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JORGE ABBONDANZA
Bernard Madoff engañó durante veinte años a cientos de clientes que le confiaron su dinero creyendo hacer una buena inversión. En realidad se apropió de una enloquecedora cifra calculada en más de 60.000 millones de dólares. Que un solo hombre haya podido robar esa pila de dinero, explica cómo se vino abajo el baluarte financiero de Wall Street y de paso refleja otras apariencias tan tramposas como la de Madoff, que por cierto no era el único maestro en el arte de la estafa.
Porque el arte de la estafa puede darse vuelta y convertirse en la estafa del arte. Otro norteamericano, llamado Lawrence Salander, había comenzado su carrera con un pequeño negocio de antigüedades en Connecticutt, pero la culminó como dueño de una distinguida galería en el mejor lugar del East Side de Manhattan. Allí alcanzó un prestigio personal apostando al arte clásico en contra de las más nuevas tendencias de la pintura contemporánea, mientras engatusaba a sus ricos clientes burlándose de los noveleros y reivindicando la permanencia de los maestros del pasado. Los inocentes creyeron en él, como creían en Madoff.
Pero los inocentes (incluidos algunos compradores tan famosos como el actor Robert De Niro o el tenista John McEnroe) se equivocaron, porque Salander los estafaba con algunos cuentos del tío. Uno de ellos consistía en vender la misma obra a más de una persona y otro comenzaba con la venta de una obra que no existía, en la que embarcaba a varios clientes, cada uno de los cuales adquiría un porcentaje de esa pieza esperanzado en obtener ganancias cuando se la pudiera vender a otro interesado que pagaría mucho más por ella. Ahora Salander está procesado por cargos de fraude contable, falsificación y perjurio.
Claro que el volumen de sus negocios puede parecer insignificante comparado con las desmesuras de Madoff, porque se estima que el galerista estafó al prójimo por unos 88 millones de dólares, y si se lo juzga culpable de esos delitos podrá enfrentar 25 años de cárcel. Sin embargo, tampoco Salander estaba solo en sus turbias especulaciones, ya que en México se ha destapado un vasto negocio con falsificaciones de cuadros de Frida Kahlo. Algunas de ellas fueron compradas por destacados coleccionistas, pero el conjunto de la maniobra es muy amplio porque se calcula que las falsificaciones circulando en el mercado son más de 400. Esa cantidad ha permitido que el director de un museo mexicano declarara que "Frida está produciendo más muerta que cuando estaba viva".
En cierto modo, esas obras falsas y las transacciones fraudulentas del mundo de la pintura, también son reveladoras de un mercado económico tan corrompido como el financiero. No sólo se desploman los grandes bancos, sino que además se desenmascaran los mercaderes del arte demostrando hasta dónde se ha degradado el mundo de los negocios, que está bajando de la opulencia a la cárcel.
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