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Depresivo. El asesino había abandonado un tratamiento psicológico
BERLÍN | EL PAÍS DE MADRID Y AGENCIAS
El martes Tim lo advirtió: "Estoy harto. Harto de esta vida horrible. Siempre lo mismo. La gente se ríe de mí. Nadie me aprecia. Mañana iré a mi ex colegio y los cocinaré a la parrilla. Oirás hablar de mí. Recuerda el nombre del sitio: Winnenden".
Es natural que el interlocutor de Tim Kretschmer no podía imaginar que el joven de 17 años cumpliría con su promesa lanzada en un chat de Internet. Que al otro día, armado con un revolver y 200 balas se dirigiría al colegio Albertville y acabaría, allí, con la vida de nueve estudiantes y tres profesores. Que otras tres personas fallecerían por sus disparos mientras huía. Y que luego se suicidaría.
El texto de la conversación fue difundido por Heribert Rech, ministro del Interior de Baden-Wuerttemberg, al que pertenece Winnenden.
En el día después de la masacre las calles de Winnenden no distaban mucho de lo que puede suponerse un día normal en la localidad. Entre las casas de paredes entramadas, típicas del entorno rural en el sur alemán, se ofrecían frutas y verduras, pan, queso y otros productos de la región. Pero las conversaciones eran otra cosa. Y al final de la calle principal que desemboca en una pequeña plaza de construcciones más modernas, los abrazos con los que invariablemente se saludaban grupos de chicos delataban la magnitud de la pesadilla.
Once de las doce víctimas mortales caídas en el colegio eran mujeres. La policía aclaró que la mayoría fue asesinada con un tiro a la cabeza, lo que indujo a algunos a pensar en una particular aversión hacia las mujeres. Un joven que declaró conocer a Tim, contó el día de la matanza que el asesino había sido abandonado por su novia en los últimos días.
Tim irrumpió en tres clases. Algunas de las alumnas cayeron con la lapiceras entre sus dedos. El joven tomó la pistola de su padre y más de 200 cartuchos. La policía investiga cómo fue que Tim, experto en el manejo de armas y con evidente puntería, pudo abrir la caja fuerte donde la guardaba su padre, que era interrogado bajo sospecha de violar la ley por posesión de armas. El fiscal jefe Siegfried Mahler informó más tarde que el joven había estado en tratamiento psicológico por depresión. El propio Tim renunció a proseguir con las consultas.
Al avanzar el día, aumentaba ayer el número de recuerdos dispuestos por vecinos y escolares en homenaje a las víctimas en las inmediaciones de la escuela Albertville, que comparte instalaciones con otras dos escuelas locales. Ante los muros del recinto se acumulaban cientos de velas, peluches y cartas; junto a centenares de flores y objetos de la vida diaria de los adolescentes. Había camisetas con el 7 del futbolista Cristiano Ronaldo y fotos y CDs de estrellas del pop alemanas.
Alrededor se agrupaban jóvenes alumnos de las escuelas, algunos lloraban mientras caía una llovizna persistente que no alcanzaba para apagar las velas. De fondo se oía sólo el murmullo de decenas de reporteros retransmitiendo y el golpeteo rítmico de las banderas a media asta. Los reporteros apenas inquieren ya a los muchachos. Ni sobre el joven Tim, de quien ayer se daban como noticia detalles, como su afición a los videojuegos o su buena relación con sus padres y su hermana.
El perfil que hizo de él el fiscal Mahler no decía gran cosa. Un muchacho no demasiado listo, aficionado a las computadoras, no demasiado popular o atractivo en su escuela, pero "amable". Es verdad que con algunos problemas de depresión, pero hay millones de chicos así en toda Europa.
Enfrente del recinto escolar de la Albertville está el aula deportiva de las tres escuelas. Varios policías montan allí guardia para impedir el acceso de periodistas. Se habilitó como lugar de reunión para los jóvenes, con refrescos y comida. Entraban psicólogos y profesores para ofrecer el primer apoyo a los afectados por los asesinatos.
Todos se conocen en una localidad de 27.000 habitantes. Después del gran circo montado estos días, en los diarios y canales de televisión, a los muchachos de Winnenden se les presenta un complicado regreso a la rutina escolar y a la normalidad que, por mucho que se parezca a lo que ayer se veía en las tranquilas calles de la localidad, todavía está muy lejos.
Berlín | La prevención psicológica, el control de las armas de fuego y de los videojuegos pueden impedir que se repitan masacres, según recomiendan expertos tras las tragedias de Alemania y otra similar que hubo el martes en Alabama, EE.UU., con un saldo de 11 muertos. El director del instituto de Psicología y Seguridad, cerca de Francfort, Jens Hoffmann, considera que la familia del joven Tim tuvo que darse cuenta que estaba preparando algo.
"Todos esos actos son precedidos por señales identificables", declaró Hoffmann, quien analizó más de 30 matanzas, sobre todo en Finlandia, Alemania y Estados Unidos.
"Podemos constatar que estos desequilibrados tratan de conseguir armas y uniformes, y que algunas veces hablan de sus intenciones con amigos u otras personas", explicó.
La escuela, los padres y los psicólogos deben "reaccionar a las señales de alerta", estima por su parte la finlandesa Mirjam Kalland, de la ONG de protección de la infancia Liga Mannerheim. "Todos aquellos que planean este tipo de agresiones, advierten de alguna manera. Se les debe tomar en serio", recalca Mirjam Kalland, cuyo país se vio enlutado por dos masacres de estudiantes en menos de un año. Varios expertos insisten además en la necesidad de restringir el acceso de los menores a los videojuegos violentos, como el juego de combate "Counter Strike", del cual Tim era un fanático. AFP
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