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Jornada. Pese a los enormes problemas, logra tiempo para desayunar y cenar con su familia
DANIEL HERRERA LUSSICH
En WASHINGTON
CORRESPONSAL PERMANENTE
Barack Obama inicia su jornada a las seis de la mañana y la termina a la una de la madrugada. Los problemas y la crisis aprietan, pero él mantiene la calma mientras le aparecen sus primeras canas. Le pronostican dos años más de dificultades.
En sus primeros 45 días como presidente, Obama mantiene sus altos índices de popularidad (68%), la gente confía plenamente en su gestión (59%), pero también es muy alto el porcentaje que no es optimista sobre alcanzar un resultado positivo cercano para la crisis económica (68%). Pero ninguna de estas mayorías culpan al actual inquilino de la Casa Blanca, todos coinciden en marcar que el problema se arrastra de la administración anterior, la de George W. Bush.
Pero cuidado no son todas rosas para el joven mandatario. Noche a noche recibe severos dardos de Rush Limbaugh, un conocido locutor radial que no mide sus palabras cuando critica cada paso, actitud y medida adoptada desde la Casa Blanca. Es un voluminoso y popular hombre de radio, sobre el cual nadie duda que es una "piedra en el camino", impulsada por los republicanos más conservadores, que " han declarado desde ya la guerra sin cuartel" al nuevo gobierno.
canas. Que los problemas se suman y salen a luz en forma diversa en cada hombre con responsabilidades sobre sus hombros, es un hecho que no necesita explicaciones demasiado científicas. Barack Obama, como mandatarios que le han precedido, rápidamente está luciendo las señales del sinnúmero de presiones en su cabello. A menos de dos meses de asumir y después de 24 meses de ingresar en la carrera presidencial muestra sus primeras canas. "Es un hecho que le ha ocurrido a todos, pero en el caso de Obama", según The New York Times, "el amenazante color blanco ha surgido demasiado rápido". Bill Clinton tenía la mitad de su cabellera con canas, terminó con toda su cabeza blanca; algo parecido ocurrió con George W. Bush: de entrecano pasó en dos años a ser totalmente canoso.
Desde su asunción el 20 de enero, Obama sigue firme por el camino delineado hace casi dos años, cuando inició la campaña electoral. Solo ha cambiado la preferencia del tratamiento de los temas de gobierno: la crisis económica ocupa la mayor parte de las horas en la Casa Blanca, aunque, como anunció en los debates previos a las elecciones, entrega su tiempo a los asuntos que también considera claves, especialmente el alcanzar igualdad para todos mediante reformas en la salud y la educación, y la mirada constante hacia las dos guerras (Irak y Afganistán) y el conflicto israelí-palestino.
Ha debido cambiar algunos proyectos previos, como trasladarse los fines de semana a su casa de Chicago. Ni él ni la primera dama, Michelle Obama, lo han podido hacer. En lugar de eso, debió subirse al "Air Force One" a diferentes Estados a explicar una y mil veces lo que espera del Plan de Reactivación Económica y la confianza que deposita en él. A lo sumo, se va a la casa de retiro de Camp David, pero para cumplir otras reuniones de trabajo.
Aún en ese trajín diario (salpicado de entrevistas, lectura de informes, emails, llamadas telefónicas filtradas por los servicios de inteligencia), hay costumbres que trata de conservar: el desayuno a las 6.30 con su esposa y sus hijas Malia (10) y Sasha (7), que media hora después parten hacia la escuela en Georgetown, y luego la cena a las 19.00, antes que las niñas se retiren a sus habitaciones, con orden expresa y el control de Michelle que a las 21 apagan la luz y duermen.
Obama vuelve al sector oeste de la Casa Blanca para "revisar la tarea del día" y programar la del siguiente. Muchas veces alguno de los asesores le hace compañía en los análisis. En general, se retira a sus aposentos a la una de la madrugada.
Otro rito que nunca abandona lo cumple ni bien empieza la jornada. Pide a sus asesores 10 cartas, de las 40 mil que recibe por distintas vías, y las responde personalmente. "Es una forma de estar en contacto con el mundo real y no quedarme en la burbuja de la Casa Blanca o de lo que me dicen los que me rodean o se acercan por razones de gobierno", justifica su hábito epistolar.
agenda diaria. Su actividad se inicia a las 6.00 cuando se dirige al gimnasio, muchas veces con Michelle. A las 7.30 se reúne con el secretario de la Presidencia, Rahm Emmanuel, y otros asesores muy cercanos. Es el tiempo para la mesa redonda con los 30 jefes de departamento de la Casa Blanca, todos en la Sala Rosa, y recibe un parte que lo informa de la marcha de los principales asuntos y de lo que puede ocurrir durante las horas siguientes.
A las 10.00, si no hay imprevistos que obliguen a cambiar o adelantar la hora, conversa personalmente con secretarios de Estado o se retira a una pequeña sala para hablar por teléfono o establecer una "video conferencia" con algún gobernante extranjero o algún miembro del gabinete en el exterior.
Si se encuentra en la Casa Blanca, las 11.00 es el momento para recibir a alguna delegación. Seguidamente almuerza, a alrededor de las 11.45, con un funcionario de alto nivel en la Oficina Oval. Una vez por semana se programa un almuerzo con el vicepresidente Joe Biden, quién centra sus informaciones en el "ambiente" reinante en el Congreso o sobre detalles de temas internacionales.
Las inquietudes sobre Barack Obama no vienen solo de los enemigos políticos u opositores más recalcitrantes (como Limbaugh), también hay voces, que no alcanzan tonos altos, pero que son muy cercanas. En estos momentos hay entre doce y quince congresistas correligionarios, demócratas como el presidente, que sumados a senadores republicanos moderados miran con desconfianza los números de la ley de estímulo y del proyecto de presupuesto recién presentado, que remonta el déficit público a 1,75 billones de dólares. "No queremos votar una enorme carga sobre las generaciones futuras", dicen todavía por lo bajo, a la espera de hacer oír sus objeciones cuando el tema llegue a las cámaras.
Con su creciente popularidad como base y su figura carismática, Obama sigue adelante con sus planes, hasta ahora sin demasiados logros. Es que a nivel técnico son muchos los que pronostican que la crisis empezará a ceder recién en unos dos años.
Barack Obama está dando muestra de ser un hombre preparado para recibir presiones y contrariedades. Su esposa Michelle confirma esa impresión. "No veo que le pese el cargo. Él es una persona sumamente tranquila y con las ideas claras de una manera que me da seguridad y me reconforta como ciudadana", dijo la primera dama en una entrevista, donde se dijo "sorprendida" por cómo su marido está enfrentando la crisis.
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