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Récord. Con jinetes, artesanías, comida y espectáculos
XIMENA AGUIAR
Comprar productos artesanales, ver las jineteadas, escuchar folclore, recorrer stands temáticos o lucir sombreros de ala. Cada quien tuvo su manera de acercarse a una tradición que atrajo a unas 200.000 personas al Prado.
La de Turismo es una semana de excepciones: se detiene el trabajo, la religión se coloca en primer plano y las tradiciones del campo visitan la capital. Para muchos, el paseo a la Criolla es una tradición en sí misma, y lo encaran con ánimo de peregrinación al menos una vez al año. El viernes a las 15 horas ya se habían vendido todas las localidades del ruedo. A las 16 horas, la cola de gente para entrar a la criolla se extendía por varias cuadras y el tráfico se había vuelto pesado por Lucas Obes. Al finalizar el día, habían ingresado 50.000 personas, resaltó el director municipal de Turismo, Fernando González.
Con ellas se alcanzaba la suma de unas 175.000 personas que entraron a la Criolla y 123.000 entradas vendidas (mayores de 65, estudiantes y municipales entran gratis algunos días). Como es factible que 25.000 personas hayan ido ayer, se puede estimar el público total en 200.000 personas.
"Hasta el viernes fue récord histórico en cuanto a recaudación y venta. El sábado hubo una merma porque afectó el paro de transporte. Estamos esperando a que termine el domingo para hacer balance final, pero ya estamos muy conformes", dijo González. Las localidades para el ruedo se agotaron casi todos los días, y ya se vendieron anticipadas las de hoy.
Rural. Entre el gentío, la venta de productos comerciales que no tienen que ver con las costumbres criollas y la propaganda política de todos colores, la cultura del campo parece explotada por la ansiedad de la ciudad. Pero también se nota en cada uno de los visitantes el esfuerzo por acercarse a la tradición: unos compran sombreros de cuero y otros se colocan vinchas que promocionan el evento, unos comen chorizo al pan y otros asado, unos miran las jineteadas y otros llevan a sus hijos a jugar a la taba.
Irene Guerrero dice que prefiere ver las criollas en el interior, más cerca del ruedo. Sus tíos jineteaban y de chica la educaron en ir a verlos. Su compañero Guillermo Melgarejo es taxista y, aunque su vida no esté relacionada con el campo, siente las jineteadas como parte de sus tradiciones, cuenta. Subidos a un murito intentan ver las montas por sobre las cabezas de otros espectadores.
A Marcel Viazzo le gusta "todo el espectáculo: la jineteada, las artesanías, los stands...". A Alicia Méndez, los caballos.
Otros dedican su tiempo a la gastronomía: familias enteras comen panchos, cordero, manzanas acarameladas o pop. Un grupo de paisanos se levanta de una mesa dejando varias latas de coca cola y cerveza.
En la ludoteca del stand del ministerio de Ganadería varios niños juegan a tirar la taba para ver si les sale "suerte o culo". Ana Leggiadro, una de las orientadoras, cuenta que les enseñaron las reglas básicas y ahora aprenden otras nuevas a medida que los adultos del interior cuentan sus recuerdos o vivencias: las apuestas, las medidas de la cancha, las variaciones del juego en cada lugar.
Entre lugares de venta de juguetes o de ropa pasa casi desapercibido un pequeño stand de la fundación Zitarrosa. A los visitantes les llaman la atención sobre todo las fotos hogareñas del artista, contaron.
En la feria artesanal, venden desde alcancías con forma de dibujitos animados hasta platería gaucha. Los visitantes comunes compran bombilla y mate, pero un gaucho de Lavalleja evalúa la compra de un facón con su funda en plata labrada. "¿Para qué lo quiero? Para lucirme", se ríe. El vendedor, Hugo Domínguez, cuenta que sigue habiendo demanda: "Los viste, es su herramienta de trabajo y su única joya", explica.
Camila Acosta va a cumplir 15 años. Baila folclore desde los seis, porque daban clases cerca de su casa en Young y le llamó la atención. Vestida de vaquero y buzo a rayas, baila chacarera entre risas con otros adolescentes, y termina la canción con el brazo sobre el hombro de su compañero de baile, con una mezcla de coquetería y timidez, como enseña la tradición.
Lo decía cada vez que se lo preguntaban: "Yo soy doble chapa. Hace un año nací de nuevo en la patria uruguaya". Es Gustavo Macedo, veterinario y jinete brasileño que el año pasado se lesionó de gravedad en una monta. Ayer fue homenajeado en el Prado. Sigue en recuperación y agradeció a sus "compatriotas".
Con entradas agotadas al ruedo y cuatro vueltas de honor se cerró ayer la séptima jornada de Concurso de Jineteadas 2009. Hoy se disputarán las finales y se entregarán los premios en todas las categorías. Hoy las montas comienzan más temprano: desde la hora 12, y están agotadas las entradas al palco oficial.
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