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JUAN EDUARDO AZZINI
El otrora poderoso papel de los sindicatos de trabajadores en EE.UU. se ha ido debilitando en las últimas décadas del siglo pasado. Su poder jugó un papel importante desde 1955, con la fusión de la Federación Americana del Trabajo (AFL) y el Congreso de Federaciones Sindicales (CIO) a través del impulso que le dio George Meany entonces. Más de 15 millones de afiliados con buenos administradores, buenos activos, fuertes aportes y seguros fondos de reserva. Sin atarse a ideologías foráneas ni a partidos políticos. Logró influir en la fijación de salario mínimo, seguros de salud y situación familiar de los trabajadores. En los primeros años 80 superaron el medio millón de afiliados.
Pero los esfuerzos del Partido Republicano debilitaron su poder. El período de Reagan lo provocó, a través de permisos a las grandes empresas en cuanto a debilitamiento de normas de seguridad, higiene, salud y flexibilidad laboral. El período de Bush padre provocó un empobrecimiento en los estados del NW y del Sur, en Manhattan y sus alrededores. En Chicago descendieron los viejos niveles de vida, y en todo el país se apreció un importante aumento de los "homeless", de la informalidad y de la inmigración competitiva de hispanos, con empleos de bajos salarios y peores condiciones. Finalmente, el otorgamiento del "estatus comercial" a China, comenzó a incidir negativamente en la ocupación interna. Y aquí surge la gran incógnita. ¿Qué pasará con el gobierno de Obama? En su campaña preelectoral sorprendió renegando de las medidas adoptadas por su predecesor, George Bush. "Tenemos que revertir muchas de las políticas hacia la mano de obra organizada que hemos visto en los últimos ocho años". Así de rotundas fueron sus declaraciones, anunciando medidas especiales para ayudar a las clases medias y pobres. "Nuestro objetivo es crear empleos y ayudar a las clases de ingresos insuficientes, pero también a las de ingresos medios, que muchas veces enfrentan grandes dificultades para atender a sus necesidades familiares básicas". Agregó en varias circunstancias y con especial énfasis: "Todo esto no es el fin, aprobar estas medidas no serán por sí mismas la solución, sino el principio de la tarea en la que se necesita la colaboración de los ciudadanos en beneficio de toda la nación".
El énfasis de estas declaraciones y su significado nos recuerda aquella famosa frase del presidente Kennedy: "No me pregunten qué haremos por ustedes. Yo les pregunto qué harán ustedes por nuestra Nación". Y el nuevo Presidente parece acercarse bastante a aquel gran Presidente de los EE.UU. En diversos discursos el ahora presidente Obama expresó muy claramente que "no se puede tener una clase media fuerte sin un movimiento sindical fuerte. Y en cuanto a los contratos laborales, ellos "deben servir realmente a los contribuyentes". Y rompiendo con las medidas del gobierno anterior, se dirigió a los contratistas para que informen a los trabajadores sobre sus derechos. Y entre sus primeros decretos, varios de ellos dejan sin efecto las restricciones de Reagan y los Bush impuestas a los sindicatos. Pero también es cierto que "esperaba sindicatos libres de intervenciones políticas y de su injerencia en algunos de los partidos o fracciones políticas". Todo esto tiene su valor aquí y ahora, cuando los sindicatos operan dentro del Partido del gobierno y hasta forman parte de él.
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