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Las nuevas autoridades de la Asociación de Amigos del Museo Histórico Nacional contando con el invalorable aporte de su Asesor y ex Director del Museo, el profesor Enrique Mena Segarra y de la actual Dirección del mismo, están haciendo un relevamiento de los distintos establecimientos que forman parte de la Institución para poder apreciar el estado actual de los mismos, y los recursos que serán necesarios para mejorar la presentación de lo que atesora la riqueza de nuestra historia. El próximo gobierno debe atender esta exigencia -sin perjuicio de analizar si no será conveniente una división entre Cultura y Educación- incrementando en lo posible los rubros presupuestales, hoy absolutamente insuficientes, en tanto la Asociación colabora con ideas y contactos con empresas y particulares. No es sólo dinero lo que se precisa para hacer las cosas mejor.
Hace un tiempo en un medio de prensa se criticó sin tener ni siquiera idea de cuáles eran las necesidades presupuestales y los recursos previstos para satisfacerlas -que era lo primero que se tendría que haber averiguado antes de opinar- el estado en general de la propia Casa de Rivera, sede central del Museo. Por ello, por lo que significa la jerarquización de nuestra cultura histórica, el esfuerzo de relevamiento que está en curso debe ser destacado como medida elemental para saber en dónde se está parado. Se necesita reparar instalaciones deterioradas, enriquecer el contenido de los museos, promover actividades de difusión, como conferencias y exposiciones, contactar con centros de educación desde primaria hasta las universidades y preparar personal idóneo, lo mejor pago posible acorde con la especialización de la tarea, para trabajar en la recuperación que se torna indispensable. Es un gran desafío.
Hay conciencia que la Casa de Lavalleja necesita reparaciones urgentes. Y para tener una idea cabal del resto, se ha comenzado por visitar las dos famosas quintas de grandes caudillos nacionales, como lo fueron la de José Batlle y Ordóñez y Luis Alberto de Herrera.
Según se nos informó a la casa de la quinta de Batlle no se pudo ingresar, pero desde afuera, se puede observar que está situada en un sitio en donde parecería que por allí Dios no pasa hace años, pues la mugre en las calles que la rodea despide olores que dan idea de su antigüedad. Batlle la compró en 1911 y de las 36 hectáreas originales quedan 7886 metros cuadrados incluída la casa -en donde se destaca la sala de pianos y el escritorio- y un jardín muy descuidado. Hay que efectuar reparaciones exteriores, y cuando uno piensa que además de esto deben reponerse los techos en las facultades de Comunicaciones y Humanidades, añora los doscientos y tantos mil dólares que le demandó al rector Arocena la compra de las butacas para el Paraninfo. Desde la misma casa se ve -mucho mejor tenida- lo que fue "la casa de los muchachos", en donde estudiaban los hermanos Batlle Pacheco y Luis Batlle Berres, hoy propiedad particular. La quinta de Herrera, en la Avenida Larrañaga fue adquirida por el caudillo nacionalista en 1911, en donde se instaló para vivienda ya casado con Margarita Uriarte. Está en mejores condiciones que la de Batlle. El parque está bien cuidado, aunque en el interior de la casa se observan grietas en algunas paredes y techos. Los pisos tienen buenas maderas inglesas. El ambiente es sobrecogedor y solemne. Allí entre esas paredes, se gestó buena parte de la vida política del país en el Siglo pasado. Muchos objetos se trasladaron a la casa de Rivera, para preservarlos de los robos. En las vitrinas que han quedado en la casa se conservan uniformes de diplomático y de soldado que usara Herrera. Conmueve ver la bandera de la embarcación "Ernestina R", que condujo en marzo de 1897, a "los veintidós de Lamas", de gravitación fundamental en la batalla de Tres Árboles. El escritorio del caudillo, los cuadros y bustos de Aparicio Saravia, de su padre Juan José de Herrera, de su abuelo, de Oribe anciano, son testimonios vivos que rodeaban la vida íntima de quien fuera por tantos años la primera figura del Partido Nacional: Allí se respira el señorío de las casas que albergaron a las familias patricias. La restauración de las dos quintas, son tareas que no pueden demorar. Las visitas continuarán, con nuestra exhortación a que la sociedad, no sólo el Estado, asuma la trascendencia de la conservación de la historia del país.
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