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Cambio climático. Compañías buscan minimizar impacto
Conocer y asumir el impacto que generó en el ambiente, buscar maneras de minimizarlo y de compensarlo, comprometer a proveedores y consumidores. Las empresas tienen mucho por hacer por el cambio climático; Coca Cola quiere dar el ejemplo.
Una Coca Cola común de 500 mililitros en botella plástica cuesta, en términos medioambientales, 240 gramos de dióxido de carbono (CO2), contando los gases emitidos en su producción, distribución, uso y disposición. La compañía realiza, cada día, 1.300 millones de transacciones, vendiendo un estimado de 6.000 millones de litros de distintos productos.
Puede parecer contradictorio que una empresa que impacta en el medio ambiente generando un producto que no es de primera necesidad participe en una conferencia sobre el calentamiento global, pero la misma magnitud de la multinacional hace que su compromiso sea más relevante: las decisiones que tome impactarán en los 200 países en donde tiene unas 900 fábricas, y en todos los lugares por donde se distribuyen sus 10.000.000 de heladeras y máquinas expendedoras, según los datos brindados por María Marta Llosa, directora de asuntos públicos de la compañía para Sudamérica.
El rol de fábricas y empresas es determinante. De ahí que Coca Cola, Petrobrás y la Asociación de Industrias Químicas del Uruguay expusieran ayer en el congreso "Calentamiento global y responsabilidad social", organizado por el Centro Latinoamericano de Desarrollo.
HUELLAS. En 2005, junto con la inglesa "Carbon Trust" ("Verdad sobre el Carbono"), Coca Cola midió su "huella ambiental" en términos de emisiones a la atmósfera, así como los factores que más incidían en ella. Los más relevantes no refieren a la producción de la bebida, sino a su refrigeración: la espuma aislante en las heladeras y los líquidos refrigerantes. Actualmente se utilizan espumas libres de HFC en un 85% de los equipos, y se trabaja con proveedores para desarrollar la tecnología de refrigeración en base a dióxido de carbono, que actualmente no es viable a gran escala, señaló Llosa.
Otras importantes fuentes de contaminación son la producción de envases y el transporte, que motivaron nuevas metas como la creación de botellas con PET reciclado en los países donde se permite el uso de este material en contacto con alimentos (como Argentina) y el uso de unos triciclos más pequeños y de menor consumo, que ya pueden verse en Montevideo, contó Llosa.
Pero la responsabilidad no se limita sólo a los procesos internos de la empresa. También los proveedores pasaron a ser fuertemente examinados. "Uno de los lugares de producción más puesto en la mira, porque es de economías en vías de desarrollo y no siempre se hacen las cosas como se tienen que hacer", señaló Llosa.
Además, para 2015 la compañía se propuso una meta ambiciosa: "devolver a la comunidad y a la naturaleza una cantidad de agua equivalente a la que usamos en nuestra bebida y en su producción". Eso implica no sólo minimizar su uso y mejorar su tratamiento posterior, sino también colaborar para evitar la desertificación o el deterioro de acuíferos, contó.
La importancia de la sustentabilidad ha ido variando en el ámbito empresarial. Antes, "se intentaba dañar lo menos posible, minimizar los riesgos, si me exigen tal cosa lo cumplo, si no, no lo hago. Luego vino una segunda ola: esto es importante para el negocio, necesito ser eficiente, manejo externalidades que me pueden afectar, y explico lo que estoy haciendo con un enfoque filantrópico. Y luego vino la tercera ola: ser proactivo, innovador, crear valor, no considerar sólo a mi empresa sino a los que están antes y después, y esto sirve porque me diferencia desde el punto de vista competitivo", describió Llosa.
Esta evolución también se notó en la compañía Coca Cola: en 2003, las metas de crecimiento estaban dirigidas hacia dentro de la empresa; en 2005, se realizó un esquema de crecimiento que colocaba a las ganancias, el personal, las marcas y los proveedores al mismo nivel que el cuidado del entorno. Y en 2008 se cambió el esquema para señalar que, además, cada uno depende de los otros, contó Llosa.
Milton Vázquez, de la Asociación de Industrias Químicas de Uruguay (Asiqur), disertó en la conferencia sobre el programa Cuidado Responsable del Medio Ambiente. Uno de los principales problemas ambientales del sector es la falta de lugares de disposición final para residuos peligrosos, dijo al ser consultado por El País. "En algunos casos no hay más alternativa que almacenarlos dentro del predio industrial", contó.
En la asociación, existe una "bolsa de residuos", una lista en la que se publican los residuos que tiene cada industria química para que puedan ser utilizados por otra, a la que le sirvan como materia prima, contó.
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