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Rodolfo Sienra Roosen
En el proceso electoral en curso hay tres etapas en las que es previsible una polarización gradual. Con miras a las primarias de junio, habrá polarización dentro del Partido Nacional, que presenta dos candidatos con posibilidades. No la va a haber ni en el Frente ni en el Partido Colorado, en donde compiten más aspirantes, ni en el Partido Independiente, que presentará uno solo.
De junio a octubre, la polarización va a ser relativa, porque lo razonable es que los colorados voten a su partido, que si hoy no parece tener posibilidades para llegar al gobierno, tendrá que intentar mantener y aumentar su representación parlamentaria, y lo mismo los independientes. Si como todo lo hace prever, habrá segunda vuelta para la elección presidencial, entonces sí, la polarización se va a dar entre la oposición -entendiendo por tal el núcleo de ciudadanos que ante todo priorizan la intención de sacar a este gobierno- y el oficialismo, entendiendo por tal a aquellos ciudadanos que también priorizan ante todo el continuismo. Recién entonces tendremos a los dos Uruguay jugándose el mano a mano.
Es importante hacer cuestión en las prioridades de los objetivos. Ello, porque no necesariamente todos los colorados van a votar el candidato blanco. Es más, puede ocurrir que algún votante del Partido Nacional en la primaria, no vote al candidato que resulte electo ni en octubre ni en noviembre. Pero mucho más probable es, que este fenómeno de infidelidad partidaria se verifique dentro del Frente Amplio. Y esa mayor probabilidad se explica muy fácilmente.
El Partido Nacional, en sus casi ciento setenta y tres años de existencia, ha tenido varias y serias diferencias internas, algunas de ellas por cuestiones trascendentes como lo son los principios. Hoy, el Partido tiene más de medio siglo de monolítica unión. Hubieron y hay discrepancias entre sus sectores, pero lo son o de orden personal (que parece que no, pero suelen ser las más difíciles de solucionar) aunque en aras de satisfacer el interés superior de la causa es, al fin y al cabo, tarea de hombres con elevación de miras e inteligencia el poderlas superar, o de matices o puntos concretos de la gestión de un gobierno. Pero existe en el seno del nacionalismo plena conciencia que el sector que gane la presidencia de la República no va a poder gobernar sin el otro, y ninguna de esas diferencias tiene naturaleza ideológica, ni se juegan valores sustanciales en ellas.
Muy diferente es lo que sucede dentro del Frente Amplio, en donde la alianza de comunistas y tupamaros postula la lucha de clases, cree que el bien de los pobres se logra empobreciendo también al rico, entiende la justicia social en contra de la condición humana, olvidando que las diferencias entre los talentos y las virtudes tiene rango constitucional, mientras los sectores más moderados, cada vez son menos, ante los renunciamientos continuos de Astori a las ideas que antes defendió, como ahora la del TLC con Estados Unidos, y una prédica de Carámbula muy poco original. Entonces sí puede preverse que la diáspora la va a sufrir esa coalición que nunca tuvo homogeneidad ideológica, en donde las alianzas son puramente circunstanciales, y que seguirá siendo una Torre de Babel política.
Se vienen tiempos muy difíciles para todos. La única opción de gobierno coherente, es la del Partido Nacional.
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