizadores pertenecen a Anima Films, una empresa argentina que se hizo eco de la edulcorada versión del pasado que hoy ofrecen Mujica y los suyos: que la guerrilla en Uruguay surgió como respuesta a la represión de un gobierno dictatorial. Una versión intragable puesto que la dictadura irrumpió en 1973, o sea diez años después de iniciadas las acciones guerrilleras y cuando la insurgencia tupamara se había extinguido.
Imágenes de tono épico de las marchas cañeras comandadas por Raúl Sendic, la insistencia en el "estilo Robin Hood" de algunos golpes y, como remate, la idealización de aquella fuga masiva de Punta Carretas que, según revelaciones de los propios tupamaros, fue realmente un "abuso", título que ellos mismos le pusieron al plan de escape. Ahora se sabe, por sus propias declaraciones, que manejaban el penal a su antojo, que tenían amedrentados y sobornados a los guardias, y que incluso asesinaron a un oficial que no se dejó intimidar por ellos. Nada de eso aflora en el documental sino que, por el contrario, se describe la evasión como el fruto de un audaz y astuto plan que dejó en ridículo a las autoridades.
Aunque en la obra se incluyen aislados testimonios adversos a los tupamaros, el conjunto debió resultarles hondamente halagador a sus protagonistas, exhibidos en pantalla, a todo color, como los viejos mosqueteros que, después de tanto batirse por las buenas causas, reciben el reconocimiento de todos, a tal punto que hasta las luces de Hollywood se encienden para ellos. Apenas algunas críticas filtradas al pasar en medio de un aluvión de falsedades. Por citar una: hay palabras de Mujica asegurando que en 1966 sentían el mayor respeto por el presidente electo Óscar Gestido, afirmación insostenible porque en ese tiempo seguían armándose a guerra y diseminando panfletos amenazantes contra el nuevo gobernante.
Con información parcial y mínima investigación, los realizadores argentinos de Anima Films engulleron de un bocado la leyenda de los sufridos guerrilleros que sólo querían el bien para sus compatriotas. Ignoraron que los tupamaros dejaron un rastro de sangre -con actos terroristas en donde murieron inocentes y asesinatos a sangre fría (algunos de los cuales siguen impunes)- además de contribuir en forma decisiva a minar los cimientos de la democracia uruguaya. En suma, un baldón para History Channel.
| « volver |
El "efecto demográfico" que durante décadas hizo aumentar el electorado del Frente Amplio, comenzó a atenuarse. Los que entran al ...
Cuando el presidente Tabaré Vázquez recibió la última encuesta de Equipos, que le asigna a José Mujica 23 puntos de ventaja sobre ...
A tres semanas de los dos conciertos en el Centenario, Pepe Guerra y Braulio López recibieron a El País. Es la primera entrevista ...
Rosario decidió irse a vivir sola en diciembre. Pero con la incertidumbre de cómo pegaría la crisis en los precios de los ...
Vázquez no quiere olvidar el pasado con EE.UU., pero va a trabajar conjuntamente para enfrentar los desafíos comunes como la ...