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Cumpleaños 60. Redefine su rol en un mundo que generó otros espacios de diálogo
THE ECONOMIST
Durante las últimas seis décadas, el juramento de EE.UU., Canadá y sus amigos europeos de que "un ataque armado contra uno de ellos en Europa o Norteamérica será considerado un ataque contra todos ellos", ha mantenido a Occidente unido.
Ese voto -en el artículo 5° de la Carta de la OTAN- ayudó a despedir al comunismo soviético. Ahora, la alianza está más atareada que nunca: mantiene la paz en los Balcanes y vigila las líneas marítimas a Europa. Pero por sobre todo, libra una guerra dura en Afganistán.
Y, es un club popular. El número de integrantes creció de un total de 16 en la Guerra Fría a 26 en la actualidad. Otros esperan incorporarse. Francia, que abandonó la estructura militar de OTAN en 1966, decidió retornar. Sin embargo, cuando se apresta a celebrar su 60° cumpleaños el 4 de abril, con actos para demostrar su éxito al superar viejos pleitos, la alianza está luchando con una crisis de identidad que persiste desde que terminó la Guerra Fría.
OTAN está perdiendo su papel como el principal foro de diálogo estratégico entre EE.UU. y Europa. La crisis económica es abordada en el G20; la amenaza de un Irán nuclear es tratada por un pequeño club de seis potencias; la seguridad de los suministros energéticos desde Rusia es enfrentada por la UE; y la cooperación de inteligencia contra el terrorismo se hace de manera bilateral. "Las operaciones militares se han convertido en nuestra razón de ser", dice un conocedor de la realidad de OTAN.
En la década de los 90, el pensamiento de OTAN era que si no tenía un área específica donde actuar cesaría en su acción. Pero, pocos aliados imaginaron, al empujar a los serbios fuera de Kosovo, en 1999, que en pocos años estarían combatiendo en el macizo montañoso del norte de Afganistán. En efecto, OTAN incursionó en su mayor guerra casi por accidente. Cuando EE.UU. fue atacado en septiembre de 2001, OTAN formalmente invocó el artículo 5° por primera vez. Pero, el gobierno de Bush no quería sentirse restringido por una alianza formal. En cambio, eligió a dedo los aliados que necesitaba para derrocar a los talibanes.
Después, cuando EE.UU. centró su atención en Irak, OTAN tomó el mando de la fuerza de estabilización en Afganistán. Comenzó en Kabul, en 2003, y se expandió a lo largo del país. El ingreso de OTAN en el sur del país, en 2006, coincidió con un aumento de la lucha. Quizás el Talibán vio a OTAN como un enemigo más fácil que EE.UU. La insurgencia ha crecido cada año.
El presidente de EE.UU., Barack Obama, sostiene que OTAN no está ganando y después que dispuso el envío de 17.000 soldados más a Afganistán, discutirá con sus aliados una nueva estrategia para hacer un giro en la guerra. Para muchos la credibilidad de OTAN y su futuro, están en riesgo.
Afganistán expuso dos grandes divergencias entre los aliados. Una es entre los países dispuestos a enfrentar a los talibanes (EE.UU., Canadá, Gran Bretaña, Holanda y Polonia) y la mayoría. Asimismo, aun entre los estados más marciales, un sector ve a la guerra santa islamista global como la mayor amenaza a OTAN, en tanto otro tiene mayores preocupaciones sobre el viejo adversario: Rusia.
La guerra entre Rusia y Georgia (a quien prometieron incorporar a OTAN) encendió al debate respecto de cuánto debía salir OTAN "fuera del área", así como cuánto debería enfocarse en Rusia en lugar de las amenazas "asimétricas", como el terrorismo.
Nadie sugiere que sea el momento de irse de Afganistán. Y las declaraciones del gobierno de Obama sobre un nuevo enfoque en las relaciones con Rusia, por ahora han aliviado la tensión. Sin embargo, los ex países comunistas ahora miembros de OTAN, quieren un esfuerzo mayor para cuidar sus territorios. Hasta un viejo aliado como Noruega, preocupado por las ambiciones polares de Rusia a medida que se derrite el hielo, considera que es hora de ajustar las prioridades. "OTAN aparece ante nuestros pueblos como una organización que toma a nuestros hijos y los envía a Afganistán", señala el subsecretario de Defensa de Noruega, Espen Barth-Eide.
Ese tipo de planteo apunta a que los planificadores de OTAN reunidos en el Comando Supremo de Potencias Aliadas en Europa hagan planes creíbles para la defensa de las fronteras de la alianza, así como los mares circundantes y el espacio aéreo. Sostienen que OTAN debería realizar ejercicios más visibles para ensayar una respuesta a amenazas a su territorio y mejorar la capacidad de las bases y puertos para recibir refuerzos.
