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Más vale tarde que nunca. El miércoles pasado en la Cámara de Representantes fue aprobado con modificaciones el proyecto de ley sobre Bienestar Animal que ya había sido tratado en el Senado, adonde debía volver luego para obtener su aprobación definitiva. La ley de tenencia de animales que hasta ahora ha estado vigente, había sido sancionada (aunque parezca mentira) hace noventa años y por lo tanto no contemplaba una gran cantidad de aspectos que la realidad actual obliga a tener en cuenta, por lo cual los atentados que suelen cometerse contra animales -desde el maltrato hasta el tormento físico, el abandono o el sacrificio- podían ejecutarse impunemente, lo cual no parece propio de una sociedad civilizada en la que no sólo los humanos tienen derecho a una admisible calidad de vida y a un marco protector contra las amenazas, la brutalidad o la violencia. Para tener idea de los extremos a que puede llegarse en este país con respecto a los animales, conviene saber que hace unos días en Pando alguien le prendió fuego a un perro, el culpable fue identificado y sin embargo no pudo ser debidamente sancionado por carecerse de una norma legal que determine el castigo que le corresponde. Ahora esa carencia será remediada por el gesto (tardío, aunque igualmente estimable) de los legisladores, que han tenido entre sus manos desde hace más de diez años la iniciativa para apoyar esta ley.
Finalmente la trataron, y así el artículo tercero alude al sacrificio de animales "no destinados a la alimentación, actividades productivas o ritos religiosos", que son aspectos al margen de los cuales ese sacrificio deberá ser supervisado por un veterinario, para asegurarse de que tal medida está justificada por razones de enfermedad, padecimiento o decrepitud del animal. Puede ser altamente discutible la referencia a "ritos religiosos" que hace dicho artículo de la ley, porque tiene relación con ciertos cultos sincréticos llegados al país desde Brasil, que en lo que respecta a tales sacrificios están reñidos con las tradiciones, la herencia cultural y la sensibilidad de la población. Pero convendrá esperar a la futura reglamentación de este texto para tener una idea final sobre dichos aspectos, porque una ley que cubre una materia tan delicada como la vida de los animales también puede ser objetada cuando trata del sufrimiento de esos seres sometidos a manipulaciones científicas, que como se sabe pueden ser truculentas. Sin embargo, para poder tomar en consideración esos aspectos del tema, debe disponerse inicialmente de una ley que habilite el debate y provea al interesado de ciertas armas para proceder en la materia, y en eso afortunadamente está embarcado el Parlamento.
Porque no sólo el mencionado episodio de Pando caracteriza la conducta de algunos uruguayos frente a la población animal. El lunes 16, en la Rambla Sur a la altura de la calle Ejido, el caballo que tiraba de un carro hurgador y que se había desbocado, cruzó la calzada y fue embestido por una camioneta que circulaba por esa vía. El caballo murió y la camioneta volcó, en un ejemplo de lo que puede suceder por culpa de la inaceptable presencia de esos carros en el tránsito y -con toda seguridad- de los extremos de miedo, aturdimiento y estrés que esa circulación provoca a los animales de tiro, explicando que se desboquen. El accidente del lunes 16, en el que milagrosamente no hubo víctimas humanas, es un caso que ilustra el colmo de irresponsabilidad cometido por quienes manejan esos vehículos pero -por encima de ellos- el otro colmo de complicidad y desentendimiento de parte de las autoridades municipales que hace mucho tiempo deberían haber prohibido el tránsito de carros con tracción a sangre, aunque nunca lo hicieron. Las consecuencias están a la vista, pero una vez que la nueva ley esté vigente, será muy diferente la lista de obligaciones que deberán cumplir los hurgadores y el nivel de responsabilidad a que se enfrentarán cuando se vean envueltos en un accidente callejero o en una muestra visible de maltrato hacia el animal que los remolca.
La ley también obligará a los propietarios de perros a guardar cierta compostura para el paseo de esos animales y ante el rastro que puedan dejar en las veredas de la ciudad, lo cual integra el rubro de tenencia responsable que comprende la flamante norma. Muchas cosas mejorarán gracias a ella, y muchos animales la agradecerán en silencio.
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