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Benedicto XVI. Polémica en su visita a África donde hay más de 22 millones de infectados
ROMA | EL PAÍS DE MADRID
El Papa llegó ayer a Camerún y despertó la polémica al afirmar que el uso de preservativos no es eficaz para combatir el Sida. En África 22 millones de personas están infectadas por este virus, alcanzando el 68% de la población mundial afectada.
Benedicto XVI aterrizó ayer en Yaundé, la capital de Camerún, en su primer viaje apostólico a África y el undécimo de sus cuatro años de pontificado en el que visitará también Luanda, capital de Angola, con la idea de "abrazar al continente entero y admirar la alegría de su fe", según declaró ayer. Con su viaje, el Papa busca rendir tributo al lugar del mundo donde el catolicismo crece al ritmo más alto. Las cifras del Vaticano indican que el gran vivero actual de nuevos fieles y sacerdotes es precisamente África, donde hay un 17% de sus casi 1.000 millones de habitantes que profesa esa religión.
África se ha convertido en el terreno crucial para la supervivencia de la fe católica y cada vez más Roma recurre a seminaristas africanos para repoblar las desatendidas parroquias europeas. Con 400 millones de africanos viviendo bajo el umbral de la pobreza, 500 millones de niños que tienen ante sí una esperanza de vida de 46 años (frente a los 79 del primer mundo), y decenas de millones de personas golpeadas por el hambre y la sed, las enfermedades y las guerras, la presencia de la Iglesia es también primordial desde un punto de vista político ante la expansión del islamismo radical que anida tras muchos conflictos en curso, como Darfur, Chad y Somalia.
La lucha contra el Sida será otro de los grandes temas del viaje pues según los datos de la OMS, 22,5 millones de subsaharianos están infectados por el virus, cifra que supone el 68% del total mundial, y en 2007 se produjeron cerca de 1,7 millones de nuevas infecciones en esa zona.
Ayer, a bordo del avión, el Papa comentó a los periodistas que el Sida "no se puede resolver con eslóganes publicitarios ni con la distribución de preservativos" y que estos, "al contrario, sólo aumentan los problemas". "La única vía eficaz para luchar contra la epidemia es la humanización de la sexualidad", añadió, "una renovación espiritual y moral", destinada "a sufrir con los sufrientes". Es decir, abstinencia y oración.
Benedicto XVI encontrará hoy a un grupo de enfermos en un hospital de Yaundé, pero previsiblemente no cambiará una coma la doctrina oficial, criticada ayer con dureza por asociaciones de homosexuales de Italia, que acusan al Vaticano de ser "cómplice a sabiendas de nuevos contagios". "Mientras en el mundo y sobre todo en África mueren miles de per- sonas de Sida", dijo Aurelio Mancuso, director de Arcigay, "Ratzinger no encuentra nada mejor que reiterar su posición contra los preservativos, lo que ayudará a difundir una patología que en África, donde no hay recursos económicos, políticas de prevención ni distribución de fármacos, es una verdadera pandemia".
En Yaundé, el Papa encontrará a representantes episcopales de 52 países con quienes preparará el sínodo sobre África previsto para octubre en Roma. En Angola, un país masacrado por 27 años de guerra civil que acabó en 2002 con millones de muertos y huérfanos, hablará de paz y justicia, bajo la mirada de Estados Unidos y China, grandes beneficiarios de la corrupción del régimen (que en un alarde de celo exige certificados penales a los periodistas para otorgar el visado), y de las riquezas naturales del país.
Durante una semana, el Papa podrá evadirse de la explosiva situación de una Curia muy crítica con su decisión de revocar la excomunión a los cuatro obispos lefebvrianos, entre ellos el negacionista Richard Williamson. Preguntado por esa presunta soledad y el supuesto alejamiento de su equipo de gobierno, el Papa dijo que se trata de un "mito". "No me siento solo de ninguna manera, por decir la verdad me hace reír un poco ese mito de mi soledad. Cada día recibo visitas de mis colaboradores más cercanos, empezando por el secretario de Estado. Estoy rodeado de amigos y en estupenda colaboración con obispos, colaboradores y laicos", agregó.
SANKT POLTEN | Josef Fritzl, el austríaco acusado de secuestrar y violar repetidamente a su hija Elisabeth durante 24 años, mostró ayer su rostro por primera vez y se enfrentó a un video-testimonio de su primogénita en el segundo día del juicio contra el denominado "monstruo de Amstetten".
En la apertura del juicio el pasado lunes, Fritzl, que mantuvo oculta su cara tras una gran carpeta azul, se declaró culpable de incesto, violación y secuestro pero rechazó los cargos de asesinato y esclavitud. Ayer su rostro logró verse en uno de los intervalos al tiempo que su abogado, Rudolf Mayer, aseguraba que "Josef Fritzl ya ha dicho todo".
En el tribunal de Sankt Polten, unos 60 km al oeste de Viena y a puertas cerradas para proteger la identidad de las víctimas, se vio parcialmente el testimonio grabado de 11 horas en el que la víctima recordó "el martirio inimaginable" infligido por su padre durante los 8.461 días de cautiverio en los que la utilizó "como un juguete", según la fiscal Christine Burkheiser. Hoy y mañana se continuará con la proyección y se estima que el viernes culminarán los debates, según señaló el portavoz del tribunal, Franz Cutka.
El vocero se negó a revelar detalles sobre lo que los jueces le preguntaron a Fritzl, de 73 años, ni de su actitud cuando vio el video-testimonio de su hija, aunque señaló que observó todo "con gran atención y preocupación".
Al testimonio de la hija de Fritzl se sumó el de una hora de uno de sus hermanos, Harald, -también grabado en video- que vivía con el resto de la familia en una casa ubicada sobre la prisión bajo tierra en la que estaba recluida la joven y los siete hijos nacidos del incesto. Los jueces tendrán que contentarse con esos testimonios, dado que los hijos de Elisabeth y los otros hermanos de esta última se negaron a testificar, así como también se negó la esposa de Fritzl, Rosemarie, como les permite la ley austríaca.
Tras la lectura el lunes de las 27 páginas del acta de acusación, Fritzl negó la responsabilidad en la muerte en 1996, en el sótano de su casa de Amstetten (130 km al este de Viena), de uno de los hijos del incesto al que habría negado atención médica exterior dos días después de su nacimiento.
Para apoyar la acusación de asesinato -que en Austria puede conllevar la cadena perpetua - el tribunal oyó ayer el informe de un experto en neonatología para intentar demostrar la responsabilidad de Fritzl en la muerte del recién nacido. La Fiscalía además sostiene que ignoró el pedido de su hija de recurrir a ayuda médica.
Hoy, con la intervención de la psiquiatra, Adelheid Kastner, continuará el juicio. La experta determinó la responsabilidad penal del acusado si bien subrayó que sufre de problemas de personalidad. AFP
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