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Domingo 15.03.2009, 19:49 hs l Montevideo, Uruguay
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Espectáculos

La mezcla obsesiva de un hombre clave en el rock argento

Fernando Samalea. El baterista de Cerati y Charly García y su disco "Primicia"

SEBASTIÁN AUYANET

Apenas leer su currículum sirve para entender que es hombre clave para varios próceres del rock argentino. Pero además, el bandoneonista y batero tiene una obra en la que la mezcla de ritmos con sentido tanguero y global es la clave.

Es el auténtico fueye del rock argentino. ¿Por qué? Resulta que Fernando Samalea, quizá el baterista más solicitado del género en la vecina orilla, es en realidad un hombre con alma de bandoneón, y un mezclador de ritmos globales que, como producto genuino de este lado del mundo, parte de la melancolía y las sombras del tango.

El hombre que se puede ver dándole a los parches tras la espalda de músicos como Gustavo Cerati, que como Rodolfo Orozco, tocó con todos desde Calamaro hasta Man Ray, y que hace apenas unas semanas estuvo grabando con Charly García en la quinta donde se rehabilita ("va a quedar un trabajo de música popular precioso", dice), pasó por Montevideo para dejar "a alguna disquería interesada" Primicia, su décimo trabajo. "Yo nunca pude venir a Montevideo en formato de bandoneonista, pero quisiera poder hacerlo. Esto es un proyecto que pago yo solo porque sé que hoy nadie banca un disco de música instrumental".

Su foja de servicios puede ser el gancho entonces, pero en ningún caso una conexión con lo que Samalea intenta transmitir en su música. Como si tuviera suficiente rock durante su año de trabajo, con las giras y grabaciones de las bestias pop con las que trabaja, Samalea le sigue la pista a las músicas del tango y las mezcla permanentemente con rock, jazz, funk y otras varias influencias. Entre los compañeros de estudio aparecen el "Pájaro Canzani", el bajista Tony Levin (ex músico de John Lennon), otro músico buscado con insistencia como Alejandro Terán y el propio Cerati, que acompaña con su guitarra muchas de esas composiciones.

"Es un disco viajero", añade Fernando. "Mi idea siempre fue ir por el mundo y grabar en distintos estudios. Captar algo de la esencia de las ciudades ahí mismo y llevármelo. Como si alguien viniera a Montevideo y grabara algo en Sondor", explica. Entre otros, el bandoneón de Samalea pasó por el estudio de Canzani en París, una temporada en Italia, Nueva York y, por supuesto, Buenos Aires. "Se llama Primicia pero fuera del concepto periodístico. La idea es el origen, lo primero".

A esas dos ciudades y su vínculo con la esencia rioplatense -sin las pretensiones de Bajofondo aunque con más autenticidad y lejos de otros cultores del electrotango y las nuevas tendencias- es una lectura paralela y no purista del género que conserva la esencia pero la mezcla con referencias tan lejanas como la mitología, detectable en el empaque y en el nombre de varias canciones (Adonis, Grecorromano). Es que la intención no es darle un orden o un concepto a la obra, sino más bien la mezcla en sí misma. "Yo antes hacía trabajos que me gustaba llamar `disco-libro` porque contaban una historia acompañada con música. En cambio Primicia es algo más abierto. Siento que mezclar ritmos es casi una obligación".

Para Samalea, lo clave en Primicia es el proceso de grabación y no tanto dirigir a quien lo escucha en uno u otro sentido. "Está bueno que las imágenes vayan cayendo en la cabeza del que lo escucha. Es que la idea es que haya de todo. Una batería bien Zeppelin, un funk o también cosas que escuchaba en mi adolescencia, rock sinfónico". Samalea suelta ese último concepto y la influencia que salta ahora es Yes, banda de la que se reconoce como fan y cuyo tranco progresivo también se reconoce en el trabajo.

La búsqueda no termina nunca. Por eso hay vibráfonos, teclados que disparan efectos y bajos que caminan con independencia. Así, Primicia presenta un doble juego: buscar referencias musicales sueltas por todo el disco o dejarse llevar por las imágenes casi de cine que cada composición va soltando o dejar que funcione en colaboración con la mente; como una banda de sonido que ambienta imágenes mentales. Esto es, cuando menos, un ejercicio diferente de lo que llega a los oídos todos los días.

El País Digital

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