El problema para OTAN es si esas sugerencias sobre la vieja postura de la Guerra Fría pueden desencadenar un enfrentamiento con Rusia. Sin embargo, en opinión de Barth-Eide, planes y ejercicios de esas características pueden ayudar a que OTAN no tenga una reacción excesiva ante una crisis.
El saliente comandante de OTAN, general John Craddock, inició de manera informal una "planificación prudente" para la defensa territorial que podría convertirse en planes de contingencia oficiales, si se logra el apoyo de los amigos de Rusia, como Alemania e Italia. El general Craddock dijo que Rusia busca debilitar a las instituciones euro-atlánticas y "ha mostrado estar pronta para usar la presión económica y militar en el logro de sus objetivos".
El equilibrio entre las misiones de OTAN en su territorio y en tierras lejanas, será abordado en una "Declaración de Seguridad de la Alianza", que sería aprobada por la cumbre que se realizará con motivo del aniversario. Ese documento pasaría a formar parte de la base para un nuevo y más detallado "concepto estratégico", que será desarrollado para su aprobación el próximo año. Algunos sostienen que las mismas fuerzas expedicionarias serían necesarias ante cualquier crisis, ya fuera en Afganistán o para defender a Estonia.
Ante todas las preocupaciones que suscita OTAN, dos líderes representan la esperanza: Obama, muy popular en Europa, y el presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, cuya decisión de reincorporación plena a OTAN debería poner fin a los sueños franceses de hacer de la UE un contrapeso de EE.UU.
Ha desaparecido toda esperanza de que los países europeos inviertan más en la defensa de su continente. Un plan de la Unión Europea para formar una fuerza de 60.000 hombres se desflecó hasta convertirse en una promesa de mantener dos pequeños grupos de combate (unidades de unos 1.500 soldados) siempre listos. Hasta esas fuerzas pueden ser difíciles de desplegar. Si bien la UE conduce varias operaciones militares y seguridad pequeñas, rechazó en voz baja el pedido que le hizo Naciones Unidas para que enviara tropas al Congo.
EE.UU. destina alrededor del 4% del Producto Interno Bruto (PIB) a la defensa, pero sólo cuatro países europeos (Gran Bretaña, Francia, Grecia y Bulgaria) cumplen con el mínimo del 2% fijado por OTAN. En parte, como consecuencia de esta realidad, Estados Unidos desplegó, en 2007, alrededor del 14% de sus soldados en operaciones, mientras los países europeos apenas pudieron destinar el 4%.
La rivalidad entre OTAN y la UE ha sido un absurdo. La alianza aseguró la estabilidad que ayuda a la integración de Europa. En los casos de los ex estados comunistas, OTAN fue el umbral para el ingreso en la UE. Los dos clubes tienen sus sedes en Bruselas y comparten 21 miembros, pero no pueden cooperar formalmente.
Al comienzo, eso reflejó la rivalidad entre EE.UU., que lidera OTAN y Francia, que quería una defensa propia de la UE. Pero, desde que cambió la postura de Francia, otras tensiones resurgieron, como es el caso de la disputa entre Turquía (aliado de OTAN) y Chipre en la UE.
Gran Bretaña ha propuesto una idea práctica para dar seguridad a los aliados nerviosos. Planteó una "fuerza de solidaridad" formada por pequeños contingentes de varios aliados que actuaría como una unidad de rápida reacción para ayudar a países en necesidad. Tendría muchas nacionalidades, para trasmitir un mensaje político, pero no demasiados dientes, para no provocar a Rusia. Sería una versión más pequeña de la ahora desaparecida fuerza móvil terrestre. Si la nueva fuerza solidaria fuera aprobada, sería el primer escalón de la compleja Fuerza de Respuesta de OTAN, supuestamente de 25.000 hombres, que sería un puño cerrado que debería actuar de inmediato, aunque se encuentra lejos de estar pronto. Gran Bretaña tiene la esperanza que con una fuerza de solidaridad disponible ante una crisis en Europa, los aliados podrían acordar el uso del resto de la fuerza en otras misiones, por ejemplo en Afganistán. Hasta ahora, la Fuerza de Respuesta no ha podido completar su nómina y ha sido, informalmente, recortada. La guerra expedicionaria requiere de puente aéreo, puente marítimo, aviones de reacción, helicópteros, prototipos de reconocimiento y elementos de ayuda como hospitales. Esos elementos siempre son escasos. Un motivo es que los países que tienen esos bienes, los usan en Afganistán.
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