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Domingo 08.03.2009, 17:53 hs l Montevideo, Uruguay
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Editorial


CELEBRACIÓN

Día Internacional de la Mujer

HILLARY CLINTON

Hace 11 años, durante un viaje a China, me reuní con activistas que me hablaron de sus esfuerzos para impulsar la situación de las mujeres en su país. Me ofrecieron un vivo retrato de los desafíos que las mujeres allí enfrentaban: discriminación de empleo, atención de salud inadecuada, violencia doméstica y leyes anticuadas que perjudicaban el progreso de las mujeres.

Hace pocas semanas, encontré de nuevo a esas mujeres, durante mi primer viaje a Asia como secretaria de Estado. Esta vez oí de los progresos logrados en la década pasada. Pero, a pesar de algunos pasos importantes hacia delante, esas mujeres chinas no dejaron duda alguna de que aún hay obstáculos y desigualdades, como ocurre en muchas partes del mundo.

En todos los continentes he escuchado relatos parecidos, a medida que las mujeres buscan oportunidades para participar plenamente en la vida política, económica y cultural de sus países. Y el 8 de marzo, cuando celebramos el Día Internacional de la Mujer tenemos la oportunidad de evaluar los progresos logrados y los desafíos que aún quedan, y de reflexionar sobre el papel vital que las mujeres deben tener para ayudar a resolver los complejos desafíos mundiales del siglo XXI.

Los problemas que enfrentamos hoy son demasiado grandes y complejos como para resolverlos sin la participación plena de las mujeres. Reforzar sus derechos no es sólo obligación moral constante: es también una necesidad ahora que enfrentamos una crisis económica mundial, la expansión del terrorismo y las armas nucleares, conflictos regionales que amenazan a las familias y las comunidades, y el cambio climático y los peligros que representa para la salud y la seguridad del mundo.

Estos desafíos exigen todo lo que tenemos. No los resolveremos con medidas a medias. Y sin embargo, con mucha frecuencia, en estos y muchos otros asuntos, la mitad del mundo queda excluida. Actualmente, como nunca en generaciones pasadas, hay más mujeres que dirigen gobiernos, empresas y organizaciones gubernamentales. Pero esas buenas noticias tienen un lado débil. Las mujeres todavía son mayoría entre los pobres, mal alimentados y mal educados del mundo. Todavía son sometidas a la violación como táctica de guerra y explotadas por tratantes de personas en el todo mundo, en un negocio criminal de miles de millones de dólares.

Las muertes por cuestiones de honor, la mutilación -incluso genital- y otras prácticas degradantes y violentas que afectan a las mujeres todavía son toleradas en muchas partes. Hace apenas unos pocos meses, una chiquilla de Afganistán iba camino a la escuela, cuando un grupo de hombres le tiró ácido a la cara, dañando permanentemente sus ojos, porque se oponían a que ella pudiera educarse. Pero su intención de aterrorizar a la niña y a su familia fracasó. Dijo la niña, "mis padres me dijeron que siga yendo a la escuela, aunque traten de matarme".

El coraje y la determinación de esa niña nos debe servir de inspiración a todos, mujeres y hombres, para seguir trabajando tan arduamente como podamos para asegurar que las niñas y las mujeres gocen de los derechos y oportunidades que se merecen.

Especialmente en esta crisis financiera, debemos recordar lo que más y más estudios nos dicen: el apoyo a las mujeres es una inversión de alto rendimiento, que resulta en economías más sólidas, sociedades civiles más vibrantes, comunidades más sanas. Más paz y estabilidad. Y la inversión en las mujeres es una forma de apoyar a las generaciones del futuro; ellas gastan mucho más de sus ingresos en alimentos, medicamentos y educación de los niños.

Incluso en las naciones desarrolladas, el poderío pleno de la mujer está muy lejos de realizarse. En muchos países siguen ganando mucho menos que los hombres por hacer el mismo trabajo, una brecha que el presidente Obama comenzó a cerrar en EE.UU. este año, al promulgar la Ley para el Pago Justo, que refuerza la capacidad de las mujeres para exigir igual pago.

Las mujeres deben tener la oportunidad de trabajar por salarios justos, tener acceso al crédito y abrir negocios. Merecen igualdad en la esfera política, con igual acceso a la urna electoral y libertad para pedir a sus gobiernos y postularse a un cargo. Tienen el derecho al cuidado de la salud, para ellas y para sus familias y el derecho de enviar a sus hijos a la escuela. Y tienen un papel vital que desempeñar en establecer la paz en todo el mundo. En las regiones destruidas por la guerra, son las mujeres las que frecuentemente encuentran la manera de superar las diferencias y encontrar terreno común.

En mis viajes por el mundo, en mi nuevo cargo, recordaré a las mujeres que he conocido en cada continente, mujeres que han luchado contra probabilidades extraordinarias para cambiar las leyes y poder ser propietarias, tener derechos en el matrimonio, asistir a la escuela, mantener a sus familias e incluso servir de mantenedoras de la paz.

Al trabajar con mis contrapartes en otras naciones, así como con organismos no gubernamentales, empresas e individuos, seré partidaria franca de seguir promoviendo estas cuestiones. Lograr el potencial pleno y la promesa que las mujeres y las niñas encierran no es solamente una cuestión de justicia. Se trata de mejorar la paz mundial, el progreso y la prosperidad para las generaciones.

El País Digital

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